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La buena señora Dalloway

Versión teatral de la conocida novela de Virginia Woolf para mérito del Teatro Español y de su directora

José Catalán Deus 08 Abr 2019 - 17:12 CET
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No conocemos otras adaptaciones teatrales de esta intrincada novela. Una iniciativa arriesgada que se permite abusivas modificaciones de la trama original, pero que a cambio ofrece un espectáculo notable que merece ser aplaudido.

La escritora británica Virginia Woolf (Adeline Virginia Stephen, 1882-1941), fue redescubierta durante la década de 1970, gracias a su breve ensayo ‘Una habitación propia’, uno de los textos más citados del movimiento feminista, ese de la frase ‘una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción’. ‘Mrs. Dalloway’ es su cuarta novela, publicada en 1925. Detalla un día en la vida de esta mujer en la Inglaterra de esa época, los preparativos para una fiesta que va a ofrecer esa noche. Por similitudes estructurales y estilísticas se la tiene por una respuesta o un remedo al ‘Ulises’ de James Joyce, debiéndose en parte de su reciente popularización a la novela de Michael Cunningham, ‘Las horas’, y la película del mismo nombre. Una versión fílmica de ‘Mrs Dalloway’ fue hecha en 1997 protagonizada por Vanessa Redgrave.

Si resulta difícil de leer, mucho más difícil es trasladarla a escena. Michael De Cock, Ana Mª Ricart y Carme Portaceli, los autores de esta versión, se han tomado no pocas libertades inspirándose mucho en la citada película ‘Las horas’, pero yendo más allá en los amores lésbicos, -no solo dando carta de naturaleza a lo que son solo suposiciones sobre los de Clarissa Dalloway con su amiga Sally, sino añadiéndole otros nuevos, los de su hija Elisabeth y su amiguita Doris-, sino hasta cambiando de género la enfermedad mental y el suicidio de Septimus Warren Smith, para que sea otra mujer, Angélica, el personaje afectado. Muchos cambios, demasiados, para quienes siempre defendemos el respeto a la obra original y recomendamos a los que quieren sentirse autor-de-atajo que respeten el copyright intelectual por razones primero éticas y luego de intelecto.

Pero como por nuestra parte ni hemos leído nada de doña Virginia ni hemos visto las pelis citadas ni nunca antes nos ha interesado esta Clarisa, ama de casa de mediana edad, acomodada y desocupada, nostálgica de todo lo que pudo ocurrir y jamás ocurrirá, nos enfrentamos este domingo al montaje sin ninguna prevención y debemos confesar que nos gustó. Nos gustó la versión, nos gustó la dirección, nos gustó la puesta en escena y nos gustó la interpretación.

El texto parece muy bien traducido y posee trozos de enorme enjundia referentes al paso del tiempo, al significado de la vida y a la enfermedad mental, algo que la autora conoció de primera mano: con trece años tuvo su primera depresión y con 25 fue ingresada brevemente en una institución psiquiátrica. Las crisis nerviosas y los hundimientos depresivos ya no la abandonaron nunca. Sufría lo que ahora llamamos trastorno bipolar y entonces era psicosis maníaco-depresiva. Acosada por periódicos cambios de humor y enfermedades asociadas, después de acabar su último manuscrito cayó en otra fuerte depresión que el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa de Londres en los bombardeos y la fría acogida que tuvo su biografía sobre su amigo Roger Fry empeoraron hasta que se vio incapaz de trabajar. El 28 de marzo de 1941 se suicidó. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río que pasaba cerca de su casa.

Portaceli presenta un gran montaje sobre una versátil escenografía de Anna Alcubierre, con grandes aciertos en la iluminación y apropiado vestuario, con elocuentes y vistosas proyecciones de vídeo. Es espectacular el movimiento en escena al que habrá contribuido no poco Ferran Carvajal y funciona el espacio sonoro aunque parezcan esquejes arriesgados las dos piezas en directo, genuina música de banda de rock de los años 60-70: ni de la época en que se desarrolla la pieza ni de ahora, cuyo principal mérito consiste en demostrar la versatilidad de un reparto que da vida a un conjunto de batería, dos guitarras eléctricas y una vocalista que lo hace muy bien.

Un reparto en el que hay que destacar por merecimiento puntual y no por fama acumulada a Blanca Portillo, que vuelve a demostrar en este difícil papel sus grandes dotes interpretativas. Un reparto en el que Manolo Solo la da réplica como su antiguo novio Peter desplegando matices inusuales, al igual que Inma Cuevas en una muy original Sally. Y es que Carme Portaceli sorprende especialmente en la dirección actoral colocando al elenco en un tono colectivo muy especial, como si leyeran la novela, distanciados de una interpretación ‘realística’; pero no por el viejo camino de la declamación que lleva a lo artificial, sino por el ¿posmoderno? sendero de un hiperrealismo a base de sutiles matices, inflexiones, deformaciones de lo que viene siendo la forma habitual de actuar sobre las tablas. Debería de explicarnos cómo ha hecho.

Hay algo misterioso y sugerente en este montaje que nos hace perdonar las atrocidades cometidas con el texto original y las butifarras de militancia lésbica metidas de contrabando. En la atmósfera irreal de un salón que avanza y retrocede en su protagonismo, Max y Angélica culminan su irresoluble drama, el sabihondo doctor retrasa su dramática aparición final, Sally viaja al pasado sin rencores ni iras, y Elisabeth y Doris balbucean su juventud, mientras doña Clarisa Dalloway se pregunta con velados susurros mentales qué ha pasado con su vida, cómo ha llegado hasta aquí, qué queda. Esas preguntas sin respuesta que la gente suele hacerse con la misma rutina que prepara la cena.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Versión, 7
Dirección, 8
Interpretación, 8
Puesta en escena, 8
Producción, 8
Programa de mano, 7
Documentación a los medios, 7

Teatro Español
MRS. DALLOWAY 
De Virginia Woolf
Dramaturgia y versión de Michael De Cock, Ana Mª Ricart y Carme Portaceli  
Dirección Carme Portaceli
Del 28 de marzo al 5 de mayo de 2019
 
REPARTO 
Jimmy Castro  Max
Jordi Collet  Doctor
Inma Cuevas  Sally
Gabriela Flores  Angélica
Anna Moliner  Elisabeth
Zaira Montes  Doris
Blanca Portillo  Clarisa Dalloway
Manolo Solo  Peter

EQUIPO ARTISTICO 
Escenografía – Anna Alcubierre
Iluminación – David Picazo
Vestuario – Antonio Belart
Música original y espacio sonoro – Jordi Collet
Coreografía – Ferran Carvajal
Diseño de vídeo – Miquel Àngel Raió
Diseño de Sonido – Pablo de la Huerga
 
Una producción de Teatro Español.

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