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Hubo un tiempo, no tan lejano, en que Demi Moore era la indiscutible reina de Hollywood.
En los años noventa, su nombre resonaba con fuerza: cobraba más que cualquier otra actriz, ostentando el título de la mejor pagada de la industria, y su reputación de diva exigente le valió el apodo de ‘Gimme More’ —un juego de palabras con su apellido y la traducción al español “dame más”—.
Los rumores sobre sus caprichos, como exigir aviones privados para trasladarse con amigos y familiares durante los rodajes, alimentaban su imagen de estrella inalcanzable.
Hoy, 27 de agosto de 2025, a sus 62 años, la actriz que alguna vez fue un sex symbol global reflexiona sobre su vida con una sinceridad desgarradora en su libro de memorias Inside Out, publicado hace ya casi seis años.
En él, Moore se desnuda emocionalmente, afirmando que “ya no hay nada que tenga que esconder o proteger”. Su relato no escatima en detalles sobre una vida marcada por el éxito, el dolor y la redención.
Hoy, en 2025, Demi Moore parece haber encontrado la paz. Aunque su presencia en el cine se ha reducido —sus últimos trabajos incluyen papeles secundarios y la serie Brave New World (2020)—, la actriz lleva años sobria tras un intenso programa de rehabilitación. Reconciliada con sus hijas, Moore se dedica a disfrutar de la vida, explorar la psicología espiritual y reflexionar sobre su pasado.
Su libro Inside Out sigue siendo un testimonio poderoso de su resiliencia, una historia de caídas y redenciones que continúa inspirando. A sus 62 años, Moore demuestra que, aunque el estrellato pueda desvanecerse, la fortaleza personal es eterna.
Una infancia rota en Nuevo México
Nacida en Roswell, Nuevo México, la vida de Moore estuvo lejos de ser un cuento de hadas. Su infancia estuvo definida por la ausencia de su padre biológico, un adictos a la cocaína que abandonó a su madre antes de que ella naciera. Su madre, con problemas de alcoholismo y roces con la justicia, fue arrestada varias veces por conducir ebria, e incluso intentó suicidarse, un episodio que la joven Demi tuvo que enfrentar salvándola con sus propias manos. Su padrastro, un vendedor ambulante, arrastró a la familia de mudanza en mudanza, hasta que él también se quitó la vida cuando Moore era adolescente.
La actriz confiesa que siempre se sintió como el patito feo. Las operaciones en su ojo izquierdo, que la obligaron a llevar un parche durante años, y una violación a los 15 años a manos de un conocido de su madre, dejaron heridas profundas. “Si llevas un pozo de vergüenza y trauma no resuelto dentro de ti, ninguna cantidad de dinero, éxito o fama puede llenarlo”, escribe Moore en su libro.
El ascenso meteórico y los excesos
Consciente de que la vida era “camina o revienta”, Moore abandonó el instituto a los 16 años y dejó la casa de su madre. A los 18, se casó con el cantante de rock Freddy Moore, de quien tomaría el apellido que la acompañaría en su carrera. Su debut en el cine llegó con un papel protagonista en el drama Choices (1981), seguido de un pequeño rol en la exitosa telenovela Hospital General. Sin embargo, el mundo del show business la atrapó en una espiral de fiestas, drogas y alcohol.
En 1985, durante el rodaje de St. Elmo, punto de encuentro, su adicción alcanzó un punto crítico: el director la expulsó del set tras presentarse bajo los efectos de las drogas. “‘St. Elmo’ cambió mi vida. Si no hubiera ido a rehabilitación para esa película, no sé si estaría viva hoy”, reflexiona Moore. Fue un punto de inflexión que la llevó a un centro de desintoxicación, marcando el inicio de su lucha por la sobriedad.
El estrellato y el amor con Bruce Willis
El verdadero cambio llegó en 1987, cuando Moore conoció a Bruce Willis, el galán del momento. Se casaron en Las Vegas y tuvieron tres hijas: Rumer, Scout y Tallulah. “Me dieron la oportunidad de redirigir el curso de mi vida antes de que destruyera todo”, escribe sobre su relación con Willis. En paralelo, su carrera despegó con Ghost: Más allá del amor (1990), que le valió una nominación al Globo de Oro. Le siguieron éxitos como Algunos hombres buenos (1992), Una proposición indecente (1993) y Acoso (1994). En 1996, con Striptease, se convirtió en la actriz mejor pagada de Hollywood, embolsándose 12 millones de dólares, un hito que la posicionó como pionera en la lucha contra la brecha salarial de género.
En 1991, Moore rompió otro tabú al posar desnuda, embarazada de ocho meses, para la portada de Vanity Fair, fotografiada por Annie Leibovitz. La imagen desató críticas, pero también marcó un hito cultural, demostrando que el embarazo y la sensualidad no eran incompatibles. “Ayudar a las mujeres a amarse a sí mismas y a sus cuerpos es algo gratificante, especialmente para alguien como yo, que luchó durante años con su imagen”, afirma.
La caída y la reinvención
A finales de los noventa, el brillo de Moore comenzó a desvanecerse. Los productores dejaron de ofrecerle grandes proyectos, y tras rodar La teniente O’Neil (1997), decidió priorizar a sus hijas y mudarse a Idaho. Su matrimonio con Willis, que parecía idílico, se desmoronó en 2000, incapaz de conciliar sus ambiciones profesionales con las expectativas de él. “No compré la idea de ‘eres el rey’ a la que él se había acostumbrado”, confiesa.
El nuevo siglo trajo más golpes: la muerte de su madre por cáncer, el fracaso comercial de Passion of Mind (2000) y una pausa en su carrera. En 2003, Moore regresó con un papel en Los ángeles de Charlie: Al límite, pero su vida personal volvió a tambalearse. En 2005, se casó con Ashton Kutcher, 15 años menor que ella, en una relación que captó la atención mediática. Sin embargo, los intentos fallidos de tener un hijo, un aborto espontáneo a los 42 años y la infidelidad de Kutcher llevaron al fin de su matrimonio en 2011.
La ruptura con Kutcher marcó uno de los momentos más oscuros de Moore. En 2012, tocó fondo tras ser ingresada de urgencia por una sobredosis de cannabis sintético y óxido nitroso en una fiesta donde estaba su hija Rumer. “Me estaba desmoronando. No tenía carrera ni relación”, admite. Sus hijas se alejaron de ella, y Moore volvió a rehabilitación para tratar su adicción y traumas.
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