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El año pasado por agua, una revista centrifugada

José Catalán Deus 25 Feb 2024 - 22:25 CET
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Esta famosa revista de músicas pegadizas ha sido sometida a tal desfiguración de libreto y trama con la pretensión de acercarla a los jóvenes, que solo ha quedado la música en doce retazos, sobre una puesta en escena extravagante y un discurso manido sobre un cambio climático al revés de lo que plantea el original.

El Teatro de la Zarzuela mantiene por octava temporada el Proyecto Zarza, un intento laudable de acercar el género a las nuevas generaciones, pero que conforme avanza va demostrando su inutilidad y desenfoque. Lo hemos apoyado desde el inicio, celebrado algunos aciertos y sufrido con sus más frecuentes desaciertos. Pero esta versión de ‘El año pasado por agua’ representa el no va más de lo erróneo de la fórmula: convertir hitos del repertorio en pastiche edulcorado que machaca los ingeniosos libretos para ‘actualizarlos’, descuida la música hasta convertirla en charangas y cree que con ello atrae a unos jóvenes cuyas oportunidades de entretenimiento son hoy día tantas y tan atractivas. La zarzuela es lo que es, teatro musical de calidad anclado en la idiosincrasia española, siempre ha sido para públicos maduros y minoritarios, y cuanto más calidad tenga más atraerá a los jóvenes sin necesidad de estas horribles cirugías estéticas que lo hacen monstruoso.

‘El año pasado por agua’ es una revista para empezar, no una zarzuela; es una obra menor, anticuada -tiene 130 años-, chistosa de aquella manera, cortita -puro género chico en un acto y cuatro cuadros-, pero con inspirada música sencilla de Federico Chueca y Joaquín Valverde, sobre libreto ocurrente de Ricardo de la Vega. Se estrenó el 1 de marzo de 1889 en el Teatro Apolo de Madrid sobre la base de que el año anterior había sido extraordinariamente lluvioso, siguiendo la estela del éxito de ‘La Gran Vía, con muchos chistes y personajes cómicos, y con números musicales cuyos estribillos han llegado hasta ayer mismo. Cuando se alza el telón, se ve una calle de Madrid y está lloviendo, por supuesto. Tras el famoso «Que llueva, que llueva», basado en la conocida canción infantil, entra en escena un actorzuelo persiguiendo a una modistilla, a la que convence para compartir paraguas e irse a comer juntos, y lo que venga después : es la famosa «mazurca de los paraguas», que pronto se hizo la canción más popular de la revista. Un actor entra, representado el Año Nuevo de 1889 y habla con Mariano, un guardia municipal. de lo que diluvió el año anterior.

En el segundo cuadro, en un barrio inundado, la gente está sacando agua de las casas. Cuando ven al nuevo año 1889 lo saludan alegres, pues confían en que será un año más seco que el anterior y que las autoridades municipales lo manejen mejor. Aparece Neptuno que ha escapado de su fuente y canta su conocido vals «De los mares rey me llaman», para celebrar que hay agua por todos lados. El dios Neptuno, el guardia Mariano y el año 1889 tienen una conversación con referencias satíricas a la actualidad de entonces, y Neptuno se plantea resolver los problemas pendientes del país en un baile que dará esa noche para los ministros de la Corona. Llega un grupo desde la plaza de toros y canta un alegre pasacalle alabando los distintos barrios de la ciudad («¡Aquí viene la flor de Maravillas!»).

Después aparecen El Madrileño y La Menegilda, personajes que proceden de la revista anterior La Gran Vía. En la sensual habanera «Oiga usté, caballero» La Menegilda cuenta cómo los barrios de la ciudad la han ayudado en su ‘carrera’ desenfadada, culminada como amante de un pálido y rico inglés. Aparece una góndola, llevando a representaciones alegóricas de un Inmigrante y la República. Aparecen los guardias y el inquisidor; se canta el zorcico: «¡Ay, niña de mis ojos!». El Inquisidor se lamenta de la amenaza que la Emigración supone para la República. Exhorta a los guardias a coger y meter en la cárcel al felón en un chotis lúgubre: «¡Ay de mi! Qué cruel situación!». Al final, el Emigrante y la República se van flotando en su góndola, para desesperación del clérigo y la policía.

Y en los dos siguientes cuadros, un trío de guardias municipales se quejan de su trabajo en la polka «¡Traemos los cuerpos trunzaus!». Después, un chulo y una chulapa madrileños comentan los males de la ciudad. Y en la escena final, aparece un friso decorativo ensalzando la exitosa Exposición Universal de Barcelona de 1888, y el saludo de todos a Neptuno y al Año Nuevo 1889.

Con todo esto, Enrique Viana ha realizado una versión del libreto original de Ricardo de la Vega que convierte las fuertes lluvias en tremenda sequía para repetir la murga del cambio climático. No contento del todo, sitúa la acción en la Nochevieja y hace girar la trama en torno al carillón de la Puerta del Sol, montando los doce números musicales de la pieza separados por una horrible escenificación de los cuartos previos a cada campanada. No tiene el menor sentido, no aporta nada al original y desfigura completamente la revista, ya de por sí un pequeño disparate intrascendente. Y junto al catastrofismo ambiental y la buenista esperanza en superarlo, mucho autobombo de lo buena, bonita y barata que es la zarzuela, y de lo estupendos que son los que la hacen y los que la aplauden.

Marta Eguilior es la encargada de dar forma a la propuesta, dice que inspirada por el cabaret, la televisión de los 70 y aquella vedete de entonces, Raffaella Carrá. Monta un musical con mucho estruendo, fragor y griterío, un carnaval
de estrambótico vestuario diseñado por Betitxe Saitua, con mucha iluminación de Alfonso Malanda y mucha coreografía de Cristina Arias. Sepan ustedes que la música original ha sido adaptada por Adrián Arechavala e incluye toques discotequeros y de rap que colaboran a conformar un cóctel que consigue marearte sin que sepa a nada concreto. La dirección musical está a cargo de Lara Diloy al frente de un conjunto de ocho músicos que consigue cierta coherencia en medio de la barahúnda.

A las funciones de El año pasado por agua se prevé que asistan ocho mil escolares de entre 12 y 18 años de 107 centros educativos de España. La conclusión que saquen nos gustaría encuestarla.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 5
Versión: 4
Música: 7
Libreto: 6
Dirección artística: 6
Dirección musical: 7
Puesta en escena: 6
Interpretación: 6
Producción: 7

TEATRO DE LA ZARZUELA
PROYECTO ZARZA
EL AÑO PASADO POR AGUA
Música Federico Chueca y Joaquín Valverde
Texto Ricardo de la Vega en una versión de Enrique Viana
NUEVA PRODUCCIÓN
Representado por un grupo de jóvenes cantantes y actores elegidos tras un proceso de audiciones
y acompañados por un grupo de cámara
Funciones Escolares: 23 de febrero de 2024 · 11h00
26, 27, 28 y 29 de febrero; 1 de marzo de 2024 · 10h00 y 12h30
Abiertas al público: 23 de febrero de 2024 · 20h00
24 de febrero de 2024 · 12h00 y 20h00

Equipo artístico
Dirección musical Lara Diloy
Dirección de escena y escenografía Marta Eguilior
Adaptación del texto Enrique Viana
Adaptación de la música Adrián Arechavala
Vestuario Betitxe Saitua
Iluminación Alfonso Malanda
Coreografía Cristina Arias

Reparto (en orden de aparición)
EL AÑO 1902, el bisabuelo Andro Crespo
EL AÑO 2002, el bisnieto David Pérez
LA ZARZUELA Nuria Pérez
MUÑIZ, sastra Claudia Bravo
MUÑOZ, sastre Aarón Montes
NEPTUNO Marcelo Solís
LA SEQUÍA Soraya Méncid
LA INUNDACIÓN Raquel del Pino
EL INCENDIO Sigor Schwaderer
EL METEORÓLO Adrián Quiñones
LA METEORÓLOGA Raquel Martín
LA MINISTRA DEL RAMO Raquel del Pino
EL NUBLADO Pepe Nufrio
LA TORMENTA ELÉCTRICA Laura Pont
LA LOCUTORA Sylvia Parejo
EL INSPECTOR DEL CUERPO DE BOMBEROS Albert Díaz
EL GUARDIA MUNICIPAL 1º Adrián Quiñones
LA GUARDIA MUNICIPAL 2ª Cielo Ferrández
EL GUARDIA MUNICIPAL 3º Nacho Zorrilla
CIBELES Anna Castells
EMERENCIANO Marcelo Solís
Músicos
Violín Miriam Jódar
Viola Adrián Arechavala
Violonchelo Blanca Budiño
Contrabajo Elisa Castellanos
Acordeón Eneko Sota
Percusión Víctor Gallego
Flauta Gonzalo Palau
Piano Carlos Sanchis

Duración aproximada:
90 minutos (sin pausa e incluido el coloquio).

 

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