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‘Tres noches en Ítaca’ con sobrecarga sentimental

José Catalán Deus 07 Feb 2026 - 19:05 CET
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Una reflexión en la cincuentena -sobre lo que se hizo mal y el camino que queda recorrer- del dramaturgo Alberto Conejero, con moldes clásicos del género y dilemas eternos, con alguna carencia argumental, bien escrita y puesta en escena. Más literaria que realista, bajo el excesivo peso poético le sirve a su autor para hacer examen de conciencia y propósito de enmienda, y pretende que el público lo haga también. Quizás le falta un punto de credibilidad para ello.

Una mujer abandona el hogar familiar y a su marido, su trabajo de profesora de griego en un instituto y el contacto con sus jóvenes hijas para irse a vivir a esa mítica isla griega. Cuando muere dos décadas después, las tres hijas ya por los cincuenta deben acudir al lugar para hacerse cargo de sus cosas y organizar su entierro. Son muy diferentes y lo son las relaciones que tuvieron con su madre. Aflorarán recuerdos y juicios muy diversos en una catarsis que creerán finalmente que les descubrirá cómo fue su madre y cómo son ellas. ‘Durante tres noches de duelo, secretos y heridas compartidas, -nos dice Octubre Producciones- las hermanas se enfrentarán no solo a la ausencia materna, sino también a sus propios fantasmas…pero esa intemperie puede arrojar una luz inesperada. Una tragicomedia que se aproxima a la elegía desde la luz: una pieza sobre la madre ausente, sobre el derecho a renacer una y otra vez y también un canto de amor a las Humanidades y a las personas que nos invitaron a imaginar’.

La directora Maria Goiricelaya se identifica con la propuesta en una puesta en escena que quiere ser tan emotiva o mas, y Pablo Chaves le aporta una escenografía sugerente con un salón idealizado de la casita de la fallecida, flanqueado por una fila de velámenes a un lado que aluden a su espíritu viajero, y siete cabras esparcidas en un montículo al otro lado, en alusión a su ocupación principal en tierra y su conexión con los lugareños. Queda bonito, pero no pasa de postal estática con algunas dificultades en acceso y estancia en el saloncito. Y todo bien acompañado por la iluminación de David Alcorta y la banda musical de Luis Miguel Cobo. El vídeo del Estudio Gheada proyecta oleajes cuando se habla de mar tranquila y la coreografía de Alberto Ferrero debe referirse a un movimiento actoral bastante repetitivo consistentes en el entrar y salir por turno de las tres hermanas Ariadna, Penélope y Helena de ese habitáculo donde todo -fotos, muebles- es blanco.

En cuanto a la dirección actoral nos parece que Goiricelaya ha insistido demasiado en el tono lacrimógeno de la pieza que interpretan extraordinariamente Marta Nieto (Ariadna) y Cecilia Freire (Helena), mientras Amaia Lizarralde (Penélope) se las ve con un personaje estrafalario que en su afán por vivir experiencias nuevas se pasa de expresiva. Son tres mujeres un tanto tópicas -la que sacrifica todo a su carrera y es la triunfadora de la familia, la que cae presa del alcohol y está hundida, y la que es un ama de casa descontenta con su anodina existencia- pero las tres actrices las dotan de más vida que la del relato de sus biografías y el desarrollo de sus rivalidades. Un reparto muy bien escogido. Durante la primera mitad de la obra consiguen dotarla de ritmo a pesar de su inmovilidad descriptiva, pero con la segunda no lo conseguirán a pesar de su gran esfuerzo, pues va llegando el momento de las moralejas bondadosas e idealizadas, de lo maravillosa que era la madre y de su entierro estrambótico en el que hasta los rebaños de cabras bajan del monte a llorarla; de la inverosímil carta del alumno y autor a su profesora y personaje; de la recuperación de la sensatez por parte de Penélope tras su acceso lujurioso; del acceso de Helena a su control ‘abstémico’; y sobre todo del descubrimiento de Ariadna del mensaje que le ha dejado su madre en esta tierra. Ya se lo irán imaginando antes y no importa saberlo ahora para estar preparados en el oleaje final de lirismo desatado. Confesamos nuestra profunda irritación por el tono sensiblero demagógico que perjudica mucho a la pieza.

Conejero explicará en la entrevista con la que Nave 10 sustituye al habitual dossier de documentación a los medios: ‘Hay una voluntad de entregar una obra para la comunidad en tiempos de destrucción de los vínculos y de políticas despiadadas, un gesto de bondad en tiempos de cínicos y desalmados. Por supuesto, me encantaría que el profesorado de Humanidades se acercara a ver la función y también su alumnado, y los amantes de Grecia y de Cavafis, y todos los que han deseado empezar de nuevo ya pasado el ecuador de la vida’. También dice que le gustaría ser reconocido como zahorí en sus dos acepciones, persona a quien se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, especialmente manantiales subterráneos, y persona perspicaz y escudriñadora, que descubre o adivina fácilmente lo que otras personas piensan o sienten. Cita a Wisława Szymborska -‘prefiero lo ridículo de escribir poemas a lo ridículo de no escribirlos’ en su mejor defensa. Dice que no perdería el tiempo con los cínicos y con los que sólo aman aquello y aquellos que se les parecen. Y algo que ojalá confirme su vocación zahorí: ‘El teatro del futuro como un lugar de encuentro y presencia plena. Imagino que habrá un descreimiento de las imágenes y artefactos virtuales, pues no podremos distinguir si son verdaderas o no. Se pondrán en duda no sólo las imágenes del presente, también las del pasado. Quizá se produzca cierto abandono de las comunidades virtuales. Y ahí estarán de nuevo los archivos, las bibliotecas, las comunidades de conocimiento presenciales. Y también el teatro como reservorio de nuestros vínculos’. Ya es largo el viaje a la Ítaca teatral de Conejero y unas veces nos ha gustado mucho y otras poco y nada entre sus obras originales, sus adaptaciones y sus direcciones escénicas. Ocupa un espacio bien visible que con esta última escala puede que se consolide.

Dentro de la trayectoria errática de las Naves del Matadero, que ha tenido temporadas brillantes y otras lamentables, la actual promete: pero habrá que verlo. Rocío Bello explica su original tarea esta temporada, de ‘dramaturgista’, una especie de médium a las órdenes de Luis Luque, director artístico de Nave 10 Matadero desde la temporada anterior, ‘para asesorar, investigar y desarrollar nuevas prácticas e ideas que ayuden a la creación dramática contemporánea’. Ojalá, porque el actual panorama español no está precisamente en su mejor momento. Finalmente, resulta obligatorio citar la principal inspiración de esta obra, además de la Odisea de Homero y el gusto por lo griego clásico y actual, el conocido y venerado poema Ítaca de Konstantino Kaváfis (antología:“Poemas” 1897-1933), traducción de Juan Manuel Macías):

‘Cuando salgas hacia Ítaca
ruega por que el camino sea largo,
lleno de peripecias y descubrimientos.
A lestrigones y a cíclopes,
o al iracundo Poseidón no temas.
No encontrarás tal cosa en tu camino
si alto es tu pensamiento, y refinada
la emoción que toque tu espíritu y tu cuerpo.
A lestrigones y a cíclopes
o al fiero Poseidón no habrás de hallarlos
a no ser que los lleves en tu corazón,
mientras tu corazón no los ponga frente a ti.

Ruega por que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
cuando arribes –¡con qué placer y alegría!–
a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados de Fenicia
y compra allí lindos artículos,
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y toda clase de perfumes sensuales,
tantos perfumes sensuales como puedas;
acude a muchas ciudades egipcias
para aprender y aprender de los versados.

Ten siempre a Ítaca en la mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero en ningún modo apresures el viaje.
Mejor dejar que dure muchos años,
para que llegues, viejo ya, a la isla,
rico con todo lo que has ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

Ítaca te dio un hermoso viaje,
si no es por ella no habrías emprendido el camino,
pero no te dará más.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no se ha burlado.
Así de sabio como te volviste, con tanta experiencia,
entenderás entonces qué querían decir las Ítacas’.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 7
Texto: 7
Dirección: 7
Puesta en escena: 7
Interpretación: 8
Música: 8
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: n/h

Nave 10 – Matadero
‘Tres noches en Ítaca’ de Alberto Conejero
Dirección de María Goiricelaya
Del 6 de febrero al 8 de marzo de 2026

Equipo:
Diseño de escenografía y vestuario Pablo Chaves
Diseño de iluminación David Alcorta
Diseño música original y espacio sonoro Luis Miguel Cobo
Diseño audiovisual Estudio Gheada
Coreografía Alberto Ferrero
Producción NAVE 10 | Matadero y Octubre Producciones

Reparto:
Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde
y la voz de Julieta Serrano

Martes a domingo / 19:30h
Duración 1 hora y 40 minutos (aproximadamente)
Función accesible viernes, 20 de febrero de 2026.

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