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Un libro polémico aconseja consumir más sal

José Catalán Deus 20 Mar 2026 - 11:48 CET
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Entre tantos con consejos para una buena alimentación, este debe ser el más escandaloso de los últimos años. Frente a la opinión generalizada de que es bueno reducir el consumo de sal hasta suprimirla, sugiere e intenta demostrar lo contrario, que hay que consumir entre 8 y 12 gramos de sal al día.

La solución está en la sal. Hemos culpado al cristal blanco equivocado, afirma el doctor James DiNicolantonio en ‘The Salt Fix’. Durante años se nos ha dicho que la sal es perjudicial, que debemos reducirla para cuidar el corazón. Médicos, medios y campañas sanitarias repiten la misma idea: «menos sal, más vida». Pero ¿y si el verdadero enemigo de nuestra salud no fuera la sal, sino el azúcar? DiNicolantonio no es un cualquiera, sino un reputado investigador en salud cardiovascular, y se atreve a desmontar uno de los mayores axiomas de la nutrición moderna. Con apariencia científica, citas médicas y lenguaje claro expone cómo ‘la demonización de la sal, basada en estudios incompletos y décadas de dogma’ nos habría llevado a una epidemia de fatiga, obesidad, ansiedad y enfermedades metabólicas.

Según su tesis, la mayoría de las personas no necesita reducir la sal, sino consumirla en la cantidad adecuada. Este mineral es esencial y sostiene funciones vitales para el organismo: aporta energía, mejora la concentración, favorece el rendimiento físico y ayuda a mantener el equilibrio hormonal. Su déficit, en cambio, puede desencadenar ansia de azúcar, aumento de peso y resistencia a la insulina. Recuperar su nivel óptimo ayuda a mejorar el metabolismo, la fertilidad y la salud cardiovascular. Así que deberíamos consumir más sal, no menos. Sostiene pues que ingerir más sal reduce el consumo de azúcar y, por lo tanto, ayuda a perder peso. También afirma que un mayor consumo de sal podría ser beneficioso para las personas con diabetes. El libro sugiere que la mayoría de las personas podrían beneficiarse con un consumo de entre 8 y 12 gramos de sal al día , con un contenido de entre 3,2 y 4,8 gramos de sodio.

Y el índice del libro no deja lugar a dudas de la convicción que lo mueve:

Introducción. No le temas al salero
1. Pero… ¿la sal no causa hipertensión?
2. Somos de naturaleza salada
3. La guerra contra la sal y cómo hemos demonizado al cristal blanco equivocado
4. ¿Qué es lo que realmente causa las enfermedades cardiacas?
5. Estamos hambrientos por dentro
6. Rehabilitación cristalina: aprovechar los antojos de sal para superar la adicción al azúcar
7. ¿Cuánta sal necesitas realmente?
8. La solución está en la sal: dale a tu cuerpo lo que realmente necesita.

Ya en el prólogo comienza explicando: ‘Somos agua salada caminando. En cada latido, cada pensamiento, cada paso que damos, el sodio guía nuestro flujo vital. El sodio es el principal responsable de regular el movimiento del agua en el cuerpo y de permitir la transmisión de señales eléctricas en nuestras células, especialmente en neuronas y músculos, incluido el cardiaco. El ser humano es aproximadamente un 70 por ciento agua. Pero no agua pura sin más, sino una solución salina con minerales muy parecida en su composición al agua de mar y contiene especialmente sodio y cloruro. Éstos son los mismos componentes principales de la sal común. De hecho, una persona promedio de 70 kilos tiene alrededor de 92 gramos de sodio y 142 gramos de cloruro en su cuerpo, lo que correspondería a unos 234 gramos de sal. El sodio es un nutriente esencial que se encuentra en grandes cantidades en nuestro organismo y que necesitamos procurarnos del exterior. Las principales fuentes dietéticas son la sal y el agua de mar. Sin la sal, viviríamos enfermos. Fatiga, debilidad, cansancio, mareos, calambres musculares, dolor de cabeza, falta de concentración, irritabilidad, náuseas… O incluso desnutrición, ya que el sodio no sólo hidrata, sino que también es clave en la absorción de nutrientes como la glucosa o algunos aminoácidos’.

Y en la Introducción añade: ‘Vale la pena recordar la célebre frase de la novelista escandinava Isak Dinesen: «La cura para todo es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar». Hay una verdad poética en esto, pero también habla de nuestra realidad biológica como humanos. Nuestro mundo físico interior nació del mar y llevamos la salinidad del océano en el cuerpo. La sal es un nutriente esencial del que depende nuestro cuerpo para vivir. Nuestro organismo se esfuerza por devolvernos a su justo equilibrio una y otra vez’. Y pasa a negar en el primer capítulo una de las razones más usadas contra el consumo de sal: ‘Durante más de cuarenta años, nuestros médicos, el gobierno y las principales organizaciones sanitarias nos han dicho que el consumo de sal aumenta la presión arterial y, por tanto, provoca hipertensión crónica. Ésta es la realidad: nunca ha habido pruebas científicas sólidas que apoyen esta idea’.

Pues bien. Es justo tener en cuenta que la teoría ha generado un intenso debate en la comunidad médica, y que las principales organizaciones de salud mantienen una postura crítica basada en décadas de evidencia epidemiológica. Evaluaciones de expertos, como las de Red Pen Reviews, han otorgado al libro una puntuación muy baja en precisión científica (1.3 sobre 5). Señalan que el autor se apoya en estudios observacionales de corto plazo y experimentos metodológicamente deficientes para sustentar afirmaciones que consideran «exageradas». Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la American Heart Association (AHA) han calificado sus recomendaciones de «erróneas» y «peligrosas para la salud pública». La postura oficial sigue siendo que el exceso de sodio es una causa directa de hipertensión arterial, lo que eleva el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Expertos en salud pública del Reino Unido han criticado que promover un mayor consumo de sal ignora los riesgos demostrados. Por ejemplo, hay estudios que indican que incluso un pequeño aumento en la ingesta diaria puede elevar la mortalidad cardiovascular a largo plazo en un 1%. La AHA recomienda menos de 1.500 mg diarios de sodio y la OMS, menos de 2.000.

A pesar de las críticas, DiNicolantonio no es el único que cuestiona las creencias actuales respecto al uso y abuso de la sal. Algunos investigadores señalan la «curva en J», sugiriendo que tanto el consumo excesivo como el consumo extremadamente bajo de sodio podrían ser perjudiciales. Así que hay expertos para todos los gustos, como ocurre hoy día en casi todo. El mejor artículo divulgativo y actualizado que conocemos es ‘Cuánta sal es demasiada y por qué consumir muy poca también puede ser perjudicial para la salud’, que publicara la BBC en septiembre del año pasado. En todo caso, conocer los argumentos de DiNicolantonio resultará interesante para cualquiera que esté preocupado o simplemente interesado por el tema. Resulta un poco exagerado y sensacionalista, por lo que una vez más el término medio vendrá a ser la solución del dilema: ni prohibición absoluta ni abuso desmedido.

Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 7
Contenido: 7
Traducción: 8
Documentación a los medios: 8

‘La solución está en la sal. Por qué los expertos se equivocan y aumentar su consumo puede salvarte la vida’
James DiNicolantonio
Alienta Editorial, 2026.

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