No todo lo mucho que escribieron nuestros grandes clásicos era áureo, había también pacotilla apresurada. Con ‘La vengadora de las mujeres’ Lope de Vega concibió un texto magnífico muy poco teatral, de parrafones sesudos en personajes ridículos. Esta versión lo convierte en una astracanada chusca, puesta en escena e interpretada con bajísimo nivel estético.
Laura, princesa de Bohemia, es mujer de fuerte personalidad y muchos estudios que desprecia a los hombres y ha creado una escuela feminista en su palacete. Su hermano Arnaldo está empeñado en casarla y ha seleccionados dos pretendientes de alcurnia -Alejandro y Augusto- para que elija. Mientras, llega Lisardo, otro príncipe que solo quiere divertirse y que se gana a Laura para que le haga su secretario. La princesa, que es una sofista inaguantable entre debates etéreos con sus alumnas Lucena y Diana, convoca un torneo para seleccionar al candidato, torneo al que se presenta ella disfrazada de caballero y Lisardo de incógnito. Ella gana el torneo y Lisardo queda segundo, pero Alejandro recurre a una cinta encantada para ganarse sus favores que Lisardo cambia de rumbo y hace que encandile a Julio, el criado de la princesa, que cae rendido de enamoramiento ante Alejandro, escandalizando al personal con su mariconería. Tras un lío muy prolijo todo se aclarará y Julio recobrará su hombría y habrá triple boda de antimachistas arrepentidas.
Se ha querido hacer de esta comedia de enredo de hace cuatro siglos un alegato feminista y no binario a la moda actual, malinterpretando sus grandes méritos que son muchos: Lope defendió la causa femenina de igualdad de trato y oportunidades de forma absolutamente pionera y valiente, pero muy lejana de la epidemia políticamente correcta y realmente despendolada que nos aqueja. No está entre las cumbres teatrales de Lope de Vega pero merece recuperarla como testimonio de que la España imperial fue la más progre de su tiempo, de que las leyendas negras son ridículas invenciones, y de que antes del wokismo hubo una larga pugna de siglos para que la mujer ocupara en la sociedad el mismo espacio que el hombre.
Editada en vida del autor en la Parte XV de sus obras teatrales en 1621, pertenece a su época de madurez, en la que tras abundantes amoríos y hacerse sacerdote, terminó comprendiendo al otro sexo. Teatro del Temple ha aplicado una óptica de hoy para resaltar el valor de esta interesante visión de ayer, y lo ha hecho con una escenografía no lograda de Oscar Sanmartín y Carlos Martín que quiere ser escuela, galería de arte, gimnasio, jardín y palacio pero que se queda en confusa insinuación. El vestuario creado por Agustín Petronio quiere sugerir dos mundos diferenciados, el de Laura y sus alumnas y secretario en tonos grises y austeros de principios del siglo XX, y el de la corte inspirado en trajes de esgrima de colores chillones. La protagonista va ataviada para sus actividades deportivas, tenis, equitación, esgrima, y en el acto final como símbolo del triunfo del amor, en radiante traje blanco cuasi nupcial. Un montaje que en vez de facilitar la comprensión de la embrollada trama, la lía más.
Peor nos parece la dirección actoral. Carlos Martín quiere hacer un sainete gracioso, una farsa hilarante de exagerada gesticulación, ademanes grotescos, énfasis forzados. Muchas veces nos hemos quejado de esta marcada y desagradable tendencia de la dramaturgia autóctona a exagerar, pero no recordamos ejemplos más obstinados que este. El resultado es un marcado mal gusto, carencia de valores estéticos, fealdad generalizada. El reparto cumple órdenes y actúa desmadrado; solo se salva Secun de la Rosa como el mayordomo Julio, pero pretendientes y damas son grotescos y ridículos. A Silvia de Pé se la nota incómoda, y José Vicente Moirón de tan vehemente, agota. Añadamos que la asesora lírica Pepa Pedroche no ha conseguido implantar un verso fluido e inteligible en el reparto, que corre demasiado y que se expresa con dejes actuales insufribles.
El reestreno histórico de ‘La vengadora de las mujeres’ lo hizo Teatro del Temple en el año 2000 con una versión de José Sanchis Sinisterra dirigida por Jean-Pierre Miquel en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, coproducida por el Teatro Español y el Centro Dramático Nacional: bien ambientada y declamada, superior a la de ahora. Antes y después ha sido objeto recurrente de laboratorios de investigación teatral, escuelas superiores de arte dramático y colectivos de teatro universitario en España e Hispanoamérica. En 2013, la compañía mejicana De la Nada la trajo de nuevo a Almagro en la sección Off. En 2021 se estrenó una versión de la compañía malagueña Jóvenes Clásicos, creada en 2017 y centrada en hacer teatro contemporáneo a partir de textos clásicos, que con dirección e idea original de Jose Carlos Cuevas sobre versión de Elena María Sánchez, ha sido copiada en muchos aspectos -del concepto a la escenografía- por esta aragonesa que nos llega ahora tras estrenarse en Zaragozay que después terminará también en Almagro.
Otra actualización fallida y van unas cuantas en la última etapa de la CNTC, que no existe para reducir baremos de excelencia en pos de público fácil y paternalismo con los colegas, sino para exigirse más y más en captar y reflejar el valor imperecedero de los clásicos. Dejen que la reflexión la haga cada espectador a su gusto y todos saldremos ganando. ‘Esta comedia pone en juego una muy considerable porción del bagaje cultural y social de la época. Recoge diferentes tradiciones y tópicos literarios, pero los reordena de forma no pocas veces novedosa e, incluso, sorprendente. Toma de la realidad costumbres y hechos, mas los invierte e ironiza. Enfrenta reflexiones filosóficas y “científicas” de los grandes sabios del mundo, y éstas quedan relativizadas frente a la “verdad” de la esencia humana. Pone, pues, en duda, la efectividad del debate, la calidad de la enseñanza, el poder de la razón, las conductas o actitudes externas, los atributos sociales y sexuales, las construcciones teóricas… En fin, casi todo lo que se somete al tratamiento artístico es vulnerable, a excepción de una parcela que Lope vuelve particularidad ontológica: la natural y positiva relación entre los sexos, en virtud del ineludible amor’: esto escribía Lillian von der Walde Moheno en Nueva revista de filología hispánica hace ya tiempo. Y titulaba ‘Lo esencial y lo arbitrario’.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Texto, 8
Puesta en escena, 6
Dirección, 6
Interpretación, 6
Producción, 6
Documentación para los medios, 9
Programa de mano, 7
Teatro de la Comedia
‘La vengadora de las mujeres’, de Lope de Vega
14 – 31 MAY 2026
Dramaturgia Alfonso Plou y María López Insausti
Dirección Carlos Martín
Coproducción Compañía Nacional de Teatro Clásico y Teatro del Temple
REPARTO
Silvia de Pé – Laura, princesa
Gabriel Moreno – Arnaldo, príncipe
Secun de la Rosa – Julio, criado
José Vicente Moirón – Lisardo, príncipe
Xavi Caudevilla – Octavio, criado
Nacho Rubio – Alejandro, duque
Chavi Bruna – Augusto, príncipe
Lorena Berdún – Lucela, dama
Itziar Miranda – Diana, dama
Escenografía Oscar Sanmartín y Carlos Martín
Vestuario Agustín Petronio
Música David Angulo
Iluminación Felipe Ramos
Asesoría del verso Pepa Pedroche.
De martes a domingo a las 20:00
Encuentro con el público: miércoles 20 de mayo.
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