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Francisco Umbral, 50 años después

Homenaje a la obra literaria «Mortal y rosa»

Un capítulo en la vida de Umbral con el fallecimiento de su hijo “Pancho”

Alfonso Abril 13 Abr 2026 - 10:01 CET
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Columnista, poeta, periodista, biógrafo y ensayista español. Su libro «Mortal y Rosa» escrito en 1975, es motivo de aniversario al cumplirse los cincuenta años de su publicación. En él se relata la muerte de su hijo de seis años por leucemia, que supuso un duro golpe para el como para su mujer María España, que les provoco un miedo a que se repitiera la misma situación y por ello evitaron tener más hijos, siendo motivo de frustración tanto, para Francisco como para a su mujer. Ello motivo un punto de separación personal de escritos en sus modos de hacerlo y expresarse con un antes y un después de la obra «Mortal y Rosa».

Los Teatros del Canal en su salón de Cristal, de acuerdo con la Fundación Francisco Umbral, realizaron un homenaje con la lectura dramatizada de este libro en el cual se sale de su lectura de puro realismo poético a la prosa bien compuesta y combinada con el más puro estilo poético en el que se intuye la situación por la que, en su momento estuvo pasando Umbral.

La lectura estuvo a cargo de la poetisa Goizalde Núñez y Jorge Basanta, con una dicción perfecta con las pausas debidas y los emotivos momentos muy bien desarrollados, aparte de ser una dramaturgia muy bien compuesta y en la que quedan muy bien desentrañados  los  diversos momentos del libro, alternándolos con pasajes de la vida periodística y personal de Paco Umbral, dejándonos a los asistentes conmocionados y emocionados por momentos a lo largo de la lectura, cuya adaptación estaba  realizada por Javier Villán.

Desde la aparición de “Mortal y Rosa”, novela lírica, como se la denominó, esta obra ha sido considerada la obra maestra de Francisco Umbral. Escrita antes, durante y después de la muerte de su hijo de cinco años a causa de una leucemia.

“A esta corporeidad de “Mortal y Rosa / donde el amor inventa su infinito”. De este verso de Pedro Salinas extrajo Francisco Umbral el título de su libro, que comenzó a escribir antes de que se manifestara la enfermedad del hijo, cuyo nombre era el mismo que el del padre. Asombrado ante la manifestación de los sentimientos que experimentaba en su relación con el pequeño, Umbral fue trazando un retrato íntimo que no interrumpió cuando al niño le diagnosticaron leucemia. Como el propio autor contó, siguió escribiendo durante el proceso que condujo a la muerte del hijo, al cabo de la cual terminó esta obra.

Con ese pronunciamiento del escritor Pedro salinas, comenzó la dramaturgia que realiza Javier Villán para este acto, que plagada de imágenes poéticas que desvelan la profunda vinculación que había establecido con su vástago, Umbral, según se señala en la edición conmemorativa de “Mortal y Rosa” publicada por Austral, “construye un largo monólogo en que la muerte actúa como coartada maravillosa que convierte su pesadilla humana en una fuerza catártica y liberadora”.

Era una cosa atroz», -decía Francisco Umbral- sobre la enfermedad de su hijo, de nombre Francisco, con un apelativo cariñoso que denominaba, “Pincho”. Tenía seis años cuando murió enfermo y él, nunca superó esta tragedia. Lo sufrió en vida del niño y también tras su muerte. Estuvo enfadado con el mundo, y con Dios. Sin embargo, no pudo evitar el placer de vivir esos años en los que Pincho, en su inocencia y precaria edad, le transmitía a Paco su sensibilidad más absoluta, ya que su procedencia que era en cierta manera, de carácter escabroso, por la circunstancia de ser hijo de madre soltera y en, los años 30, eso no era un simple defecto era una tragedia.

Para que la paternidad de Umbral sea completa adhiere a ésta la literatura. “La primera niñez, la época que perdemos de nuestra vida, de la que nunca sabemos nada, sólo se recupera con el hijo, con él vuelve a vivirse. Gracias al hijo podemos asistir a nuestra propia infancia, a nuestro propio nacimiento, y yo me veía a mí mismo, por fin, en el revés del tiempo” decía Umbral.

Francisco Umbral, nacido en Madrid en 1932, fue un niño de salud endeble que apenas pudo ir al colegio. Autodidacta, se tuvo que hacer a sí mismo. El riego sentimental del que se alimenta el escritor es el de una infancia velada y solitaria, con un padre ausente y una vertebración familiar mínima que tiene que soportar el peso de un secreto inconfesable. Todo ello en un marco social y económico lamentable de España. Su madre, Ana María Pérez Martínez, residente en Valladolid para evitar habladurías al estar embarazada sin haberse casado tras mantener una relación con Alejandro Urrutia, un abogado cordobés padre del poeta Leopoldo de Luis, con quien trabajaba como secretaria. Pasó sus primeros cinco años en la localidad vallisoletana de Laguna de Duero .

Francisco, fue muy tardíamente escolarizado, según se dice por su mala salud, cuando ya contaba diez años; no terminó la educación general porque ello exigía presentar su partida de nacimiento y desvelar su origen. El niño era sin embargo un lector compulsivo y autodidacta de todo tipo de literatura, y empezó a trabajar a los catorce años como botones en un banco.

En Valladolid comenzó a escribir en la revista Cisne, del SEU, y asistió a lecturas de poemas y conferencias. Emprendió su carrera periodística en 1958 en El Norte de Castilla promocionado por Miguel Delibes, quien se dio cuenta de su talento para la escritura. Más tarde se traslada a León para trabajar en la emisora La Voz de León y en el diario Proa y colaborar en El Diario de León. Por entonces sus lecturas son sobre todo su poesía, en especial Juan Ramón Jiménez y poetas de la generación del 27, pero también Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna y Pablo Neruda.

Ya periodista y escritor de éxito, colaboró con los periódicos y revistas más variadas e influyentes en la vida española. Esta experiencia está reflejada en sus memorias periodísticas Días felices en Argüelles (2005). Entre los diversos volúmenes en que ha publicado parte de sus artículos pueden destacarse en especial el“Diario de un snob (1973); “ Spleen de Madrid” (1973); “España cañí” (1975);  “Iba yo a comprar el pan” (1976); “Los políticos” (1976), “Crónicas postfranquistas! (1976), “Las Jais (1977)”, “Spleen de Madrid-2” (1982), “España como invento” (1984), “La belleza convulsa” (1985), “Memorias de un hijo del siglo (1986)” y “Mis placeres y mis días” (1994).

En El País fue uno de los cronistas que mejor supo describir el movimiento contracultural conocido como movida madrileña. Alternó esta torrencial producción periodística con una regular publicación de novelas, biografías, crónicas y autobiografías testimoniales; en 1981 hizo una breve incursión en el verso con “Crímenes y baladas”.

En 1990 fue candidato, junto a José Luis Sampedro, al sillón F de la Real Academia Española, apadrinado por Camilo José Cela, Miguel Delibes y José María de Areilza.

El 8 de septiembre de 1959 se casó con María España Suárez Garrido, posteriormente fotógrafa de El País, y ambos tuvieron en 1968, a Francisco Pérez Suárez «Pincho».

En 2003, sufrió una grave neumonía que hizo temer por su vida. Murió de un fallo cardiorrespiratorio el 28 de agosto de 2007, en el hospital de Monte Príncipe, en la localidad de Boadilla del Monte de Madrid, a los setenta y cinco años de edad.

En este homenaje del 50 aniversario de su libro “Mortal Rosa”, a la finalización de la lectura dramatizada de los actores que brillaron con su estilo reposado y con una dicción exquisita y absolutamente legible y audible y que, en nuestro subconsciente, podíamos ver aquellos párrafos que expresaban todo el sentimiento que Umbral impuso en su libro que casualmente, comenzó con el nacimiento de Pancho y termino de escribir con su fallecimiento. Pura poesía en una gráfica de amor y respeto hacia una infancia de su hijo, que se le escapó por los dedos con una enfermedad de difícil solución y dejándole con una sorprendente e indeseable tragedia.

El colofón del homenaje, estuvo a cargo de Eduardo Martínez Rico, miembro de la Fundación Francisco Umbral, que hizo una semblanza sobre la personalidad literario y personal del inimitable escritor, Francisco Umbral.

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