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En tiempos revueltos, nada mejor que Rossini

El Teatro Real intenta dejar atrás su crisis con 'Il barbiere di Siviglia'

José Catalán Deus 24 Sep 2013 - 18:07 CET
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El Teatro Real ha inaugurado su 17ª Temporada con Il barbiere di Siviglia, de Gioachino Rossini. Por fin el gran programador se ha dignado incluir un título del repertorio excelso del género junto a sus caprichos y favoritismos. Lástima que sea en última instancia, ya cesado y gravemente enfermo. El Real hace frente a una grave crisis, sin director artístico a tiempo completo, con un patronato gravemente afectado por todo lo ocurrido, y con una producción de 2005 rescatada in extremis. Pero el célebre barbero puede con todo y las diez  funciones programadas, entre los días 14 y 26 se septiembre, están registrando llenos absolutos. El público abonado al que el teatro debe su existencia, parece encantado y dispuesto a mirar hacia adelante. Escena y música congeniaron como hacía tiempo que se echaba en falta. Sin ser un reparto excepcional, cumplió su cometido. Han pasado casi 198 años de su estreno, y esta pieza de Rossini se mantiene como una de las grandes obras del repertorio operístico de todos los tiempos.

Temíamos que el planteamiento de Emilio Sagi hubiera quedado obsoleto, pero con algunos buenos retoques ha mantenido todo su vigor y valía. Esencialmente se pone al servicio de la comprensión de la trama y de la audición de la música, y con ello se enfrenta frontalmente a tanto experimento fallido como hemos visto estos años. Todo indica que en España, como en todo el mundo por cierto, la dictadura de los escenógrafos caprichosos y vacuos en las producciones operísticas, parece remitir tras una década despendolada. Innovación, actualización, arrojo y audacia en vestir nuevos y viejos títulos sigue siendo completamente necesario pero debe mantenerse en los términos ineludibles de fidelidad al espíritu, respeto a los creadores y sensatez en las apuestas. Sagi valora mucho la energía positiva que irradia esta ópera bufa, su música ‘gozosa y brillante’, y recuerda que Rossini admiraba mucho a España y la partitura es tremendamente española. Es lo que refleja su montaje: una Sevilla intemporal, poblada de personajes bufos, en la que todo drama termina en broma, y nada puede resistirse a un estallido final de color y fiesta. La estética general es bastante cursi, sin duda, de cuento de hadas para compensar quizás tantos escatológicos excesos como hemos visto en las últimas temporadas.

El director musical Tomas Hanus debutaba en el Real en una ópera, aunque ya había dirigido varias veces su orquesta. Lo hacía entre comentarios temerosos sobre que podía aportar un checo al espíritu jocoso y cálido de la pieza. Su batuta resultó más que aceptable, incorporando rigor centroeuropeo y soslayando efusiones burbujeantes. Resulta que Hanus había comenzado su carrera con este título y presentándose en Madrid prometía una lectura donde primara el humor y la ligereza. No se permitió bromas pero nos pareció convincente.
 
Se ha elegido un doble reparto en el que figuran reputados intérpretes rossinianos, que unen a su cualidad vocal grandes dotes teatrales necesarios para soportar los largos recitativos, a los que imprime dinamismo la dirección escénica. En el reparto del estreno, Dmitry Korchak era El conde de Almaviva, Serena Malfi hacía de Rosina, Mario Cassi de Figaro, Bruno De Simone de Bartolo, y Dmitry Ulyanov de Basilio. Les acompañaban en tímida aportación autóctona, Isaac Galán como Fiorello, y Susana Cordón como Berta, la única del reparto que participara en el estreno de la producción en 2005, y a la que el público reservó su ovación más sentida.

El tenor ruso Korchak empezó inseguro, pero pronto se impuso con autoridad en el papel protagonista, aunque acusara problemas ya cerca del desenlace en esa aria maratoniana -‘Cessa di piú resistere’- que pocos pueden superar. La mezzo italiana Malfi estuvo impecable y hasta brillante en algunas ocasiones. El barítono Cassi hizo un Figaro con grandes mostachos y mucho desparpajo, correcto sin duda pero sin mayor trascendencia. Excelentes los bajos De Simone y Ulyanov en esos dos papeles secundarios tan decisivos para la marcha general de la representación como son el tutor y el maestro de música, esos don Bartolo y don Basilio tan entrañables, tan de zarzuela.

La escenografía está plenamente lograda, con un inicio espectacular y un desarrollo basado en el movimiento de grandes elementos para transformar el decorado acoplándolo a las diferentes escenas de la ópera. Una excelente coreografía ya sorprende gratamente desde los primeros compases de la sinfonía introductoria y tiene su climax en esas sevillanas finales llenas de gracia y acierto. Discutiríamos la incorporación a los figurines de tanta influencia del mundo del circo, pero ciertamente no molesta en demasía. Orquesta y coro demostraron nuevamente su probada pericia, y nos pareció un acertado remate a todo ello el ritmo de continuo en los reciotativos marcado al fortepiano por Angelo Michele Errico.

 ‘Il barbiere di Siviglia’ refleja el giro emacipatorio femenino a finales del siglo XVIII en cuestiones amatorias, pues en las económicas y políticas aún habría que esperar dos siglos. Las mujeres se negaban ya a seguir siendo casadas en función de los intereses de sus progenitores, hermanos y hasta tutores como es el caso en la obra. El libreto es un canto a la libertad de elección frente a la opresión masculina. Rossini le puso música en quince días demostrando que al genio creativo las dificultades le crecen.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Partitura: 8
Libreto: 8
Dirección musical: 7
Dirección artística: 7
Orquesta: 7
Voces: 7
Escenografía: 7
Realización: 8
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 6

Teatro Real
 IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Gioachino Rossini (1792-1868)
Melodramma buffo en dos actos       
Libreto de Cesare Sterbini, basado en la obra homónima de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais

FICHA ARTÍSTICA
Director musical     Tomas Hanus
Director de escena    Emilio Sagi
Escenógrafo    Llorenç Corbella
Figurinista     Renata Schussheim
Iluminador     Eduardo Bravo
Coreógrafa     Nuria Castejón
Director del coro     Andrés Máspero

REPARTO
    El conde de Almaviva    Dmitry Korchak (14, 17, 19, 21, 23, 25)
                Edgardo Rocha (15, 18, 22, 26)
    Bartolo             Bruno De Simone (14,17,19,21,23,25)
                José Fardilha (15, 18, 22, 26)
    Rosina             Serena Malfi (14, 17, 19, 21, 23, 25)
                Ana Durlovski (15, 18, 22, 26)
    Figaro             Mario Cassi (14, 17, 19, 21, 23, 25)
                Levente Molnár (15, 18, 22, 26)
    Basilio             Dmitry Ulyanov (14, 17, 19, 21, 23)
                Carlo Lepore (15, 18, 22, 25, 26)
    Fiorello             Isaac Galán
    Berta            Susana Cordón
    Un oficial            José Carlo Marino (Miembro del Coro Titular)
    Ambrogio            Eduardo Carranza
       
        CONTINUO
    Fortepiano         Angelo Michele Errico
    Violonchelo         John Paul Friedhoff
    Contrabajo         Holger Ernst
       
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
       

DURACIÓN APROXIMADA
Acto I: 1 hora y 35 min.
Descanso de 25 min.
Acto II: 1 hora

FECHAS
14, 15, 17, 18, 19, 21, 22, 23, 25, 26 de septiembre de 2013, 20.00 horas; domingos, 18.00 horas.

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