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Hace justo una semana, cuando Joaquín Sabina se enfrentó a su público para explicar que no se encontraba bien y que tenía que abandonar antes de tiempo su concierto en el Barclaycard Center porque estaba sufriendo «un Pastora Soler», se desataron numerosas teorías al respecto.
Algunas estrambóticas y otras más pegadas a la realidad. Fuentes del mundo del espectáculo precisaban que lo que había sufrido Sabina no era pánico escénico, sino más bien una crisis de ansiedad.
¿Provocada por qué? «Pues, entre otras cosas, por el palo que pretende meterle Hacienda».
Revela Cote Villar en ‘El Mundo’ que que la Agencia Tributaria exige a Joaquín Sabina el pago de, al menos, cuatro millones de euros por una diferencia de criterio en cuanto a las liquidaciones de ejercicios anteriores.
De hecho, el pasado mes de julio Hacienda adoptó una serie de medidas cautelares contra el poeta y cantante para asegurarse el pago.
Por un lado, se ordenó el embargo cautelar y provisional del 87,45% del capital social de Ultramarinos Finos (una empresa que administran al 50% Joaquín Sabina y su mujer, Jimena Coronado).
Por otro, dictó la prohibición de disponer en un plazo de seis meses prorrogables de parte de su casa de Madrid, de una casa en Rota (Cádiz) y de una plaza de garaje también en la capital.
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