El más prestigioso de nuestros coreógrafos, el que nunca se sintió tentado o capaz de hacer ballet clásico, dio al fin el paso tras dejar la Compañía Nacional de Danza hace cinco años. Su trabajo con La bella durmiente es de notable altura y resuelve el desafío apoyado en la solvencia de la poderosa compañía alemana que actualmente dirige, la Staatsballett Berlin, que nos visita acompañando a esta famosa creación de Chaikovski con una segunda propuesta ya en el terreno de danza contemporánea que podría ser más interesante.
La Bella Durmiente se ha convertido en uno de los ballets más famosos del repertorio clásico, basada en la versión de Charles Perrault del eterno cuento de hadas del mismo título, se estrenó en 1890 estructurado en un prólogo y tres actos. Fue el segundo de los ballets -tras El Lago de los cisnes- compuestos por Piotr Ilich Chaikovski, y se considera la pieza que abrió paso a la edad dorada del género.
Quizás por azar, quizás de forma bien premeditada, Nacho Duato ha elegido volver a España por primera vez desde que finalizara su etapa al frente de la Compañía Nacional de Danza en 2010, con el clásico de los clásicos, con Chaikovski, e inaugurar con él la programación 2015-2016 del Teatro Real, el coliseo más prestigioso del país. Toda una respuesta contundente a los responsables del ministerio de Cultura que dieron fin a sus dos décadas al frente de la CND precisamente porque Duato no aceptaba diversificar su actividad con ballet clásico en los términos que se le exigían. Fue una de tantas luchas de egos que a veces fructíferas y a veces estériles pueblan el mundo de la cultura y el arte. Y acompañando a esta arrogante respuesta, Duato se ha mostrado dispuesto a firmar las paces y acabar con un enfrentamiento que a ambas partes perjudica.
Pero vayamos a lo importante, la primera parte con que el Staatsballett Berlin se presenta en Madrid con su programa doble, ballet clásico y la danza contemporánea. La idea de elaborar una nueva coreografía para La bella durmiente nació en Duato al hacerse cargo de la Compañía del Teatro Mikhailovsky de San Petersburgo en 2011 y ofrecerle un alto y tentador presupuesto. ¿Dónde y cómo mejor aceptar el desafío pendiente y redondear una gran carrera profesional en su último tramo? El coreógrafo valenciano se adentró en la cincuentena revisando las coreografías clásicas buscando cuál podría ser su aportación, una forma de contar la historia del cuento clásico en un contexto más sintético y dinámico, un ballet que consiguiera mantener la tensión a lo largo de toda la obra, reforzando la presencia de los malos de la historia, con escenas sugerentes, algunos toques de humor y movimientos que permitieran a los solistas exhibir sus cualidades. Una actualización, en fin, respetuosa, prudente y ‘clásica’, valga la redundancia.
En primer lugar ha sido con la partitura todo lo respetuoso que se debe ser: la música manda y la coreografía responde con precisión, con pulcritud absoluta. Nunca ha sido bailada enteramente en sus cuatro horas de duración y Duato mantiene la tradición dejándola en la mitad sustancial. Resulta discutible el segundo intermedio y aunque los puristas nos denosten, el tercer acto en realidad es una propina deslavazada a mayor gloria de los bailarines y el público que lo aplaude todo.
La pieza es una grandiosa sucesión de todo el despliegue de pasos reglados que constituye el ballet clásico, un banquete para los entusiastas, casi desmedido para los que gustan con recato. El Staatsballett Berlin despliega medio centenar de bailarines en el escenario. Marian Walter se elevó sobre todos en su apostura y técnica en la interpretación del Príncipe, aunque estuvo a punto de caerse en su última pirueta. Iana Salenko hizo una correcta aunque poco sugerente Princesa Aurora. Gustaron mucho las hadas y menos el hieratismo de los Reyes. Gustaron mucho los personajes de cuento del tercer acto, especialmente El pájaro azul, aunque a nosotros sólo nos llamara la atención en ese tramo la simpática coreografía de la pareja de gatos. Gustó mucho la malvada Carabosse travestida, aunque nos pareciera un recurso ‘déjà vu’. El nivel general de la coreografía y el elenco mereció en nuestra humilde opinión un notable bien servido, pero sin llegar a la excelencia.
¿Comparaciones? Son pertinentes. En febrero pasado vimos una bella y agridulce durmiente de inolvidable impacto por la coreografía de Mats Ek con Les Grands Ballets Canadiens de Montréal en los Teatros del Canal (ver nuestra reseña de entonces). Una actualización audaz y sobresaliente. En 2011, el Teatro Real prestó su inicio de tenporada también a otra Bella Durmiente (ver nuestra reseña de entonces), la del coreógrafo Jean-Christophe Maillot, incorporando a la partitura de Tchaikovsky trozos de otro de sus célebres ballets, Romeo y Julieta, en una historia para adultos con la que la compañía Les Ballets de Monte-Carlo llevaba diez años cautivando a públicos de todo el mundo, revisión contemporánea de un clásico que se ha convertido en emblema de la compañía. Bellísimo espectáculo de estética tradicional y concepción conservadora. Ambas versiones nos gustaron más que la que hoy comentamos, en rupturismo la primera, en belleza la segunda; más arriesgadas ambas.
El ‘superintendente’ Duato se ha apoyado especialmente en el diseño del vestuario y la escenografía de Angelina Atlagić (celebrada en España por su aportación a la obra Barroco dirigida por Tomaz Pandur), con la que ya había trabajado y a la que llamó a San Petersburgo. En cuanto al vestuario, si bien es espectacular y deslumbrante, nos pareció también recargado, y en parte y detalles, desafortunado. En cuanto a la escenografía, valoramos enormemente un segundo acto genial y disentimos del almibarado ojaldre del primero y el tercero. Magnífica la iluminación de Brad Fields.
Pedro Alcalde -que ya trabajó una década con Duato en la CND- estuvo sobresaliente al mando de la orquesta titular del Real que fue ovacionada señaladamente tanto en los intermedios como en el saludo final.
Se agotaron las localidades en las tres sesiones de La Bella Durmiente. En la última de este domingo el público se mostró entusiasta. El coreógrafo estaba en la sala pero no salió a saludar. Puede decirse sin exagerar que la compañía y su intendente han obtenido un gran éxito en su visita a Madrid. Ahora queda saber si se refrendará en el segundo programa, las tres coreografías contemporáneas que configuran el cartel de las dos últimas funciones, 8 y 9 de septiembre, con la puesta en escena de And the Sky on that Cloudy Old Day, de Marco Goecke, entre dos piezas coreografiadas por Duato, Static Time y White Darkness, la primera nuevísima, concebida para el para el Staatsballett Berlin, y la segunda de sus clásicas de la CND estrenada en 2001. Nos confesamos expectantes aunque la novedad sea para pareja sola. Y recomendamos la oportunidad de comparar el antes y el ahora, el ballet y la danza, probablemente en la última oportunidad de juzgar a esta figura que es merecidamente Nacho Duato.
TEATRO REAL
Staatsballett Berlin
Intendente, Nacho Duato
La bella durmiente
4 y 5 de septiembre a las 20 horas y el domingo día 6 a las 18 horas
Música: Piotr Ilich Chaikovski
Coreografía: Nacho Duato
Escenógrafa y figurinista: Angelina Atlagić
Iluminador: Brad Fields
Orquesta Titular del Teatro Real
Director musical: Pedro Alcalde
SEGUNDO PROGRAMA
-Static Time
Coreógrafo: Nacho Duato
Música: Mozart, Schuberty Rajmáninov,
Escenógrafo: Jaffar Chalabi
Figurinista: Angelina Atlagić
Iluminador: Brad Fields
-And the Sky on that Cloudy Old Day
Coreógrafo, escenógrafo y figurinista: Marco Goecke
Música: John Adams
Iluminador: Brad Fields
-White Darkness
Coreógrafo: Nacho Duato
Música: Karl Jenkins
Escenógrafo: Jaffar Chalabi
Figurinista: Lourdes Frías
Iluminador: Joop Caboort.
Septiembre: 8 y 9 a las 20 horas
(Los jóvenes menores de 30 años podrán beneficiarse del 90% de descuento, y los menores de 35, del 60% de descuento, en todas las zonas de la sala).
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