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Este musical ganador de 3 premios Tony, incluyendo el de Mejor Musical, lo puedes ver en el Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío

Avenue Q: Un clásico moderno, provocador, desconcertante y francamente disfrutable

En un tiempo en la que muchos musicales buscan deslumbrar con producciones a gran escala y magia de alta tecnología, Avenue Q consigue cautivar al público con un perturbador encanto artesano a pequeña escala

Periodista Digital 16 Ago 2024 - 12:38 CET
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Este clásico moderno, que apareció por primera vez en la escena en 2003 de la mano del trío creativo de Jeff Whitty, Jeff Marx y Robert López, abriendo paso a un concepto de musical pícaro y hasta soez para complacer a ese público harto de pasteleos y ya agotadores canturreos de Disney.

Aunque por momentos podía parecer que el grupito de septuagenarias de los asientos contiguos iba a abandonar ofendidas sus butacas, al encenderse las luces nuestros prejuicios resultaron infundados, al ver el aplauso generalizado que recibían los salvajes pelochos y sus conductores de voces angelicales. Para todos los públicos desde luego no es la obra, pero sí resulta ser del agrado ruborizado de todas las generaciones (mayores de edad).

Una de las principales fortalezas de Avenue Q radica en la universalidad de las temáticas y lo natural que resulta la acomodación a la cultura española. Los personajes, tanto humanos como teleñecos, lidian con problemas que resuenan en el público: desempleo, crisis de identidad, enredos románticos, orientación sexual, crisis inmobiliaria y, sobrevolando todo ello, la búsqueda del propósito vital.

Quizá el punto más débil de la obra sea que no llega a generar la suficiente empatía o interés genuino en el recorrido y destino de esa multitud de personajes o en el devenir final de sus tramas. Lo cierto es que, salvo alguna trama concreta o momentos puntuales, resulta difícil emocionarse por los conflictos y tomas de decisiones de los protagonistas y verse arrastrado por la historia en sí.

Sin perjuicio de ello, el concepto rompedor, el equipo actoral y la trabajada adaptación al público español, con ocurrentes referencias populares provocan constantes risotadas culpables en gran parte del público y llevan a una velada realmente amena que merece totalmente la pena.

La clave del éxito de esta representación es sin duda el equipo humano. Casi todas las virtudes de la obra, que no son pocas, se presentan al espectador como el resultado del trabajo de los actores que recorren el escenario, cambian títeres de manos, mueven escenografías e interpretan de manera magistral las desternillantes canciones que hilan la historia. La aparente celebración del desorden de la vida termina siendo una coreografía perfectamente sincronizada en todos los aspectos posibles. Muy grandes.

En conclusión, Avenue Q es una obra divertida y valiente, un muñeco navajero disfrazado de peluche perfecto para una velada con amigos, pareja o porque no, solo.

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