(Faustino Vilabrille).- Jesús llevaba una vida dura y difícil, de pasar necesidades y muchas penurias; de sufrimiento, porque le dolían las carencias y los padecimientos de la gente, de sentirse decepcionado. Nos lo recuerdan estos datos, tomados de los Evangelios: «Los pájaros tienen nidos y las zorras guaridas, pero yo no tengo ni donde reclinar la cabeza». Jesús vivía muy pobremente.
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