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Director de Relaciones Instituciones de la Universidad Pontificia de Salamanca

Ángel Losada: «No podemos renunciar a estar presentes donde haya una necesidad»

"Somos instrumentos de la Iglesia, pero no de la Iglesia local, sino de la universal"

Jesús Bastante 09 Oct 2012 - 19:50 CET
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(Jesús Bastante).- Ángel Losada es el director de Relaciones Institucionales de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), cuyo enfoque humanístico «no se queda en la reflexión teórica, sino que propone soluciones a nivel social», como explica Losada, que afirma estar orgulloso de trabajar en la UPSA: «En una universidad que no fuera de la Iglesia, no tendría el mismo desarrollo personal«, apunta.

Sobre la imagen de la Iglesia española, opina que es una de las pocas instituciones «que se puede permitir ser auténtica y generar una percepción pública positiva», puesto que su misión de fondo, como la de la Universidad Pontificia, es contribuir a mejorar la sociedad en la que vivimos. Es por ello que asegura que la Pontificia de Salamanca «no puede renunciar a estar presente donde haya una necesidad a la que nosotros podamos contribuir».

¿En qué consiste tu trabajo?

La dimensión más genérica consiste en ayudar al rector y al conjunto de la universidad a desarrollar una estrategia de presencia pública, tanto a nivel interno como externo. Uno de los ejes principales de la estrategia del rector Galindo es la internacionalización, por lo tanto tenemos un plan y una tarea específica en cuanto a las relaciones internacionales. La otra dimensión es la de la comunicación institucional, con el ámbito territorial o empresarial más cercano.

¿Por qué es importante la comunicación en una universidad de la Iglesia?

Bueno, yo diría que es importante en cualquier organización que trabaja con el conocimiento, que hace del conocimiento su razón de ser. Y para una universidad católica como la nuestra yo diría que es todavía más importante en cuanto que su componente esencial no es sólo un apellido, sino un rasgo definitorio. En ese sentido, las relaciones de la institución con otras entidades y con la sociedad en su conjunto es el núcleo de la actividad.

En algunas instituciones de Iglesia a menudo existe un déficit de comunicación, estereotipos fijados o dificultad para transmitir el mensaje.

Es cierto. No es consuelo, pero yo diría que es algo habitual en cualquier organización. Cuanto más compleja es o más tradición tiene, más complicado es para una organización ir adaptándose a las formas de relación de cada momento. La comunicación ahora mismo está en el foco, y esto tiene consecuencias positivas y negativas. Parece que siempre que hay problemas, cuando una organización no funciona bien del todo o demuestra que no es perfecta, creemos que es un problema de comunicación. A veces lo es, pero otras veces no tanto. Lo que es cierto es que la manera en que se gestiona la comunicación es imprescindible para que una organización funcione correctamente, consiga sobrevivir y sea eficiente.

¿Cómo valoras el tratamiento que se le da en los medios de comunicación, tanto locales como nacionales, a la UPSA?

Tengo que decir que nos sentimos muy queridos. Siempre nos hemos preocupado por ser una institución comprometida en el ámbito social, no solamente con aquellos que nos pueden ayudar con nuestros objetivos, sino también con personas o entidades que pueden necesitar de nosotros. Esto, inevitablemente, se traduce en buenas relaciones. En ese sentido, yo diría que mi trabajo se facilita, precisamente por esa tradición de la Pontificia de ser una institución abierta, disponible y accesible para todos.

¿Cómo consigue una institución que lleva siglos funcionando, adaptarse a la era de Internet sin perder su esencia y su tradición?

Creo que justamente la tradición genera esa experiencia de cambio. Cualquier organización tiene ciclos de vida, y la nuestra está acostumbrada. Hay un intangible, que no sabemos muy bien qué es, pero que influye en la forma de ser de la Universidad y se respira en su ambiente, y que transmite de alguna manera esa tradición de ocho siglos. La tradición a veces es un freno, pero la tradición universitaria significa experiencia y capacidad para gestionar la innovación.
Yo llevo en la UPSA desde el año 1994, y diría que a la Universidad no le cuesta cambiar. Cualquier institución humana genera rutinas, pero en comparación con otro tipo de organizaciones, la UPSA tiene muchos incentivos para el cambio.

De cara a las relaciones con empresas y corporaciones, ¿cuál es el sello que vende la UPSA?

Tenemos un elemento diferencial que en este momento que todos reconocemos como complejo, incrementa todavía más su valor. Tiene que ver con el foco de nuestras investigaciones científicas y académicas, con el modelo de sociedad y el papel de las personas en ella. En ese sentido, estamos notando que cada vez hay más empresas que nos llaman o nos preguntan porque suponen que tenemos cosas que ofrecer, desde un enfoque humanístico que no se queda en la reflexión teórica, sino que nos sirve para proponer soluciones a nivel social.

¿Ese perfil de la UPSA os obliga, de alguna forma, a dar ejemplo y a proponer en momentos difíciles como estos?

Sí. El reto que tenemos es que ese perfil diferencial que tiene cada uno de nuestros profesores, la personalidad de nuestros catedráticos o de las personas que trabajan para apoyar la actividad académica y la investigación; llegue incluso a las personas con las que no tenemos contacto directo, se note. Queremos aumentar el ámbito de influencia de nuestra universidad, porque estamos convencidos de que tenemos cosas que aportar para conseguir una sociedad mejor.

Dentro de ese proyecto de apertura se encuentra también el deseo de internacionalización del rector. En ese sentido, ¿tu trabajo te da una perspectiva de cómo funciona la Iglesia y las universidades católicas en el resto del mundo?

Sí. Una característica fundamental nuestra es que somos una universidad pontificia. Eso quiere decir que somos instrumentos de la Iglesia, pero no de la Iglesia local, sino de la universal. En ese sentido, no podemos renunciar a estar presentes donde haya una necesidad a la que nosotros podamos contribuir. Eso requiere que alumnos, profesores, miembros del equipo del rector y representantes empresariales viajen a otros países. Y viajar siempre es bonito, y ayuda al desarrollo de todos. En esa línea vamos a impulsar muchas iniciativas.

¿Hacia dónde estáis enfocando los esfuerzos? ¿Latinoamérica, China…?

Nosotros tenemos una tradición secular de influencia en Hispanoamérica, pero también es cierto que eso tiene que ver con la conexión entre Hispanoamérica y el ámbito cultural europeo. También aprovechamos otros ámbitos donde la Iglesia está presente, y el ámbito asiático es muy importante. Tenemos que poner la mirada en la zona del Pacífico, porque por ahí están empezando a pasar cosas, no solamente en el ámbito económico, sino también en el social.

En el contacto con China, por ejemplo, ¿encontráis dificultades culturales?

Bueno, la verdad es que estamos empezando, pero las primeras impresiones sí que son, por un lado, que existen algunas barreras. Pero por el otro hay una percepción diferente, que no siempre es negativa. La Iglesia es percibida como una institución que tiene su credibilidad, incluso por aquellos que no participan o que no se ven influidos directamente por el catolicismo. Sobre todo en el mundo de la educación, la UPSA genera una marca muy positiva.

Tras haber trabajado en el ámbito civil, ¿fue una decisión volver al eclesiástico?

La verdad es que yo estudié en una universidad estatal, en la Complutense de Madrid. Cuando yo comencé mi carrera no había estudios de comunicación en la Pontificia de Salamanca. Llegué a la UPSA sabiendo que era una oportunidad académica y profesional, y además me daba un valor añadido desde el punto de vista personal. Yo me siento orgulloso de estar en esta universidad por su prestigio, pero también porque me permite un desarrollo personal que no tendría en una universidad que no fuera de la Iglesia. Renuncié a continuar la carrera en el ámbito institucional de Castilla y León por una opción personal, por el valor añadido que me aporta la identidad de la UPSA. Mi vida familiar es más compatible con el trabajo en la Universidad, y eso para mí es lo más importante. Es un proyecto profesional y personal que realmente me hace muy feliz.

¿Cómo podría la Iglesia mejorar su capacidad comunicativa?

No hay recetas mágicas, pero no quiero eludir la pregunta: autenticidad. Otras no se lo podrían permitir, pero una institución como la Iglesia puede comportarse de forma auténtica, con una conducta basada en lo que es. Sin complejos, sin temores, con seguridad, espontaneidad y naturalidad. Sin duda, va a tener una percepción pública mucho más positiva, más parecida a la realidad de la Iglesia.

Muchas gracias, Ángel.

Muchas gracias a vosotros, por la labor que hacéis en este ámbito de la difusión.

TITULARES:

Nuestro enfoque humanístico no se queda en la reflexión teórica, propone soluciones a nivel social
No podemos renunciar a estar presentes donde haya una necesidad a la que nosotros podamos contribuir
Trabajar en la UPSA me permite un desarrollo personal que no tendría en una universidad que no fuera de la Iglesia.
Otras instituciones no se lo podrían permitir, pero la Iglesia sólo debería ser auténtica para tener una percepción pública más positiva

 

 

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