(Jesús Bastante).- Esta noche celebramos la Vigilia de la Inmaculada, uno de los grandes dogmas de la Iglesia católica. La mujer que dijo «Sí» a Dios sin entender ni preguntar. La confianza con mayúsculas. Un gran gesto sin el cual no podríamos entender el nacimiento del niño Dios y, en definitiva, la salvación. Una lección que, lamentablemente, durante siglos se ha utilizado para minusvalorar la presencia de las mujeres en el seno de la sociedad y de la Iglesia.
El papel de María fue mucho más allá de la obediencia y del Sí. Sin María, sin José, hubiera sido imposible entender la vida y la obra de Jesús el Resucitado. Un niño que creció en una familia, que fue rotundamente humano y que se relacionó en plano de igualdad con todos los hombres y mujeres de su tiempo. Sin embargo, nuestra Iglesia continúa vejando y marginando gravemente a más de la mitad de sus miembros.
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