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(Santiago Agrelo).- Regreso de Rabat, de un encuentro con nuevos misioneros en Marruecos, y abro el Facebook. Vaya avispero. Me alegro de haber provocado este mar de comentarios.
Me alegro, porque, si aún nos queda capacidad de analizar nuestras reacciones, nos daremos cuenta en seguida de que la expresión «de izquierdas», dicha de Dios, ha suscitado más pasiones en nosotros que el mensaje central del discurso que es, en este muro, el dolor de los emigrantes y la reivindicación de sus derechos, y que fue en Valencia la fuerza evangelizadora del amor.
Ahora, si me permiten acudiré al diccionario, y verán que, lejos del hemiciclo de las emociones políticas, las palabras adquieren otro perfil, y cabe la reflexión pausada.
Cito del Casares: «Izquierda. f. Hablando de colectividades políticas, la que más se aparta de las tradiciones del país.»
El ejercicio de discernir si el Dios hecho carne, en quien creemos, se aparta o no de nuestras tradiciones -de nuestros métodos, de nuestras prioridades, de nuestros razonamientos, de nuestras opciones…-, lo dejo a quien quiera pensar un poco sobre ello.
Pero los años me han dado otras fuentes de información distintas del Casares, y una muy importante para mí la he hallado en el corazón de trabajadores de las parroquias en las que he servido, trabajadores que, a la hora de manifestar su preferencia política por un partido de izquierdas, lo justificaban con un ingenuo «porque es el partido de los pobres». No importa el nombre del partido; importa el hecho que aquellas gentes sencillas identificaban «ser de izquierda» y «ser de los pobres». Con lo cual, ellos -nadie más que ellos- me autorizan a identificar «ser de los pobres», que es lo que Dios ha querido ser, y «ser de izquierda».
Con lo cual, devuelvo al centro de la reflexión el Evangelio, el Dios que se hizo pobre, que nació pobre, que vivió pobre, que fue ungido para evangelizar a los pobres, y que nos agració con la misma unción y una misión semejante.
Quien quiera llevarme a la Cámara de Diputados, no cuente conmigo para ese recorrido.

(…)
Todavía continúan llegando réplicas por lo de ‘izquierdas’, unas más amistosas, otras más beligerantes.
Transcribo aquí, para todos, lo que esta mañana escribí a una amiga tangerina:
«Querida: sabía que me metía en un berenjenal, o lo que es lo mismo, que podía molestar a quienes en el arco de los partidos constitucionales españoles se consideran de derechas o de izquierdas.
Imagínate el lío si yo, obispo, hubiese dicho que Dios es de derechas.
Es muy cierto que a Dios no podemos encerrarlo en esas categorías políticas, como en ninguna otra. De él sólo podemos hablar por lo que él dice de sí mismo.
Todavía esta mañana en la misa me encontré con este texto de Pablo: «Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». A mí eso me suena a opción por los pobres, a ‘izquierda’ divina, y no me suena a IU, a PSOE, a PP, ni a partido alguno que se siente en el Parlamento de la nación, y mucho me temo que tampoco suene demasiadas veces a Iglesia.
A continuación, en la misma misa, me encontré con un evangelio en el que Jesús, a un joven muy rico, le dice: «anda, vende cuanto tienes, da el dinero a los pobres, y luego ven y sígueme». A mí eso me suena a ‘Izquierda’ divina, y no a IU, a PSOE, a PP, ni a partido alguno del Parlamento de la nación, y puede que muchas veces, demasiadas veces, tampoco me suene a Iglesia.
Ayer, en el evangelio de la misa dominical, me encontré con ese inapelable: «No podéis servir a Dios y al dinero». Y eso vuelve a sonarme a ‘izquierda’ divina, la que debiera ser el modelo de todos los comportamientos creyentes, de toda vida cristiana, que sería nacesariamente una vida conforme con esa mano izquierda de Dios.
La encarnación es anonadamiento, es abajamiento, es empobrecimiento de Dios para salvación del hombre, y marca el camino a todos los que son de Jesús.
Lo que yo digo no es juicio sobre los políticos, sino sobre los creyentes cristianos, sobre mí mismo. Los políticos tienen sus señores. Yo confieso como único Señor a Cristo Jesús, y no puedo fingir que lo sigo a él mientras voy buscando poder, riqueza, dominio sobre los demás.
Querida: yo creo que se entiende lo que hay detrás de mis palabras. De lo que ya no puedo responder es de las emociones o sensaciones que las palabras producen en quien las lee.
Un abrazo, hermana mía. Gracias por tu reflexión.
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