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"No es un viaje político, es una peregrinación"

Visita del Papa a la alacena de Dios

Que sea un antes y un después para nuestra fe

22 May 2014 - 09:16 CET
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(Emilio Pinto).- Dios ha guardado lo mejor de Él en Tierra Santa: Sus palabras, su mensaje, su Hijo y desde aquí ha viajado al mundo entero. Hoy el Papa Francisco vuelve al mismo lugar donde fue llamado Pedro para pastorear a sus ovejas, desde donde Francisco ha escuchado sus llamadas y desde donde se nos ha gritado a todos nuestro nombre.

No es un viaje político, es una Peregrinación, un encuentro con las verdaderas raíces de nuestra fe para seguir proclamando lo mismo que hace ya dos mil años:

Que el hombre y el amor están por encima de la ley. Jesús curo en sábado a un paralítico y esa fue la chispa que encendió a los judíos más ortodoxos de entonces para acusarle. Algo que recordamos en la Piscina Probática: «Levántate, carga tu camilla y echa a andar» (Jn. 5, 8) Seguimos poniendo leyes, concertinas y esclavitudes por encima del amor que se merece cualquier hombre del mundo.

O la cantidad de traiciones que siguen cantando los gallos en San Pedro in Gallicantu. Y las traiciones solo las pueden cometer los de dentro. «Y saliendo afuera, lloró amargamente…» (Mt. 26, 75) Algunos ya ni lloran, que poca vergüenza, se creen que con sus traiciones nos hacen un favor a todos. Existe hoy y para mi una traición inconcebible, esa es la traición al Santo Padre. Los patios del palacio de Caifas son hoy algunos lugares de las redes.

Los besos envenenados, los abandonos, como cuando algo no nos gusta, o cuando corremos peligro, cualquier peligro, el de nuestro prestigio, nuestra casa o nuestras comodidades e incluso nuestra vida, como en la Gruta de Getsemaní: «…Entonces los discípulos lo abandonaron y huyeron» (Mt. 26,56) ¿De qué huimos nosotros?

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