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Antonio Aradillas

¿Qué pasa con el Opus?

"No pocos cristianos de a pié se preguntan por qué no hay 'Opus' en otras Iglesias o religiones"

02 Sep 2017 - 11:15 CET
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(Antonio Aradillas).- «Por fas o por nefas» es expresión que se emplea con frecuencia en el idioma español, significando «por una causa o por otra». Expertos y académicos la hacen derivar de los tiempos originarios de la fundación del Imperio Romano, cuando su segundo rey, Numa Pompilio (715-672 a. C.), estableció la curiosa división de los días del año en «fastos» (de buenos presagios), y «nefastos» (malos presagios), cuyos apócopes reflejan las aludidas palabras.

Pues así, «por fas o por nefas», con inusitada, sorprendente y desconcertante menudeo y asiduidad, se nos hacen presentes en los medios de comunicación noticias relacionadas con el «Opus Dei», «Obra de Dios» por antonomasia. La última, que en parte suscita y justifica este comentario, es esta que acapara importantes titulares en los medios nacionales e internacionales: «La Caixa quita a Botín el negocio del ‘Popular’ con el ‘Opus’ y la Universidad de Navarra».

Desde mi posición profesional de exponente, intérprete y comentarista de cuanto acontece por esos mundos de Dios, terrenales o no, con humildad y con la simple, pulcra, clara y pura intención de esculcar la verdad de las cosas, convoco «a quienes corresponda», a que, con sabiduría y experiencia, respondan algunas de tantas preguntas como acerca del «Opus» se formulan los miembros del pueblo de Dios y de tantas otro orígenes o negociados.

De la letanía de entendidos y doctos en la materia, confusa y compleja por demás, pongo el acento en los teólogos, pastoralistas, economistas, obispos -con inclusión del de Roma-, sociólogos, catedráticos de universidad y otros centros, banqueros y bancarios, hagiógrafos, ascetas y místicos y cuantos pudieran y estuvieran dispuestos a iluminar de alguna manera los caminos que conducen al descubrimiento de la Verdad, en temas de tanta y tan relevante importancia, también eclesial.

¿Qué es eso del «Opus», de Dios, por más señas y significación? ¿Es Iglesia? ¿Es, o parece tener algo de secta, tal y como ronronean algunos? ¿Es el «Opus» una de las versiones legítimas más, existentes en la Iglesia, en la unidad- pluralidad que define a la inspirada y testimoniada por Jesús, con sus enseñanzas y ejemplos de vida? ¿Es, o será ella, la Iglesia del futuro, que presiente y predica el Papa Francisco? ¿Es, o fue, la Iglesia de añorados tiempos pretéritos?

¿Caben -cabemos- todos en el «Opus»-Iglesia? ¿Dispondrán en ella de idénticos asientos y sitiales, los ricos en bienes de fortuna, que los pobres? ¿Es libre el acceso a sus centros de estudio, con inclusión de los universitarios, todos los que quieran acceder a los mismos?

¿Por qué tantos, tan celosos y recelosos silencios alrededor de cuanto es o se relaciona directamente con el «Opus»? ¿Se trata de una mendaz apreciación, o responde a estrategias o misterios de tipo pastoral o empresarial? ¿Son y ejercen con aproximado fervor quienes se manifiestan enemigos, o poco amigos, del «Opus», que quienes proclaman ser sus amigos? ¿Está más sobrecargado el «Opus» de misterios no solo teológicos, sino también de los otros, que otras instituciones, organizaciones e entidades con las que pueda asemejarse de alguna manera, aún dentro de la misma Iglesia?

¿Es apreciación perversa la tan extendida de que los miembros, o afectos, al «Opus» han de aspirar de por sí, y aún conquistar, los más altos y apetecibles puestos y lugares en la «carrera eclesiástica», y en otras, precisamente apoyados en el argumento de servir a Dios, y así beneficiar al prójimo?.¿Tiene alguna consistencia la fama de misoginia que se les asigna al «Opus» con cuantos argumentos bíblicos y piadosos es ella presentada, practicada y urgida en sus libros adoctrinadores, hasta con carácter regular oficial?

¿Es injusta, condenable, y diabólica la creencia y proclamación por parte de muchos «ex Opus», de que entre sus muros, aspiraciones y normas, la excepción es regla general para ser y actuar dentro de la Iglesia, aportando sobre todo el argumento de la celeridad supra-canónica con la que algunos de sus miembros «ascendieron, o ascenderán, al honor de los altares»?

No pocos cristianos de a pié se preguntan por qué no hay «Opus» en otras Iglesias o religiones y, si este existiera, o pudiera existir, con qué movimientos hoy legalmente registrados, pudiera llegar a equipararse. Esta impresión merecería ser considerada y tenida en cuenta. A otros les extraña reduplicativamente el acentuado interés que manifiestan tener determinados miembros de la institución por seleccionar y acrecentar apellidos y procedencias relacionadas con la nobleza y con el poder, a ejemplo de su fundador.

Otros «se arman un lío de mucho cuidado» intentando averiguar si la Iglesia que encarna, o quiere encarnar el Papa Francisco, se parece a la del «Opus», mucho, poco o nada. Comprendo que es un tema de transcendencia insondable, dado que a quienes les asaltan tales dudas, es posible que no les tengan ya respeto y consideración a instituciones bancarias y a economías, recientes aún las noticias relacionadas con el ex Banco Popular. ¿Cómo y por qué, y cuales y cuantas, son las noticias en el entorno del «Opus», verdaderamente religiosas, y cuantas lo son ambigua e incuestionablemente económicas, políticas y sociales?

Todo un rosario de preguntas, con sus correspondientes misterios de dolor y de gozo, con la esperanza de que expertos en sus respuestas, hagan llegar estas a los lectores de RD, con diligencia, acierto y la gracia de Dios, seguros de contribuir a ilustrar los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad que, al margen o sobre los nombres y las siglas, es lo que importa y lo que hace ser Iglesia a la Iglesia, amén.

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