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Homilía en la inhumación del ex jefe del Estado

El sacerdote Ramón Tejero define a Franco como un ‘católico y español ejemplar’

Periodista Digital 25 Oct 2019 - 16:54 CET
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Sentido homenaje. El responso, oficiado por Santiago Cantera –prior de la Abadía del Valle de los Caídos–, previsto para el momento de la inhumación del general Francisco Franco, ha acabado por ser una misa presidida por el sacerdote Ramón Tejero, hijo del ex teniente coronel Antonio Tejero.

Un momento en el que, ya rodeados de todo tipo de símbolos referentes al franquismo, permitidos por el Ejecutivo de Pedro Sánchez al considerar que el panteón pertenece al ámbito familiar, ha comenzado una celebración en la que Tejero ha exaltado la vida de Franco, a quien ha definido como un «católico y español ejemplar», un «humilde servidor de Cristo Redentor, que supo donar en gratuidad su vida».

Si bien el sacerdote «no puede comprender la gran afrenta que algunos están haciendo con sus restos mortales», se ha mostrado convencido de que «él lo asumiría como un sacrificio más por Dios y por España», porque el general «era un cristiano de tal altura espiritual» que sabía descubrir, en palabras de san Mateo, «que no hay que temer a los que matan el cuerpo, pero sí a los que matan el alma, y por ello nosotros comprendiendo y asumiendo las palabras de Jesucristo, no nos asustamos de aquellos que profanan una tumba, pero si tememos a aquellos que pueden matar nuestra alma que a Dios pertenece».

«Quizás la rabia carcoma nuestro corazón», ha continuado, «pero no podemos consentir que estos hechos atroces endurezcan nuestro espíritu», sino dejar «que la fuerza del Espíritu divino vaya moldeando nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, para que, siendo testigos del amor de Dios, seamos como lo fue el Caudillo, constructores de un mundo nuevo que cimentado en los valores evangélicos se transforme en una verdadera Civilización del Amor».

«Desde la serenidad del alma plena de la gracia vamos a recordar a Su Excelencia como lo que fue en esta vida mortal, un Bienaventurado», ha apuntado Tejero, quien ha defendido que Franco «supo asumir ante Dios la pequeñez y la pobreza de su corazón, porque era pobre de espíritu, y como aquellos deportados de Babilonia, anhelaba constantemente el reencuentro con el Dios del amor».

Para Tejero, Franco es «Bienaventurado por su sencillez y humildad en la entrega sacrificial a la Fe perseguida, a la Patria amada y a su familia», y porque «su hambre y sed de justicia que fue guía de su ser», por su «compasión y entrega a los más desfavorecidos en momentos de extrema necesidad, por implantar la Justicia Social en nuestra Patria, por dar trabajo, vivienda y sanidad a todos».

«Bienaventurado por la paz que nos entregó y mantuvo a lo largo de tantos años, una Paz que llevó a la Reconciliación que algunos pretenden destruir», ha apuntado el sacerdote. «Dichoso por haber sido perseguido por causa de la justicia, durante toda su vida y ahora en su muerte», ha subrayado quien, además, ha deseado «la Gloria a aquellos mártires que han regado con su sangre las tierras de nuestra Patria por amor a Cristo, y que la Iglesia proclama oficialmente como tales. Ahora pasadas las contiendas pueden contemplarse en el gozo del cielo cara a cara».

Tejero ha recalcado que «por todo esto, a pesar de tener que volver a inhumar los restos de Francisco Franco, el gozo de saber y sentir que ya goza de la Patria Celeste, nos ayuda a serenar el espíritu y nos mueve a dar gracias a Dios por el Don de este Soldado de Cristo que donó en gratuidad su vida por Dios y por España». Y ha terminado: «Damos infinitas gracias a Dios por él, por Francisco Franco. Amén».

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