Por fin.
Porque es de justicia.
Su Santidad el Papa León XIV llegará a España en junio de 2026, marcando su primera visita al país desde la histórica presencia de Benedicto XVI durante la Jornada Mundial de la Juventud celebrada entre el 18 y el 21 de junio en 2011. El actual Papa corrige así el desprecio que su antecesor, Bergoglio, dedicó a nuestro país al no visitarlo ni una sola vez durante todo su reinado.
Fuentes vinculadas al Vaticano han confirmado que el recorrido incluirá paradas en Madrid, Barcelona y Santiago de Compostela, con posibilidades de añadir más localidades relacionadas con efemérides significativas.
La agenda se centra especialmente en el 10 de junio de 2026, fecha que conmemora el centenario del fallecimiento de Antoni Gaudí.
En Barcelona, se espera que León XIV presida actos en la emblemática Sagrada Familia, donde podría llevarse a cabo la beatificación del famoso arquitecto, impulsada por la diócesis y el gobierno regional catalán. La capital española, por su parte, será escenario de una Eucaristía masiva, similar a aquella celebrada en 2011 que atrajo a más de un millón de fieles, además de encuentros con figuras como Su Majestad el Rey Felipe VI y Pedro Sánchez.
La elección de Santiago de Compostela se justifica por su rica tradición religiosa, aunque el Año Santo se celebrará en 2027; este viaje sigue la estela marcada por las visitas de Juan Pablo II (1982, 1989) y Benedicto XVI (2010).
El Papa, cuyo nombre bautismal es Robert Prevost, tiene un profundo conocimiento de España. Como superior agustiniano ha estado en ciudades como Madrid, Ávila, Málaga, Sevilla, Bilbao, Valladolid, Palencia y León. En 2024, ya como Cardenal, firmó un documento en la casa natal de Santa Teresa en Ávila. El Rey don Felipe VI fue quien solicitó su visita el día de su elección, el 18 de mayo de 2025; esta petición fue reiterada por el alcalde de Madrid el 29 de diciembre de 2025.
Preparativos en marcha
Una cumbre programada para el 9 de enero de 2026 en el Vaticano reunirá a destacados cardenales como Juan José Omella, José Cobo, y al arzobispo Luis Argüello, para definir los últimos detalles del viaje. Se está considerando una llegada anticipada a Madrid para llevar a cabo recepciones oficiales y actividades con clérigos, jóvenes y seminaristas. Además, este año se celebra el 60 aniversario de la Conferencia Episcopal Española, lo que podría incluir una visita especial a su sede.
Otras ciudades también están interesadas en ser parte del itinerario. Por ejemplo, se menciona a Toledo debido al octavo centenario de su Catedral Primada. Asimismo, están las propuestas desde Salamanca, donde se conmemora el quinto centenario del legado de Francisco de Vitoria; así como las solicitudes provenientes de ciudades como Ávila, Segovia y Úbeda (Jaén), que celebran tres siglos desde la canonización de San Juan de la Cruz como Doctor de la Iglesia. No se descarta tampoco una parada en Mayorga (Valladolid), vinculada a la figura de Santo Toribio de Mogrovejo, patrón especial para los obispos latinoamericanos y cuya conexión personal con León XIV proviene del tiempo que pasó en Perú.
El nuevo nuncio apostólico, Piero Pioppo, ya ha presentado sus credenciales al Rey, siguiendo instrucciones directas del Papa para renovar el episcopado español y mejorar las relaciones con el Gobierno. Además, cabe destacar que un encuentro reciente entre Salvador Illa—primer político español en reunirse con el Papa—y representantes tanto del Gobierno como de la Casa Real ha servido para extender una invitación oficial al Pontífice.
Contraste con predecesores
La historia reciente nos muestra que Juan Pablo II visitó España hasta cinco ocasiones. Su primera gira (1982) abarcó un total impresionante de 18 ciudades: desde las grandes urbes como Madrid y Barcelona hasta localidades emblemáticas como Ávila o Toledo. En sus posteriores visitas presidió eventos significativos como la JMJ en Santiago y Oviedo (1989), así como un Congreso Eucarístico en Sevilla (1993), donde también canonizó a varios santos.
Por otro lado, las visitas realizadas por Benedicto XVI fueron tres: Valencia (2006), Santiago y Barcelona (2010) donde consagró la Sagrada Familia; además estuvo presente en Madrid durante la JMJ (2011). En contraste absoluto está el caso de Bergoglio, quien nunca ha puesto pie en España pese a los numerosos desafíos políticos que han marcado su mandato y pese a que era originario de un país hermano de España como es Argentina. Además, el pontificado de este hombre estuvo marcado por polémicas por su proximidad a dictaduras hispanoamericanas.
Entre los católicos venezolanos, Bergoglio provocó rechazo al recibir en el Vaticano al dictador Nicolás Maduro. Y la prueba de que esa recepción no era lo adecuado, es que el propio Vaticano trató de venderla como una «visita privada».
Hasta el expresidente español Felipe González lamentó que «nunca se mojó lo suficiente». Aunque finalmente Bergoglio criticó tardíamente las irregularidades electorales y actos represivos tras filtrar una carta dirigida al dictador venezolano. En Cuba impulsó un deshielo diplomático hacia Estados Unidos y logró ciertas liberaciones parciales pero mantuvo una “relación humana” con el dictador Raúl Castro tras los sucesos del 11J. En Nicaragua no tuvo reparos al calificar al régimen orteguista como “una dictadura grosera”, especialmente tras la expulsión del nuncio e incluso logró liberar al monseñor Rolando Álvarez.
Este tipo de posturas han suscitado controversia. Durante su tiempo en Argentina bajo Videla se acusó a Bergoglio de no intervenir ante el secuestro dos jesuitas; sin embargo defensores como Adolfo Pérez Esquivel resaltan gestiones discretas llevadas a cabo por él durante esos años oscuros.
Con León XIV parece que el Vaticano vuelve a considerar a España como se merece, al ser el país que más ha extendido la Fé católica por el mundo y que a lo largo de la Historia más ha defendido al propio Vaticano. Por ello, el Papa actual ha marcado esa diferencia con su antecesor, visitando nuestro país y poniendo el énfasis en resaltar la herencia católica y las conmemoraciones sin entrar en las tensiones políticas que caracterizaron al pontificado anterior.
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