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SOSTIENE QUE SE ENCUENTRA MÁS ALLÁ DEL UNIVERSO OBSERVABLE

Michel Guillén, físico de Harvard, asegura haber localizado el Cielo

El profesor fusiona la cosmología contemporánea con interpretaciones religiosas para situar el cielo en una zona inalcanzable donde el tiempo se detendría

Fernando Veloz 21 Feb 2026 - 10:48 CET
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El Cielo es, para la fe cristiana, el estado definitivo de felicidad plena y comunión eterna con Dios.

No se trata de un lugar físico en las nubes ni de un paraíso material con mansiones y banquetes, sino de una realidad sobrenatural donde las personas que mueren en gracia.

Pues prepárense para un salto porque, porque hay quien sostiene y con muchos datos, que lo ha localizado.

Michael Guillén, físico y antiguo profesor de la Universidad de Harvard, ha lanzado una propuesta que ha causado un gran revuelo en las últimas semanas: el cielo está más allá del Horizonte Cósmico, que es el límite observable del universo.

Su hipótesis entrelaza descubrimientos de la cosmología actual con relatos bíblicos, creando un vínculo inusual entre ciencia y fe que ha reavivado un debate antiguo sobre el papel de la física en las creencias religiosas.

Guillén basa su razonamiento en hallazgos bien consolidados. Comienza con la Ley de Hubble, formulada por el astrónomo Edwin Hubble en 1929, que demostró que el universo se expande constantemente.

A mayor distancia de una galaxia respecto a la Tierra, más rápido se aleja.

Este patrón de expansión cósmica lleva a un umbral crucial: hay un punto donde la velocidad de recesión iguala a la velocidad de la luz, aproximadamente 186.000 millas por segundo. Según los cálculos realizados por Guillén, este límite se sitúa a unos 273 mil billones de millas, lo que equivale a 439.349.819.999.999.950.000.000 kilómetros desde nuestro hogar planetario.

Un lugar donde el tiempo se detiene

Lo que hace especialmente fascinante esta propuesta es la peculiaridad que Guillén le atribuye a ese horizonte: el tiempo se detiene.

Apoyándose en la teoría de la relatividad de Einstein, sostiene que en ese punto crítico, la temporalidad desaparece por completo. No habría pasado, presente ni futuro. Por tanto, esta región sería completamente inaccesible para cualquier ser humano, ya que ningún objeto material puede alcanzar la velocidad de la luz, un principio esencial en la física moderna.

El físico sugiere que más allá de ese horizonte existiría un ámbito habitable únicamente para entidades inmateriales, como la luz o realidades atemporales. Además, plantea que todo lo que esté más allá de ese límite podría ser anterior incluso al Big Bang, es decir, antes del nacimiento del universo tal como lo conocemos.

En su interpretación, esa zona inaccesible coincide con las descripciones bíblicas sobre diferentes cielos: desde nuestra atmósfera hasta el espacio exterior y una morada superior donde reside Dios.

Reacciones y polémicas en el ámbito científico

La comunidad científica ha recibido esta propuesta con cierto escepticismo.

El aspecto más debatido es precisamente esa afirmación sobre el tiempo detenido. En relatividad, las aseveraciones sobre un tiempo estático dependen del observador y del sistema de coordenadas utilizado. Es similar a lo que ocurre con los agujeros negros: para quien observa desde lejos, un objeto parece ralentizarse al acercarse al horizonte; sin embargo, para quien está cayendo hacia él, no experimenta nada extraordinario con su propio tiempo.

Los expertos advierten que es sencillo transformar un límite observacional en una narrativa intuitiva pero errónea sobre barreras absolutas del tiempo.

Guillén reconoce que su propuesta tiene un carácter especulativo: aunque la ciencia permite considerarla, aún no hay forma de probarla definitivamente. El investigador defiende que «es completamente razonable pensar que está allá arriba», refiriéndose a ese dominio físico inaccesible pero compatible con ciertas interpretaciones religiosas.

El cielo según diversas tradiciones religiosas

La concepción del cielo varía notablemente entre las diferentes creencias religiosas. Para el cristianismo, representa un espacio eterno de paz y recompensa divina donde los fieles se reencontrarán con sus seres queridos.

El islam describe el paraíso como un lugar colmado de abundancia y felicidad eterna para quienes se someten a Dios.

En el judaísmo, existen visiones más diversas, mientras que tanto el hinduismo como el budismo abordan conceptos de reencarnación y estados elevados de iluminación espiritual.

El tengriismo, religión ancestral de las tribus nómadas de Asia Central, veneraba a Tengri, conocido como «Eterno Cielo Azul», como creador supremo y guardián del equilibrio cósmico.

Hoy en día, el cristianismo sigue siendo la mayor religión mundial, representando un 31,2% de la población global, seguido por el islam con un 24,1%.

Estas cifras subrayan la importancia cultural que tienen las distintas visiones del cielo en nuestra cosmovisión.

Datos curiosos sobre esta teoría

Un detalle sorprendente es que Guillén estima el Horizonte Cósmico a una distancia tan colosal que resulta casi incomprensible: 439 septillones de kilómetros.

Para poner esto en perspectiva, la luz tardaría miles de millones de años en recorrer tal distancia. Otro aspecto intrigante es su sugerencia acerca de realidades previas al Big Bang existiendo más allá del horizonte mencionado; esto desafía nuestra comprensión sobre el tiempo y la causalidad misma.

Guillén también fue exeditor científico en ABC News, combinando su formación en física, matemáticas y astronomía con una visión teológica poco común dentro del ámbito científico contemporáneo.

La hipótesis planteada por Guillén continúa siendo materia especulativa informada; es un espacio donde la cosmología moderna se encuentra con preguntas eternas sobre nuestra existencia en un horizonte aún inalcanzable.

¿Cómo es el Cielo para los cristianos?

No sería un destino geográfico, sino la presencia inmediata y transformadora de Dios, el hogar definitivo donde el ser humano encuentra por fin su sentido pleno.

En palabras del Catecismo:

«El cielo es la bienaventuranza eterna de aquellos que mueren en la gracia y la amistad de Dios» (CIC 1023).

¿Dónde está el Cielo?

No está “arriba” en el sentido astronómico.

La Iglesia enseña que el Cielo no es un lugar espacial dentro del universo creado, sino una dimensión de existencia distinta: el ámbito divino donde Dios “está” en plenitud.

Se habla simbólicamente de “cielo arriba” porque en la mentalidad bíblica el cielo era lo elevado, lo trascendente. Pero la teología actual aclara:

El Cielo no está ni en las estrellas ni en otra galaxia.

Está más allá del espacio y del tiempo; es la realidad última a la que accede el alma (y luego el cuerpo resucitado) cuando Dios la introduce en su propia vida divina.

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