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«Cuando pasabas a la habitación del cura, uno sabía que ahí él se bañaba con sus ‘amigos’, que los acariciaba y que les tocaba los genitales. Y eso lo sabían las autoridades de la Iglesia «. Así lo aseguró en diálogo exclusivo con Clarín el primer testigo en la causa por «corrupción de menores agravada» en la que se investiga la conducta del sacerdote Justo Ilarraz, que fuera prefecto del Seminario Menor de Paraná entre 1984 y 1992.
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