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En su residencia de ancianos le llaman "el santo en vida"

Monseñor Buxarrais, operado en Barcelona de la cadera y del fémur

Ha formado una pequeña comunidad de 10 personas

03 Jun 2012 - 18:44 CET
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(Enrique Delgado).- Monseñor Ramón Buxarrais ha sido operado ayer de la cadera y del femur en la clínica del Vall d´Hebrón. Es la herencia física que arrastra desde su etapa en las misiones de Chile y Argentina en la década 1957-1967 y que le obligaron a abandonar el monasterio en donde había decidido ingresar.

Tras regresar a España y recuperada la salud en Barcelona, su vida eclesiástica sufre un gran vuelco al ser nombrado Obispo de Zamora, en donde permanecerá entre 1971 y 1973.

Este último año es designado Obispo de Málaga, Diócesis en la que permanecerá casi dos décadas, hasta 1991, fecha en la que le es aceptada la renuncia a la sede episcopal malacitana, por los problemas de salud que no habían dejado de aquejarle y por la carga espiritual que suponía la Diócesis de Málaga y que ya difícilmente soportaba.

Su intención fue siempre dedicarse a la vida contemplativa y a la cercanía de los necesitados, cosas que encontró en Melilla, la ciudad que define como su: «Monasterio y el Centro Asistencial como su claustro». Entre sus libros destaca uno que tituló como «Confesiones de un obispo que no quiso serlo«.

Monseñor Buxarrais, del signo de Sagitario, cuanta ya con 82 años cumplidos. Hasta el mes de noviembre del año pasado, estaba auxiliado por la comunidad de monjas de Las Hijas de La Caridad, pero tras abandonar éstas sorpresivamente la ciudad, tras casi un siglo de presencia, monseñor Buxarrais quedó en soledad religiosa, que no personal, pues comparte su vida con los 160 ancianos allí residentes, en donde es venerado como un «santo en vida».

Desde que se marcharan las religiosas, Monseñor Buxarrais ha oficiado misa diariamente a las 10 de la mañana, en donde solo se ha ausentado brevemente para recibir sesiones de rehabilitación en Barcelona. Este invierno ha sido duro en Melilla, frío y húmedo como no se recordaba hacía mucho tiempo.

Sin embargo, el obispo emérito Buxarrais de la Diócesis de Málaga, junto con Antonio Dorado Soto, apenas ha faltado al oficio de sus misas, sin importarle que a veces solo hubiera una persona como asistente.

En este medio año, ha formado una pequeña comunidad de 10 personas, casi todas mujeres y que le acompañan en el oficio diario de la santa misa, que para «el padre Ramón», como es conocido en Melilla: «No supone sacrificio alguno, sino un regalo de Dios, una oportunidad para estar con él».

Otra de las características de estas misas, es que monseñor Buxarrais siempre oficia auxiliado por mujeres, tanto como lectoras de las escrituras, salvo el evangelio, como en las labores de acólitas. Toda una revolución litúrgica.

Desde hace tiempo, el actual Obispo de Málaga Monseñor Catalá Ibáñez le tiene ofrecida la residencia para sacerdotes del «Buen Samaritano», pero mientras pueda valerse por sí mismo, él prefiere seguir en Melilla, o lo más cerca de ella posible.

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