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(José Manuel Vidal).- Misa del pueblo en la iglesia madrileña de los Reyes. Sones criollos argentinos en el templo de la coronación del rey Juan Carlos ante el cardenal Tarancón. En una eucaristía presidida por el Padre Ángel, la misa criolla, obra universal de Ariel Ramírez, sonó ayer con toda su fuerza y su embrujo en la parroquia madrileña de San Jerónimo el Real en la extraordinaria fusión de ‘Vientos del Sur’ y ‘Cantoría’, un grupo y una coral de Jaén.
El fundador de Mensajeros de La Paz estuvo acompañado en el altar por Julio Millán y José Vicente Rodríguez, dos curas de la ONG. Casi a la misma hora, en el Vaticano, el papa Francisco presidía la fiesta de la Virgen de Guadalupe con los mismos sones de la misa criolla de Ariel Ramírez.
Tras el Kyrie, interpretaron el Gloria, una de las más conocidas partituras de la misa, que marca el ritmo de una de las danzas más populares de argentina.
En la homilía, el padre ángel comenzó recordando a Pedro, el vendedor de pañuelos de Sevilla que devolvió una cartera que se había encontrado con más de 25.000 euros, al que puso como ejemplo de honestidad, honradez y solidaridad de los emigrantes.
La cara bonita de la emigración y de la Navidad. «Pero una Navidad que, si se quedara sólo en palabras bonitas y tarjetas preciosas, sería una Navidad demasiado pobre. En cada una de nuestras felicitaciones debe ir un corazón entregado y gozoso», indicó el Padre Ángel. Y, como hace siempre, citó al Papa Francisco cuando dice «todavía no hay lugar para ellos ni en Belén ni en Lampedusa«.
Y el sacerdote añadió un nombre más, un sitio reciente, icono de tragedia y exclusión. Y, con aires de denuncia profética, habló de esa realidad de cara amarga, triste y desoladora de los 27 emigrantes desaparecidos cerca de la costa de Almería.
«Dejad que me desahogue un poco en este templo precioso. Dejadme llorar y clamar al cielo y a los políticos. ¡No es posible que, pasados ya tantos días, todavía no se sepa nada de las 27 personas desaparecidas, entre ellas 7 niños!», clamaba el Padre Ángel.
«He estado en Almería, he tocado con mis manos a las madres que se salvaron y se me encogía el corazón cada vez que me preguntaban por sus bebés desaparecidos y no podía contestarles nada. Pregunté a las autoridades, a la Junta, a la Cruz Roja y nadie sabía nada. Y seguimos sin saber nada», añadió.

Y es que «una vez más la historia se repite. Para éstos no hay sitio ni siquiera en el cementerio. Esas pobres madres ni siquiera han podido recuperar los cadáveres de sus hijos, para darles reposo. El mar es su único cementerio. Por eso, os pido que hagamos un hueco especial para ellos en nuestros corazones estas Navidades».
Y tras la denuncia, el anuncio. El Padre Ángel recuerda, con un poema del obispo Casaldáliga, que sigue habiendo «navidad, en la paz de la esperanza, en la vida compartida, en la lucha solidaria». Por último, invita a los presentes (la iglesia estaba abarrotada) a pasarse por el nacimiento solidario que Mensajeros ha instalado en la capilla de la Soledad de la calle Fuencarral de Madrid. Y visitar el belén reinvindicativo, que recuerda «a los que arriesgan sus vidas, para huir de la hambruna y buscar su sueño de una tierra prometida»
Terminada la homilía, la música de Ariel Ramírez de nuevo, con el Credo al Cristo obrero con aire de chacarera trunca, un ritmo obsesionante, casi exasperado de la región de Santiago del Estero. Tras la colecta, dedicada a los comedores sociales de Mensajeros, el Sanctus sobre uno de los ritmos más bellos del folclore boliviano, para aclamar la gloria que llena los cielos y la tierra.
Y tras el rito de La Paz, el Agnus Dei, la última pieza de la misa criolla. Una pieza de de estilo pampeano íntimo, tierno y a la vez solemne.
Una vez concluida la eucaristía, el nutrido grupo de cantores y músicos bajó del coro y desde la escalinata del presbiterio ofreció la segunda parte de su concierto, que comenzó con la repetición del Gloria que, cantado desde las gradas del presbiterio, sonó realmente a gloria en el magnífico templo madrileño.
A continuación, los villancicos de la ‘Navidad nuestra’, desde ‘La anunciación’ al ritmo chamamé o ‘La peregrinación’ a la huella pampeana y con un estribillo que dice «mi niño está viniendo, háganle sitio».
Después, ‘El nacimiento’ al ritmo de una vidala catamarqueña, ‘Los pastores’ al estilo de chaya riojana o ‘Los reyes magos’ al estilo takirari con letra que refleja costumbres criollas : «arrope y miel le llevarán y un poncho blanco de alpaca real».

Y para terminar, ‘La huida’, una vidala tucumana que reza así: «Ya está sangrando el puñal, si no te apuras nos van a pillar». Y la ovación, cerrada, sentida y profunda llenó por completo las amplias naves de San Jerónimo. El padre Ángel agradeció de nuevo a la coral Cantoría y al grupo Vientos del Sur sus «bellas interpretaciones que hacen vibrar los corazones y elevan el espíritu«. Y es que la música cuando es buena y está bien interpretada lleva a Dios. Y el fundador de Mensajeros de la Paz concluyó: «Gracias de verdad y recordad que, entre todos, podemos hacer un mundo mejor»

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