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Una solución definitiva para Palestina. Éste es el objetivo de muchos para la Asamblea General de Naciones Unidas que se celebra en Nueva York. Entre las propuestas, la «solución Vaticano«, consistente en aceptar su entrada en la ONU como «un estado no miembro con estatus de observador«.
Un país que todavía no existe como tal protagonizó la Asamblea General de la ONU de hace un año. Palestina todavía no es un Estado, pero el año pasado se impuso en la agenda del mayor foro internacional del que forman parte 193 Estados con su solicitud de ser aceptado como miembro pleno. No tuvo éxito, pero este año el presidente Mahmud Abbas volverá a intentarlo de forma más hábil, lo que podría hacer sudar a más de uno.
El año pasado, superó la primera ronda del proceso. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, entregó cual patata caliente horas después de recibirlo a la segunda instancia: el Consejo de Seguridad, donde el escrito permanece en «el congelador», según palabras de un diplomático.
La tercera instancia sería la Asamblea General en la que cada país tiene un voto, no importa cuán grande o poderoso sea.
En círculos diplomáticos se denomina la solución Vaticano, porque la Santa Sede es el único miembro de la ONU que tiene ese estatus. Eso no significa que sea miembro sino «un Estado no miembro con estatus de observador».
Y lo que se puede hacer con ese estatus es una cuestión de acuerdos de derecho internacional. Lo importante tanto para Estados Unidos como para Israel es que no tenga tanto peso como un miembro pleno. Y lo importante para los palestinos es que pueda conseguir más de lo que tiene hasta ahora. Por ejemplo, que pueda intervenir en el debate de la Asamblea General. Alemania, por ejemplo, conoce bien ese estatus, pues durante la división del país ambas naciones alemanas tuvieron ese estatus hasta su ingreso en 1973.
Sin embargo Abbas está considerado un estratega con el no que puede bromear. En la Asamblea General la voz de Tuvalu o las Maldivas tiene el mismo peso que Francia, Canadá o Rusia. Pero en una votación pública, cada voto de un país occidental sería un nuevo impulso para el gran objetivo: ser miembro pleno.
(Rd/Agencias)
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