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El presidente albanés reconoce la labor heroica de los mártires cristianos frente al comunismo

Francisco denuncia a los grupos extremistas que «ponen a Dios como pretexto para la violencia»

Napolitano: "Su visita será un gran consuelo a todos los que dedican sus vidas a la promoción del diálogo y de la paz"

Jesús Bastante 21 Sep 2014 - 09:53 CET
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(J. Bastante).- Francisco se encontró esta mañana con el presidente de Albania, Bujar Nishani, en el palacio presidencial de Tirana. El pontífice llegó rodeado de una marea de gente, que a partir de las once participará en una multitudinaria Eucaristía en la plaza de Madre Teresa. «A la globalización del mercado es necesario responder con una globalización de la solidaridad«, clamó el Papa.

Durante el camino, Francisco -quien es trasladado en un Volskwagen gris– fue saludando a todos los presentes, con quienes se encontrará en unos minutos. Las calles de Tirana están engalanadas con las banderas de ambos países, y las avenidas con grandes carteles con los rostros de sacerdotes y religiosos albaneses asesinados por la dictadura comunista.

El dicurso de Nishani comenzó agradeciendo la presencia «histórica» de Francisco en Albania, un país que ha superado «las persecuciones» y que «hoy acoge a todas las religiones». «Nunca intolerancia, nunca violencia, nunca terrorismo. Armonía entre todos, como garantiza nuestra Constitución», señaló el presidente.

«El comunismo intentó destruir la antropología humana, e imponer el ateísmo», añadió, emocionado, reivindicando el papel de los mártires cristianos durante la dictadura. En un parlamento intenso pero demasiado largo, Bujar Nishani recordó a los anteriores papas que visitaron el país, y que defendieron -especialmente Juan Pablo II- a los cristianos «frente al ateísmo y el totalitarismo» e hicieron posible «la democracia».

Por su parte, el Papa mostró su alegría por estar «en la noble tierra de Albania, tierra de héroes que han sacrificado su vida», y «tierra de mártires, que han testimoniado su fe en tiempos difíciles». «Vuestro país es la tierra de águilas», señaló el pontífice.

Francisco aplaudió las iniciativas y la apertura a los cambios en la Europa del último medio siglo. «La libertad reencontrada permite mirar al futuro con esperanza, emprender proyectos y llevar a cabo relaciones de amistad con el resto de países».

«El respeto a los derechos humanos, entre los que se encuentra la libertad religiosa, es una condición preliminar para el progreso de un país. Cuando la dignidad del hombre se respeta y garantiza, aumenta la creatividad y la interdependencia a favor del bien común».

«Me alegro particularmente -continuó el Papa- por la convivencia pacífica y la colaboración entre las diversas religiones. El clima de respeto y confianza recíproca entre católicos, ortodoxos y musulmanes, es un bien precioso para el país, y una seña para el futuro, cuando grupos extremistas distorsionan e instrumentalizan el verdadero espíritu religioso, convirtiéndolo en un peligroso factor de violencia».

«No se puede poner a Dios como pretexto para la violencia. Las religiones no son un pretexto para atacar la dignidad del hombre. Pido el respeto para la vida y la libertad religiosa de todos», añadió Francisco, quien incidió en que la convivencia religiosa «no sólo es deseable, sino realmente posible y practicable». Así se demuestra en Albania, «un bien inestimable para la paz y el desarrollo de un pueblo, un valor que se incrementa cada día con la educación al respeto a la diferencia y la específica identidad, y colaboración para el bien de todos».

«Es un don, que siempre pedimos en oración. Que Albania pueda seguir siendo ejemplo para muchos países», concluyó el Papa, quien reivindicó la llegada de «la primavera de la libertad». «Se ha consolidado el pluralismo democrático», añadió el Papa, quien recordó a la beata Teresa de Calcuta.

«En un mundo que tiende a la globalización económica y cultural, debemos hacer un esfuerzo para que las riquezas sean puestas a disposición de todos, y no sólo a una parte de la población. A la globalización del mercado es necesario responder con una globalización de la solidaridad, un mayor respeto de lo creado». Y «lo primero de todo, la familia».

 

 

Antes de llegar a Albania, el Papa envió el tradicional telegrama al presidente de Italia, Giorgio Napolitano, quien destacó la importancia del viaje papal para quienes «dedican sus vidas, aún a costa de sacrificios dolorosos, a la promoción del diálogo y de la paz«.

«En el momento en que estoy a punto de salir para el viaje apostólico a la República de Albania, me complace expresarle a usted, señor presidente, y a todos los italianos mi más afectuoso saludo y mis mejores deseos, que acompaño con cada esperanza cordial y orante de paz y serenidad», decía el mensaje del papa al presidente de Italia, según informó el Vaticano.

Napolitano ha agradecido al obispo de Roma su misiva y le ha asegurado que «la comunidad internacional observa con gran interés su misión» en Albania, el país que ya acogió al santo Juan Pablo II en 1993.

«(Es) la primera (visita de un papa) en veintiún años a un país que se ha embarcado ya en un virtuoso camino de consolidación de la democracia y de acercamiento a la familia europea y a sus valores«, escribe Napolitano.

«Estoy seguro de que su visita -añade- será de gran consuelo para todos los que en Albania, y no sólo (en ese país), dedican sus vidas, aún a costa de sacrificios dolorosos, a la promoción del diálogo y de la paz en una región en la que todavía existen tensiones no resueltas».

 

Éste fue el discurso del Papa:

Señor Presidente
Señor Primer Ministro
Distinguidos Miembros del Cuerpo Diplomático
Excelencias, Señoras y Señores
Estoy muy contento de encontrarme con ustedes en esta noble tierra de Albania, tierra de héroes, que sacrificaron su vida por la independencia del país, y tierra de mártires, que dieron testimonio de su fe en los tiempos difíciles de la persecución. Les agradezco la invitación a visitar su patria, llamada «tierra de las águilas», y por su festiva acogida. Ha pasado ya casi un cuarto de siglo desde que Albania ha encontrado de nuevo el camino arduo pero apasionante de la libertad. Gracias a ello, la sociedad albanesa ha podido iniciar un camino de reconstrucción material y espiritual, ha desplegado tantas energías e iniciativas, se ha abierto a la colaboración y al intercambio con los países vecinos de los Balcanes y del Mediterráneo, de Europa y de todo el mundo. La libertad recuperada les ha permitido mirar al futuro con confianza y esperanza, poner en marcha proyectos y tejer nuevas relaciones de amistad con las naciones cercanas y lejanas.
El respeto de los derechos humanos, entre los cuales destaca la libertad religiosa y de pensamiento, es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común.
Me alegro de modo especial por una feliz característica de Albania, que debe ser preservada con todo cuidado e interés: me refiero a la convivencia pacífica y a la colaboración entre los que pertenecen a diversas religiones. El clima de respeto y confianza recíproca entre católicos, ortodoxos y musulmanes es un bien precioso para el país y que adquiere un relieve especial en este tiempo en que, de parte de grupos extremistas, se desnaturaliza el auténtico sentido religioso y en que las diferencias entre las diversas confesiones se distorsionan e instrumentalizan,
haciendo de ellas un factor peligroso de conflicto y violencia, en vez de una ocasión de diálogo abierto y respetuoso y de reflexión común sobre el significado de creer en Dios y seguir su ley. Que nadie piense que puede escudarse en Dios cuando proyecta y realiza actos de violencia y abusos. Que nadie tome la religión como pretexto para las propias acciones contrarias a la dignidad del hombre y sus derechos fundamentales, en primer lugar el de la vida y el de la libertad religiosa de todos.
Lo que sucede en Albania demuestra en cambio que la convivencia pacífica y fructífera entre personas y comunidades que pertenecen a religiones distintas no sólo es deseable, sino posible y realizable de modo concreto. En efecto, la convivencia pacífica entre las diferentes comunidades religiosas es un bien inestimable para la paz y el desarrollo armonioso de un pueblo. Es un valor que hay que custodiar y hacer crecer cada día, a través de la educación en el respeto de las diferencias y de las identidades específicas abiertas al diálogo y a la colaboración para el bien de todos, mediante el conocimiento y la estima recíproca. Es un don que se debe pedir siempre al Señor en la oración. Que Albania pueda continuar siempre en este camino, sirviendo de ejemplo e inspiración para muchos países.
Señor Presidente, tras el invierno del aislamiento y las persecuciones, ha llegado por fin la primavera de la libertad. A través de elecciones libres y nuevas estructuras institucionales, se ha consolidado el pluralismo democrático que ha favorecido también la recuperación de la actividad económica. Muchos, movidos por la búsqueda de trabajo y de mejores condiciones de vida, sobre todo al comienzo, tomaron el camino de la emigración y contribuyen a su modo al progreso de la sociedad albanesa. Otros muchos han descubierto las razones para permanecer en su patria y construirla desde dentro. El trabajo y los sacrificios de todos han contribuido a mejorar las condiciones generales.
La Iglesia católica, por su parte, ha podido retomar una existencia normal, restableciendo su jerarquía y reanudando los hilos de una larga tradición. Se han edificado o reconstruido lugares de culto, entre los que destaca el Santuario de la Virgen del Buen Consejo en Scutari; se han fundado escuelas e importantes centros educativos y de asistencia, para toda la ciudadanía. La presencia de la Iglesia y su acción es percibida justamente como un servicio no sólo para la comunidad católica sino para toda la Nación.
La beata Madre Teresa, junto a los mártires que dieron testimonio heroico de su fe -a ellos va nuestro reconocimiento más alto y nuestra oración- ciertamente se alegran en el Cielo por el compromiso de los hombres y mujeres de buena voluntad para que florezca de nuevo la sociedad y la Iglesia en Albania.
Sin embargo, ahora aparecen nuevos desafíos a los que hay que responder. En un mundo que tiende a la globalización económica y cultural, es necesario esforzarse para que el crecimiento y el desarrollo estén a disposición de todos y no sólo de una parte de la población. Además, el desarrollo no será auténtico si no es también sostenible y ecuo, es decir, si no tiene en cuenta los derechos de los pobres y no respeta el ambiente. A la globalización de los mercados es necesario que corresponda la globalización de la solidaridad; el crecimiento económico ha de estar acompañado por un mayor respeto de la creación; junto a los derechos individuales hay que tutelar los de las realidades intermedias entre el individuo y el Estado, en primer lugar la familia. Albania afronta hoy estos desafíos en un marco de libertad y estabilidad que hay que consolidar y que representa un buen augurio para el futuro.
Agradezco cordialmente a cada uno por la exquisita acogida y, como hizo san Juan Pablo II, en abril de 1993, invoco sobre Albania la protección de María, Madre del Buen Consejo, confiándole las esperanzas de todo el pueblo albanés. Que Dios derrame sobre Albania su gracia y su bendición.

 

 

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