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Un gran ‘Juli’ sale por la Puerta Grande con el presidente en contra

Periodista Digital 24 May 2007 - 08:38 CET
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(Juan Miguel Núñez/EFE).- Dos orejas para ‘El Juli’, con la correspondiente Puerta Grande, y eso que el presidente le ‘quitó’ otro trofeo, más sendas orejas también para Uceda Leal y José María Manzanares, resumen una gran corrida, en la que los toros de Victoriano del Río jugaron asimismo un destacado papel.

Ganadería: Cinco toros de Victoriano del Río y uno, el primero de Ganadería de Toros de Cortés, del mismo encaste y casa ganadera. Corrida bien presentada, brava y noble, con tres extraordinarios toros —primero, segundo y sexto—; tercero y cuarto, más apagados; y el quinto aunque moviéndose, obligó mucho.

José Ignacio Uceda Leal: estocada (una oreja); y estocada (ovación).

Julián López ‘El Juli’: estocada (una oreja con fuerte petición de la segunda, dos vueltas al ruedo y bronca al «palco» por denegar el trofeo); y pinchazo y estocada (una oreja).

José María Manzanares: estocada (palmas); y estocada (una oreja).

Incidencias: En cuadrillas, Juan José Trujillo saludó tras banderillear al sexto, al que lidió muy bien Curro Javier. También José Antonio Carretero fue muy aplaudido por un gran par al quinto. Y a caballo, Israel de Pedro picó muy bien al cuarto, moviendo el caballo con torería. Lleno de «no hay billetes» en tarde desapacible, con viento y agua, al comienzo del festejo, pero sujetándose las nubes, sin llegar a romper en tormenta.

La feria está que arde. Después del doble acontecimiento francés de la víspera, fiel reflejo de la enconada competencia que se está librando entre los cabezas de serie, uno de los nombres que más han contado hasta ahora, objetivo a batir por todos, ‘El Juli’, más número uno que nunca.

El torero de Velilla de San Antonio ha salido a hombros por una doble actuación de antología. Al primero de su lote le cortó una oreja, la de más peso en lo que va de feria, con el reconocimiento unánime de toda la plaza, como pocas veces se da, incluido el siempre polémico tendido ‘siete’, esta vez rendido a la evidencia de la extraordinaria dimensión que dio el torero. Aunque no se puede pasar por alto el despropósito del presidente, negándole el segundo trofeo.

Un presidente que se descalifica por si mismo y de quién desisto de hablar para no opacar a los verdaderos protagonistas, el toro y el torero. Pues ‘robándole’ la segunda oreja al ‘Juli’ distrajo la atención que merecía también el toro, ya que la bronca ocupó el tiempo para haber pedido el honor de la vuelta al ruedo en el arrastre. Para quitarle el carnet de presidente. Y si tuviera vergüenza (taurina) no volvería a pisar más el palco.

Menos mal que en el quinto tuvo que apearse de esa postura intransigente e injusta, pues ‘El Juli’ volvió a estar cumbre con un toro al que sólo él es capaz de arrancarle la oreja. Eso es: una oreja cortada al segundo, y una oreja arrancada al quinto. De esta forma, los partidarios del ‘Juli’, desde hoy, suman número infinito.

En el segundo, por la exactitud y el regusto con que toreó. Por la profundidad, estética, limpieza, ajuste y ligazón. Por el temple, algo insólito, a una velocidad extremadamente lenta. Por la hondura, el encaje de la figura, con media muleta a rastras. Por la exquisita interpretación de lo fundamental, en series que crecían en cantidad y emotividad. Por la variedad, sin perdonar un remate por abajo en forma de trinchera, pase del desdén o cambio de mano, a veces para seguir toreando sin solución de continuidad por el otro pitón. Por la estocada. Por todo. ‘El Juli’, rey del toreo.

¡Qué mal presidente!
Y lejos de amilanarse el torero con el siguiente astado, que dicho sea de paso tuvo sus dificultades, obligándole a cites muy en corto, cada vez más acabado, sin el tranco ni la clase del otro, ‘El Juli’ se jugó la vida en una lección de pundonor y coraje propios de quien se sabe con la responsabilidad de tener que seguir tirando de la máquina.

Faena a más, dejándose rozar los alamares del traje por los pitones, con la plaza hecha un hervidero. Pinchó antes de una fulminante estocada. Y otra oreja. Conociendo el público lo que podía haber, la petición de oreja se hizo con absoluta mayoría de pañuelos y ensordecedor griterío, como para que el presidente esta vez sintiera miedo. A ver si aprende.

La tarde tuvo también otros protagonistas relevantes. Un Uceda Leal solemne y muy suficiente en el bravo toro que abrió plaza. Un estilo de especial aroma y mucha profundidad. El clasicismo y la pureza de líneas en elevado grado. Uceda toreó como los mismos ángeles. El cuarto resultó insuficiente. Una pena, porque aunque Uceda quiso mucho y bien, no pudo redondear su tarde.

Y Manzanares, algo parecido. No tuvo suficiente motor su primer toro, y sin embargo se empleó a fondo el alicantino a base de medios pases, bonitos, pero medios pases, a las medias arrancadas. El sexto fue bravo y noble, pidiendo cada vez más. Y aquí lo bordó el torero. Muy firme y templado en la primera parte, y con una traca final de adornos muy a modo.

La ovación en el arrastre a este sexto toro venía a ser una muestra de reconocimiento a lo que había significado también la ganadería en la tarde triunfal. Y ‘El Juli’, a hombros. El rey está en su trono.

Lea la crítica de José Antonio del Moral

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