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Gran `Cid´, pero sin espada

Periodista Digital 04 Jun 2007 - 08:50 CET
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(Juan Miguel Núñez/EFE).- Un gran Manuel Jesús ‘El Cid’, pletórico de valor y muy completo también en el aspecto artístico, sin embargo, manejó mal la espada a última hora, cambiando uno o dos trofeos por una clamorosa ovación, este en Las Ventas, en una corrida de Victorino Martín cuyos toros aportaron más bien poco. A ‘El Cid’ no le embistieron los toros, pero estuvo bien, muy bien. Lástima la espada. En cambio, a Bolívar le embistió uno, y estuvo mal. Ese es el relato telegráfico de la corrida.

Fue una pena lo del ‘Cid’, porque había estado muy valiente y sincero, muy de verdad, capaz y con mucho aplomo. Sólo así pudo hacerse con su primer «victorino«, mandar en él, y torearle. La ambición del ‘Cid’ fue ilimitada, pues había que ver cómo era el toro.

Los profesionales suelen decir que un toro «se deja» cuando no plantea mayores problemas a la hora de tomar los engaños. Y el toro en cuestión «medio se dejó». Pero, ojo, sólo por el pitón derecho, por donde seguía la muleta con la cara a media altura, sin humillar lo suficiente.

Las complicaciones las tenía por el otro lado. Cuando ‘El Cid’ quiso hacer el toreo al natural, el toro se venía andando (gazapeando cual conejo camina, lo que resulta extremadamente incómodo para el torero, que difícilmente puede adivinar por dónde le va a venir), pero aguantó firme el hombre hasta conseguir engancharle y llevarle. Lo malo es que también el toro «hacía hilo», que es irse al cuerpo del torero antes de que el pase quede rematado.

Una prenda de toro, hay que advertir. Y precisamente por eso tuvo más mérito la actitud del ‘Cid’, el planteamiento de faena que hizo, y lo resuelto y capaz que estuvo. A todo esto, el viento, que toda la tarde fue una dificultad añadida para los tres toreros.

Fueron tres tandas de circulares llevándole muy tapado y «sintiéndose» desde el primer muletazo, con ligazón, extrema limpieza, y hondura en suma. Por el lado izquierdo vino el aguante, ejemplo de valor puro y duro. Hasta que terminaba cada pase aquello fue una angustiosa eternidad, y por eso en el remate de serie, la plaza se puso en pie para aplaudir. ‘El Cid’ se le jugó, en torero, y sin trampa ni cartón.

Vuelta por la derecha, la figura del torero ya extremadamente relajada. Y cuatro «cositas» más por abajo, como la trincherilla, el cambio de mano, un pase del desprecio y el escultural de pecho.

Pero maldita espada, que no entró hasta el cuarto viaje. La ovación fue de gala y ‘El Cid’ salió a saludar con la rabia contenida de quien sabe que, sin el reconocimiento de las orejas, se había dejado un triunfo de peso.

En el quinto salió con idéntico talante (de hecho, volvió a brindar al público). El toro era mucho más difícil, imposible, amagando y con un peligroso calamocheo. Y otra vez se la jugó el torero, tragando lo que no hay en los escritos.

El toro, entre miradas al torero y «arreones» incontrolados al echarse hacia adelante. Y ‘El Cid’, puesto, muy puesto por los dos pitones. Más valiente, imposible. Ahora sí lo cazó con la espada a la primera. Pero la falta de contenido artístico hizo que no afloraran suficientes pañuelos. No obstante, de nuevo la plaza se vino abajo en la ovación final.

Y la otra cara negativa de la tarde, la desconfianza y torpeza de Bolívar en el buen tercero, está expresada en el contraste de la ovación al toro en el arrastre y los pitos al torero. El toro había seguido la muleta por abajo, con nobleza, largura y repetición. El torero, que había empezado bien en la primera tanda por la derecha, se desmoronó.

Ya en el sexto, un toro extremadamente soso, que iba y venía sin decir nada, Bolívar tampoco terminó de calentar. Sólo una tanda por el lado izquierda, algo estimable. Pero el conjunto, insuficiente.

Esplá, con el lote menos apto, dos toros sin brío, salió del paso sin despeinarse. Fácil con capote y banderillas, pero algo farragoso con la muleta.

A todo esto, al ganadero Victorino Martín, no le habrán salido las cuentas. Pues fue corrida muy deslucida.

¿Qué dice José Antonio del Moral?

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