
(J.M. Núñez/Agencia EFE).- Un ganado bueno, suavón y pronto pero con la `chispa´ necesaria aupó al triunfo a Manuel Jesús. El local Francisco Marco y Salvador Cortés también tocaron `pelo´.
Se cortaron cinco orejas, y todavía pudieron haber sido el doble, por lo fácil que fue la corrida para los toreros.
Unos toros que en su particular jerga la gente de la profesión llama pajunos, o chochones, sin que ninguno de estos dos términos se deba entender en sentido negativo. Toros suavones, prontos y con fijeza, desplazándose sin molestar, humillados, con más o menos `motor´, y en todos los casos luciendo la `chispa´ necesaria para prender el interés del tendido pamplonica.
Dicho todo lo bueno del ganado, hay que precisar que nada de ello resta méritos a los tres toreros. El gran protagonista de la tarde, El Cid, cuajó a sus dos toros con el capote en unos estupendos lances a la verónica. Y con la muleta, dos faenas distintas, empleándose más al natural en la primera, aunque en ésta perdió interés el trasteo al llegar un inoportuno desarme casi al final.
Faena por tanto a menos. Pero fue importante cuando, de entrada, puso a funcionar su mano izquierda sin dilaciones y de forma tan espléndida.
En el quinto, en cambio, casi todo fue por el lado derecho. Manuel Jesús toreó aquí perfecto, aplicando terrenos y distancias con acierto. Temple y largura en cada muletazo, hilvanados perfectamente los pases. Y entre series, oportunísimos remates. La rúbrica de la espada fue muy buena. Una oreja y dos orejas, tres en total, para estrenar la llamada Puerta del Encierro, o Puerta Grande.
La primera salida a hombros del Cid en Pamplona.
Francisco Marco estuvo más que digno en sus dos astados, toreando de rodillas en la apertura de faena a su primero, en el recibo frente a chiqueros al cuarto, en larga cambiada, y otra vez al abrir con la muleta en este mismo toro. La oreja que corta casi todos los años en `su´ Pamplona le debería abrir mejores horizontes.
Y Salvador Cortés, aunque le faltó toro en su primero, ensayó faena vibrante a base de dos pases cambiados por detrás en el inicio y un toreo fundamental de mucho ajuste.
El sexto ya quiso coger siempre la muleta por abajo, siguiéndola con brío. Buen toro. Y buen torero, Cortés, que se le presentaba (la muleta) muy plana, esperándole, llevándole y gustándose en la interpretación.
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