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Puerta grande para El Juli

Periodista Digital 23 Jul 2007 - 09:57 CET
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(PD/EFE).- El diestro Julián López ‘El Juli’, que ha cortado dos orejas y ha salido de la plaza a hombros, ha sido el triunfador de la corrida celebrada esta tarde en Ávila, de donde también Jose Tomás ha conseguido un apéndice, en un festejo en el que ambos diestros han toreado mano a mano desinteresadamente en beneficio de la Plataforma para la Defensa y Difusión de la Fiesta.

Se han lidiado seis toros de Zalduendo. El corrido en quinto lugar fue un sobrero de uno de la misma ganadería devuelto a los corrales al salir roto del encuentro con el caballo. La corrida ha estado muy terciada de presentación y ha poseído mucha nobleza. Cuarto y sexto han dado un gran juego. El peor, el quinto.

José Tomás. saludos tras aviso, oreja con petición y saludos

‘El Juli’, oreja, saludos y oreja.

Tarde de no hay billetes en la plaza que acogió a aficionados llegados de diversos puntos de España en un ambiente de inusitada expectación que no se vio defraudada.

José Tomás, al quitar por gaoneras a su primer toro, fue encunado por su enemigo y derribado. Fue un susto afortunadamente sin consecuencias en una corrida que después se deslizaría por los derroteros felices del arte y del valor. A este primer enemigo, imprimió a su toreo esa nueva dimensión de ajuste, valor y quietud que estremece y asusta a los espectadores. El mal uso de los aceros le impidió el corte de trofeos.

Con seis estatutarios en el centro del ruedo comenzó José Tomás la faena a su segundo, preludio feliz a una faena de alto voltaje, de bella expresión. Una sinfonía de hermosas notas salidas de las manos del torero.

En el último de su lote, José Tomás se esforzó en sacar muletazos a un toro, el peor del encierro, con el que no logró sintonizar. Alargó en exceso la faena hasta el punto de ser protestado, pero unas ceñidas manoletinas al final de su labor recibieron el beneplácito del público.

Muy bien estuvo ‘El Juli’ con el primero de su lote, al que toreó con mucho temple y gusto, pero al que le faltó la emoción porque el toro carecía de ella. Mucho mejor fue la faena a su segundo, en la que el torero dictó una lección magistral de torería, hermosa y profesoral, inteligente y apasionada, donde la fantasía creadora del diestro se prodigó en series con ambas manos despaciosas, mandonas. La espada privó de premio a una obra tan bella, pero en la retina de los espectadores quedó grabado el recuerdo de una gran faena.

En el último de la tarde «El Juli» volvió a hacer un alarde de sus enciclopédicos saberes taurinos, henchidos de lucidez, emotividad, frescura y espectáculo.

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