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Magistral apoteosis de Ponce en la feliz y seria alternativa de Ángel Teruel

Periodista Digital 10 Sep 2007 - 09:20 CET
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La plaza de Dax tiene una bandera de España que recorre toda la barandilla de grada como un inmenso circular, como si Dax, siendo Francia, fuese más España que muchos pueblos de Vascongadas, Navarra y Cataluña. Pues hasta la roja y gualda aplaudió para despedir a César Rincón, envuelto en un cálido homenaje al deshacerse el paseíllo. Rincón sacó a Enrique Ponce y Ángel Teruel a compartir la ovación por la gloria derramada en tierras galas. En medio de estos dos monstruos, Teruel debía de sentir el frío nervio de la responsabilidad en el día de la alternativa. Pero el hijo del maestro del castizo barrio de Embajadores contó con el gesto de apoyo de su padre en una barrera (ojo al dato) y la elegancia natural para disimularlo, el nervio, digo. Ese nervio que atenaza en las fechas clave y que al joven y cerebral Teruel no le atenazó. Desparpajo a la verónica y dandismo con la muleta. Faltó un puyazo para que el toro dejase estar sin ese punto andarín que molestaba. Y no sólo el punto, sino su comportamiento de ir al engaño sin irse tras él. Ángel Teruel cuajó y ligó dos series diestras, tras un tanteo de fijación, de cinco o seis muletazos como meollo de la cuestión. Arrancó la música y brotaron los oles, que se fueron difuminando conforme «Diamante» se volvía más gélido: nunca acabó ni de entregarse ni de meterse en la muleta desde una alzada considerable. Al chaval sólo se le entrevió el nervio en los toques un tanto bruscos y en la precipitación con la espada, según escribe en su crónica tarurina Zabala de la Serna en ABC.

La roja y gualda se enseñoreó con orgullo con el toreo de Enrique Ponce, maravilla de torero. Despaciosa faena desde el excelso principio a un toro con bondad. Monumentales pases de pecho, delicias de cambios de mano, uno de ellos hilvanado por la espalda a un natural eterno, bestial. Y, por supuesto, el toreo fundamental tan clásico y fácil del maestro. Tanto maravilló todo y el precioso final que con pinchazo y media estocada le entregaron las dos orejas.

Ponce se creció aún más con un quinto de mirada altiva, mirón como toda la seria y exigente corrida de Victoriano del Río. Mirón pero obediente. Enrique Ponce es una máquina incombustible de dominio, bragueta y afición. Tremendo el Minotauro de Chiva. La plaza se volcó, el toro se rindió, y aquello alcanzó la apoteosis total con los circulares invertidos.
La tardanza en morir por la tendida trayectoria de la estocada acarreó dos avisos de un presidente puntual como un reloj suizo; luego fue cabal, al menos, para conceder otros dos trofeos, de auténtico calado ahora.

César Rincón cuajó su faena más importante desde Sevilla a un sobrero de basta cara que no regaló una embestida. Rincón espació las series, enganchó por delante y corrió la mano por abajo, una y otra, la derecha y la izquierda, despatarrado y encajado, tirando de los viajes con asolerada presencia. Esfuerzo de casta en la hora del adiós. Sólo por el dilatado minutaje de la obra es explicable la helada reacción de la plaza. Oyó dos avisos, sí, pero no desmerecieron un ápice su entrega. Al feo y montado segundo lo quiso romper siempre hacia delante, pero tras dos series el toro escarbó, se acobardó, midió y no quiso.

No fue fácil prueba para Ángel Teruel la de un sexto con su trapío y sus dosis de violencia. Habrá sido la alternativa dinástica de más seriedad de las últimas temporadas, y terminó felizmente cuando el nuevo Teruel se volcó entre los pitones para conquistar una oreja que coronaba la fecha.

Plaza de toros de Dax. Domingo, 9 de septiembre de 2007. Lleno de «no hay billetes». Toros de Victoriano del Río, incluido el sobrero (4º bis), serios y desiguales, manejables en conjunto, con mucha movilidad y exigentes matices; destacaron 3º y 5º.

César Rincón, de canela y oro. Media desprendida (silencio). En el cuarto, media estocada tendida y descabello. Dos avisos (saludos).

Enrique Ponce, de marfil y oro. Pinchazo y media trasera (dos orejas). En el quinto, estocada tendida. Dos avisos (dos orejas). Salió a hombros.

Ángel Teruel, de blanco y oro. Dos pinchazos y media delantera (saludos). En el sexto, estocada corta delantera. Aviso (oreja).

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