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«Daos prisa en llevarme al hospital porque me estoy muriendo»

Muere el matador Iván Fandiño corneado por un toro en Francia

El diestro español, de 36 años, ha caído al suelo tras tropezarse con el capote y ha sido empitonado en el costado derecho

Periodista Digital 17 Jun 2017 - 23:58 CET
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«Que se den prisa en llevarme al hospital porque me estoy muriendo».

Esas fueron las últimas palabras que pronunció Iván Fandiño antes de fallecer finalmente en el trayecto en ambulancia desde la ciudad francesa de Aire Sur L’Adour al hospital Layné de Mont de Marsan.

Estas palabras, según el diario francés Sud-Oest, se las dijo al torero francés Thomas Dufau, compañero de Fandiño en la corrida de hoy y uno de los encargados de llevarle en volandas a la enfermería de la plaza.

El torero resbaló al intentar hacer un quite a un toro de su compañero Juan del Álamo, cayó al suelo y allí el astado, perteneciente a la ganadería española de Baltasar Ibán, lo corneó en el costado derecho.

Inmediatamente, fue trasladado a un hospital de Mont de Marsan, donde los facultativos no pudieron hacer nada por salvarle la vida.

De todos modos, los facultativos no quisieron confirmar la noticia y remitieron a un próximo parte médico.

Iván Fandiño había cortado una oreja en su primer toro, y actuaba junto al citado Juan del Álamo y el torero francés Thomas Dufau.

De forma tan trágica acaba la vida de un gran torero que tocó la gloria del éxito con la yema de los dedos, y desde hace un par de años atravesaba una etapa de ostracismo de la que no ha podido salir a pesar de sus intensos esfuerzos.

El momento culminante de su vida torera lo vivió el 29 de marzo de 2015, cuando se encerró en solitario en la plaza de Las Ventas con seis toros de las llamadas ganaderías duras: Partido de Resina, Adolfo Martín, Cebada Gago, José Escolar, Victorino Martín y Palha. Colgó el cartel de no hay billetes, y protagonizó la página más brillante de su carrera taurina y una tarde para la historia de la tauromaquia.

No triunfó porque los toros no se le permitieron, pero se marchó de la plaza con paso firme y convencido de que había realizado una de las grandes gestas de la fiesta de los toros.

Pero aquella tarde le pasó factura personal y profesionalmente. Desde aquel 29 de marzo, Fandiño ya no fue nunca el mismo. Perdió su semblante de torero ilusionado, las empresas le pasaron factura y no llegó a recuperar el prestigio que se había ganado heroicamente en la plaza.

Iván Fandiño tenía 36 años, era el único torero vasco en activo. De carácter serio y hombre de pocas palabras, se abrió paso en la profesión a base de valor y una técnica bien aprendida.

Apunta su biografía que, sin tradición taurina en su familia, llegó a destacar como pelotari cuando aún era un adolescente, pero pudo más su afición a los toros. Se vistió de luces por vez primera en Llodio en 1999, y debutó con picadores en su pueblo natal en 2002.

Cortó una oreja en su presentación en Madrid, el 12 de septiembre de 2004, casi un año antes de que tomara la alternativa en Bilbao el 25 de agosto de 2005, con El Juli como padrino y Salvador Vega como testigo.

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