
(PD).- Europa recupera su sitio. Después de años de dominio español e italiano en Europa, Inglaterra al fin se consolidado como un paraíso visual del fútbol. El Liverpool es una entelequia, un equipo nacido para perfeccionar este deporte, y lo vivido este martes en Anfield así lo evidencia.
Mientras que Wenger apuesta por el juego de creación y el talento de su equipo a través de las botas de Fábregas, el Liverpool explota sus recursos al máximo. Benítez ha logrado devolver al equipo británico a su lugar en un Europa. Y no ha sido fácil.
Mirando la plantilla sólo Gerrard se podría considerar una estrella, pero el entrenador español ha sabido sacar lo mejor de cada uno. Ahora nadie duda de la calidad de jugadores como Xabi Alonso, Carragher, Mascherano -repudiado por el West Ham-, Reina o Fernando Torres.
Lo que ha hecho con el ex jugador del Atlético es todavía una incógnita. El gol ante el Arsenal es otro de los 26 que lleva ya esta temporada; pero, lo más importante, es que se ha revelado como un arie todoterreno, un verdadero ‘killer’ del área capaz de meter goles para todos los gustos.
Wenger, por su parte, cultiva a sus jugadores desde jóvenes. Lo suyo en la sincronización adquirida desde una temprana edad a base de una mezcla perfecta de talento y trabajo físico. El único ‘pero’: dependen demasiado de Fábregas.
Los primeros minutos en Anfield comenzaron con la presión constante del Arsenal en el mediocentro. La falta de extremos puros impide al Liverpool la movilidad por las bandas y cuando se le presiona en el centro del campo sufre más de la cuenta para llegar. Bajo esta insistencia, el equipo de Wenger logró adelantarse a los reds gracias a un zapatazo de Diaby.
A la media hora, un cabezazo de Hyypia puso el empate en el marcador. Desde entonces, el Arsenal cedió espacios y el partido se tornó en un ir y venir de una portería a otra. Demasiadas ansias en dejar el partido cerrado por parte del equipo londinense que le estaba pasando factura.
Fábregas necesita ser arropado en el centro del campo y, tras el descanso, el Arsenal estaba dejando demasiados huecos que impedían al jugador español explotar su potencial. El Liverpool aprovechaba sus oportunidades y fue precisamente Torres, con su golazo, el encargado de adelantar a su equipo en el marcador.
No fue el gol de ‘The Kid’, sino el de un depredador capaz de perforar cualquier portería. El de Fuelabrada recibió el balón de espaldas, se revolvió y mandó el balón a la escuadra con un disparo perfecto. El gol perfecto.
Se relajó demasiado el Liverpool propiciando la reaparición de Fábregas y, con él, la de todo el Arsenal. Por su parte, Wenger sacó a Walcott y fue precisamente el extremo el que fabricó el empate de su equipo. Arrancó en el centro del campo dejando en el suelo a todos los perseguidores. Al llegar al fondo del área dejó un balón raso que remató Adebayor y clasificaba al Arsenal para semifinales.
Tan sólo un minuto después, el árbitro pitó penalty sobre Babel -que había salido en la segunda mitad- que transformó perfectamente Gerrard. Con el Arsenal roto, el propio Babel aprovechó un despeje en el área del Liverpool para amarrar el balón y marcar el cuarto.
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