A fecha de 21 de mayo de 2025, el mundo del deporte adaptado vuelve a estar bajo la lupa tras la sanción ejemplar a una de sus figuras más laureadas.
Una judoca paralímpica, campeona de oro en los Juegos de Tokio 2020, ha sido vetada de por vida después de que un examen médico independiente revelara que su visión es absolutamente óptima.
El caso de la azerbaiyana Shahana Hajiyeva, que decía ser ‘ciega’, ha generado un verdadero terremoto en el entorno paralímpico, no solo por el fraude individual sino por el eco que proyecta sobre la fiabilidad del sistema y la reputación del deporte adaptado.
La noticia ha caído como una bomba entre los aficionados y especialistas.
La atleta fue sometida a un control rutinario para su revalidación como deportista ciega antes de los próximos Juegos.
El resultado: agudeza visual dentro de la normalidad y ninguna patología ocular relevante.
El Comité Paralímpico Internacional, al conocer el informe, no dudó: exclusión inmediata y retirada de todos sus títulos obtenidos desde su primera licencia como deportista con discapacidad.
De Tokio al ostracismo: antecedentes y consecuencias
El caso llega en un momento especialmente delicado para el deporte paralímpico, marcado por avances en inclusión pero también por episodios oscuros relacionados con trampas y fraudes en la clasificación. En Tokio 2020, la judoca ahora expulsada se convirtió en símbolo del esfuerzo y superación tras colgarse el oro ante rivales con discapacidades reales. Hoy, su nombre figura ya entre los mayores escándalos del deporte contemporáneo.
No es la primera vez que una situación similar sacude al movimiento paralímpico. La historia reciente está salpicada de episodios vergonzosos que han puesto en entredicho los controles médicos y la propia esencia competitiva. En España todavía resuena la llamada «vergüenza española» de Sídney 2000, cuando parte del equipo nacional de baloncesto intelectual fue descalificado tras descubrirse que varios jugadores no presentaban discapacidad reconocida. Aquella mancha costó años limpiar y obligó a reformular protocolos internacionales para evitar fraudes.
Radiografía del fraude: ¿cómo es posible?
El sistema de clasificación paralímpica está diseñado para garantizar igualdad entre deportistas con similares grados de discapacidad. Sin embargo, depende en gran parte de evaluaciones médicas periódicas, autodeclaraciones y pruebas funcionales que no siempre son infalibles. En deportes como el judo —donde existe una categoría específica para ciegos y deficientes visuales— las trampas pueden pasar inadvertidas si los controles no son rigurosos.
En este caso concreto, fuentes próximas al proceso aseguran que la judoca había presentado informes oftalmológicos manipulados o incompletos durante años, aprovechando lagunas administrativas y la falta de recursos para auditorías externas más exhaustivas. Solo cuando un cambio normativo exigió revisiones independientes saltaron las alarmas. El daño ya estaba hecho: varias medallas internacionales obtenidas irregularmente y decenas de rivales privadas injustamente de sus opciones reales.
Impacto mediático y reacción institucional
La noticia ha tenido una amplia repercusión en medios nacionales e internacionales. Las redes sociales hierven con mensajes de indignación, mientras asociaciones y federaciones exigen explicaciones públicas y medidas ejemplares. El Comité Paralímpico Español ha anunciado una auditoría interna para revisar todos los procesos médicos recientes e insiste en su compromiso «con la máxima transparencia y justicia deportiva».
Algunos expertos proponen endurecer aún más los controles e implantar tecnología biomédica avanzada para reducir el margen de fraude. Otros alertan sobre el riesgo de criminalizar injustamente a todo un colectivo por culpa de casos aislados: “No podemos poner bajo sospecha a miles de atletas honestos porque unos pocos busquen atajos”, afirman desde asociaciones internacionales.
De Sídney a Tokio: la lista negra del deporte adaptado
El caso reaviva un debate incómodo pero necesario sobre los límites éticos del deporte adaptado:
- Sídney 2000: España protagonizó uno de los mayores escándalos al incluir jugadores sin discapacidad intelectual en su equipo campeón.
- Tokio 2020: Ahora es una judoca quien eleva el listón del fraude individual al fingir ceguera.
- Otras disciplinas como atletismo o natación han vivido episodios similares con falsificación de documentos médicos o simulación funcional.
- La «lista negra» internacional incluye decenas de nombres retirados por manipulación deliberada o asesoramiento fraudulento.
Este historial pone deberes urgentes a las instituciones: mejorar la trazabilidad médica, cruzar datos sanitarios nacionales e internacionales y crear un registro único global para evitar reincidencias.
Pronósticos: ¿un punto final o solo un capítulo más?
A corto plazo, la judoca queda fuera del circuito competitivo —incluyendo París 2024— y se enfrenta no solo al descrédito deportivo sino a posibles acciones legales por fraude documental o estafa en ayudas públicas recibidas como deportista discapacitada.
A medio plazo, se espera un endurecimiento normativo internacional antes del próximo ciclo olímpico, aunque algunos expertos advierten que «la picaresca siempre va más rápido que la burocracia». Las casas de apuestas ya ajustan cuotas ante posibles bajas inesperadas en otras selecciones pendientes aún de revisión médica extraordinaria antes del verano.
Mientras tanto, muchos atletas honestos temen verse sometidos a sospecha generalizada. Y los aficionados se preguntan hasta qué punto es posible blindar un modelo basado en la confianza sin caer en el exceso inquisitorial.
Curiosidades y datos llamativos
- El judo paralímpico exige contacto físico constante; algunos rivales detectaron comportamientos extraños cuando la judoca anticipaba movimientos imposibles para alguien sin visión.
- El caso recuerda al famoso episodio español en Sídney 2000, donde hasta 10 jugadores fueron descalificados tras investigaciones periodísticas.
- Según datos recientes, solo un 2% de las revisiones médicas paralímpicas destapan irregularidades graves.
- Algunos países exigen ahora doble validación médica (nacional e internacional) antes de autorizar participación en grandes eventos.
- La «trampa médica» es considerada falta muy grave según las regulaciones internacionales y puede acarrear penas económicas además del veto vitalicio.
Sin duda, este escándalo nos deja una lección amarga pero necesaria: ni siquiera el espíritu paralímpico está libre del lado oscuro del deporte moderno —y la lucha contra las trampas debe ser tan incansable como la entrega diaria de quienes sí luchan con sus verdaderas limitaciones físicas.
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