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El fútbol, en ocasiones, se convierte en algo más que un simple juego.
Lo vivido el domingo 18 de enero de 2026 en el estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat quedará grabado para siempre en la historia del deporte rey como una de esas noches donde la realidad superó cualquier guion.
Senegal se proclamó campeón de la Copa África 2026 tras vencer a Marruecos por 1-0 en una prórroga que estuvo precedida por una serie de acontecimientos tan sorprendentes que parecían sacados de una película de ciencia ficción.
Durante los noventa minutos reglamentarios, ambos equipos protagonizaron un duelo táctico y equilibrado, donde las oportunidades brillaron por su ausencia.
Bono, el portero marroquí, se convirtió en el baluarte de las esperanzas locales con intervenciones espectaculares que mantuvieron el marcador inalterable.
Mientras tanto, Senegal, liderado por Sadio Mané, intentaba sorprender al conjunto anfitrión, pero la defensa marroquí se mostraba firme.
El primer tiempo finalizó sin goles, con ambos equipos conscientes de que cualquier desliz podría resultar fatal ante un público local ansioso.
Cuando todo parecía indicar que el partido iba a concluir con normalidad, el fútbol decidió dar un giro inesperado.
En el minuto 90, tras un córner a favor de Senegal, la pelota llegó a los pies de Seck, quien disparó y vio cómo su tiro se colaba en la portería. La euforia invadió el estadio durante unos segundos, hasta que el árbitro Jean-Jacques Ndala anuló el gol por falta. Los jugadores senegaleses quedaron atónitos ante lo sucedido, pero lo peor estaba por venir.
Solo cinco minutos después, en el minuto 95, otro córner para Marruecos desencadenaría una serie de eventos sin precedentes. Un agarrón de Diouf a Brahim fue sancionado por el colegiado, quien decidió acudir al VAR ante las protestas generalizadas.
Lo que ocurrió después marcó un hito en la historia del fútbol africano.
Cuando el árbitro señaló penalti en el minuto 98, Pape Thiaw, entrenador de Senegal, tomó una decisión inesperada: ordenó a sus jugadores abandonar el campo. Los futbolistas senegaleses siguieron las instrucciones de su técnico y marcharon hacia los vestuarios en un acto de protesta inédito para una final de este nivel.
El caos se apoderó del estadio; aficionados senegaleses intentaban acceder al terreno mientras la policía marroquí contenía los disturbios. Fue entonces cuando Sadio Mané, capitán y referente emocional del equipo, intervino. Minutos después, pidió a sus compañeros que regresaran al campo para lanzar la pena máxima, creando una escena que combinaba lo épico con lo absurdo.
El penalti que cambió la historia
Brahim Díaz, delantero marroquí destacado durante todo el torneo con cinco goles, asumió la responsabilidad del penalti en el minuto 108. Sin embargo, optó por arriesgarse e intentó una Panenka, ese tiro sutil que consiste en disparar suavemente al centro. Pero Édouard Mendy, portero senegalés, anticipó su intención y atrapó el balón sin dificultad. La expresión del delantero marroquí lo decía todo: había pasado de ser héroe a villano en su propia historia, especialmente doloroso dado que competía ante su afición.
Con el penalti fallido, ambos equipos entraron en la prórroga con las piernas fatigadas. Para Marruecos, su oportunidad dorada se esfumaba; mientras tanto, Senegal renacía tras haber estado al borde del abandono del campo. En cuestión de minutos, la dinámica psicológica del partido había cambiado drásticamente; lo que parecía un desenlace amargo ahora se transformaba en una posibilidad brillante.
Gueye sentencia en la prórroga
Apenas tres minutos después del inicio de la prórroga, fue Pape Gueye quien puso fin a esta novela deportiva. El centrocampista senegalés robó un balón cerca del área rival y lanzó un zurdazo preciso hacia la escuadra superior para marcar el 0-1. La belleza del gol contrastaba con todo lo vivido momentos antes. El estadio Prince Moulay Abdellah, que había vibrado intensamente durante todo el encuentro, quedó sumido en un profundo silencio. Por su decisivo tanto, Gueye fue nombrado MVP de la final; un reconocimiento más que merecido tras brillar en los momentos cruciales.
Marruecos intentó reaccionar rápidamente; Aguerd estrelló un balón contra el larguero tras un córner y En-Nesyri tuvo otra oportunidad clara que no pudo aprovechar. Sin embargo, con las fuerzas agotadas y moralmente tocados tras ese penalti fallido, los hombres de Regragui no hallaron manera alguna de igualar el marcador. Por su parte, Senegal defendía con firmeza; eran conscientes de estar a solo quince minutos de lograr su segundo título continental. El reloj avanzaba implacable y cada segundo alejaba más la Copa África del alcance marroquí.
El segundo título de Senegal
Finalmente sonó el pitido final y así fue como Senegal se coronó campeón de la Copa África 2026, dejando atrás una final insólita e inolvidable. Para esta selección africana representa su segundo trofeo continental; ya habían conquistado uno anteriormente en 2021 tras vencer a Egipto. Con gran emoción y orgullo fue Sadio Mané, nombrado también como mejor jugador del torneo (MVP), quien levantó la copa rodeado por sus compañeros; una celebración muy diferente al drama vivido momentos antes.
La derrota fue especialmente amarga para los anfitriones marroquíes; jugaban ante su público y llegaron sin conocer la derrota hasta esa final. Tras eliminar a Nigeria en semifinales mediante penaltis gracias a las paradas heroicas de Bono, esta vez no tuvieron suerte alguna. A pesar de ser máximo goleador del torneo con cinco tantos, Brahim Díaz será recordado por ese penalti fallido al estilo Panenka que cambió completamente el rumbo del partido. Las imágenes desgarradoras mostraban a jugadores como En-Nesyri y Achraf Hakimi, llorando desconsoladamente; sabían bien que esta podía haber sido su mejor ocasión para conquistar ese título continental tan esquivo durante medio siglo.
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