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El fútbol, en su esencia más pura, puede presentar situaciones donde la lógica se tambalea y la realidad supera cualquier guion escrito.
En el Estadio José Alvalade, el Sporting de Lisboa tejió una de esas narrativas mágicas el pasado martes al imponerse 2-1 ante el PSG, actual campeón de la Champions League. No fue un partido en el que los portugueses dominaran, ni mucho menos. Más bien, se trató de una clase magistral de eficiencia defensiva y oportunismo ofensivo ante un conjunto parisino que tuvo la posesión, creó oportunidades y presionó sin tregua, pero que falló a la hora de convertir su dominio en goles.
El colombiano Luis Suárez se convirtió en el verdugo de los sueños de Luis Enrique, con un doblete que desató la euforia entre los aficionados lisboetas y dejó a los franceses con la amarga sensación de haber dejado escapar tres puntos que parecían asegurados.
La primera mitad fue un monólogo del PSG.
Los parisinos llegaron a Lisboa como claros favoritos, con la confianza que otorga haber ganado esta competición y con la intención firme de reafirmar su posición en la tabla. Warren Zaïre-Emery logró abrir el marcador a los treinta minutos, pero el VAR anuló su gol debido a una falta previa en el remate de Dembélé.
Este fue solo el primero de tres tantos que los franceses vieron desaparecer esa noche. El equipo dirigido por Luis Enrique disparó hasta 28 veces durante todo el partido, cifra que habla por sí sola del control territorial ejercido. Marquinhos tuvo dos oportunidades claras con cabezazos, Dembélé estuvo a punto de marcar desde corta distancia, y tanto Vitinha, como Fabian Ruiz y Bradley Barcola también probaron suerte. El portero Rui Silva se erigió como un auténtico muro, especialmente en esa primera mitad donde parecía inminente el gol del PSG.
Sin embargo, el fútbol es caprichoso y la segunda parte trajo un giro inesperado. El Sporting logró resistir el asedio inicial y comenzó a generar sus propias oportunidades.
Luis Suárez, quien había fallado una clara ocasión seis minutos después del descanso, se redimió espectacularmente. A los 74 minutos, tras un saque de esquina mal despejado y un rebote fortuito en el área, el delantero colombiano se perfiló y lanzó un remate cruzado con su pierna derecha para abrir el marcador. Ese gol cambió por completo la dinámica del encuentro; despertó a la afición portuguesa y sembró las primeras dudas en un PSG que hasta entonces había controlado.
La respuesta del equipo parisino no tardó en llegar. A los 79 minutos, Khvicha Kvaratskhelia igualó las acciones con un golazo que parecía devolver la esperanza a los franceses. Con precisión milimétrica, el georgiano marcó y repentinamente el partido volvió a estar abierto. Todo indicaba que el PSG aprovecharía ese impulso emocional para llevarse la victoria; parecía que su experiencia y estatus como campeones prevalecerían en los instantes finales. Pero como bien sabemos, en este deporte —y también en la vida— los finales no siempre son previsibles.
El drama de los 90 minutos
Cuando se cumplía el minuto 90+1 y todo apuntaba hacia una prórroga o un reparto de puntos, apareció nuevamente Luis Suárez para cambiarlo todo. Un potente disparo de Trincão desde fuera del área fue despejado por Lucas Chevalier, pero el rebote cayó justo en la cabeza del colombiano, quien ejecutó un cabezazo impresionante que selló el definitivo 2-1. La explosión de júbilo en Alvalade fue ensordecedora. Los aficionados portugueses celebraban no solo una victoria; estaban festejando una hazaña monumental: habían derrotado al campeón europeo, demostrando así que aún hay cabida para sorpresas en este deporte.
En rueda de prensa posterior al encuentro, Luis Enrique, visiblemente frustrado, no pudo ocultar su decepción: «Es el mejor partido que hemos jugado esta temporada fuera de casa», admitió antes de añadir con desánimo: «El resultado es decepcionante e injusto. Es vergonzoso porque solo vi un equipo durante todo el encuentro. Fuimos muy superiores ante un rival muy bueno». Sus palabras reflejan una amarga realidad: dominar sin convertir ha sido una constante preocupación para este PSG durante esta edición de Champions.
Implicaciones en la lucha por los octavos
Las repercusiones de este resultado son significativas para ambos equipos. El Sporting ascendió momentáneamente a la sexta posición del grupo con 13 puntos, igualando así al PSG, que descendió a la quinta plaza. Ambos conjuntos cuentan ahora con cuatro victorias, un empate y dos derrotas cada uno. Aunque la diferencia de goles favorece ligeramente a los franceses (+10 frente a +5), lo cierto es que las distancias se han reducido considerablemente.
Lo más preocupante para Paris es cómo esta derrota complica notablemente sus planes para asegurar una clasificación directa a los octavos de final. En este nuevo formato de Champions League, solo los ocho primeros avanzan automáticamente; mientras que aquellos situados entre noveno y vigésimo cuarto deben disputar unas eliminatorias adicionales en febrero. Con apenas una jornada restante por jugarse, el PSG visitará al Newcastle dentro de ocho días; ese encuentro será prácticamente como una final para determinar si logran evitar esa ronda playoff. Por su parte, el Sporting se desplazará hasta San Mamés para enfrentarse al Athletic Club en su último compromiso dentro del grupo.
El protagonista de la noche
A sus 34 años, Luis Suárez demostró que contar con experiencia y mantener la calma en momentos decisivos son armas letales dentro del fútbol profesional. Con estos dos nuevos tantos suma cuatro goles ya en esta edición de Champions League; consolidándose como pieza clave dentro del proyecto del Sporting. Sus anteriores dianas habían sido contra equipos como Nápoles y Brujas; sin embargo, ninguna alcanzaba la relevancia emocional e histórica como estas dos frente al campeón vigente. El técnico del Sporting, Rui Borges, no dudó en ensalzar al colombiano tras finalizar el encuentro; destacó su carácter fuerte y personalidad influyente dentro del equipo durante esta victoria memorable.
La actuación sobresaliente de Suárez cobra aún más valor considerando que había fallado otra oportunidad clara previamente; lo cual nos recuerda que hoy día no solo es importante ser preciso sino también saber levantarse tras errar.
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