El Real Madrid ganó deslucidamente este jueves a un desahuciado Real Oviedo pero el resultado pasó a segundo plano cuando Kylian Mbappé salió a la zona mixta y lanzó una declaración que encendió el vestuario y la sala de prensa: según él, Álvaro Arbeloa le habría dicho que era «el cuarto delantero» del equipo.
Arbeloa lo desmintió de inmediato y defendió su decisión en términos estrictamente técnicos: un jugador que no había sido convocado ni siquiera para el banquillo no estaba en condiciones de ser titular.
Los abucheos que recibió Mbappé al pisar el césped del Santiago Bernabéu completaron el cuadro de una noche que dice mucho sobre el estado de ánimo de un estadio y un vestuario que llevan una temporada acumulando frustraciones.
Un incidente menor en el contexto adecuado
Conviene poner esto en perspectiva antes de convertirlo en catástrofe. Los vestuarios profesionales están llenos de tensiones similares. Los egos, las jerarquías, los minutos jugados, la presión acumulada: todo eso genera fricciones en cualquier equipo del mundo, y el Real Madrid no es una excepción histórica sino precisamente un club que ha gestionado vestuarios con egos descomunales durante décadas y ha salido adelante.
Mbappé fue recibido con abucheos en su propia casa, lo que siempre pesa más que cualquier comentario técnico. Arbeloa respondió con firmeza pero sin escalar el conflicto. El club mantuvo un silencio estratégico. Y al día siguiente, como casi siempre en Chamartín, el ruido empezó a disiparse.
Si Mbappé responde anotando goles, este episodio quedará reducido a anécdota con algún titular llamativo. El Bernabéu tiene una memoria selectiva para los que le dan razones para olvidar los malos momentos.
La temporada que no puede repetirse
Hay que decirlo con claridad: esta ha sido la peor temporada del Real Madrid en años. Sin título liguero, eliminado temprano en Champions, con el vestuario fracturado por el incidente Valverde-Tchouaméni, con Mbappé sin el impacto esperado tras el fichaje más esperado en años y con Arbeloa gestionando una situación que ningún entrenador querría heredar. La suma de todo eso es una temporada que merece ser analizada, aprendida y enterrada.
La buena noticia es que difícilmente puede ser peor. El margen de mejora es enorme y el Real Madrid tiene los recursos, la historia y la capacidad institucional para rebotar. Siempre lo ha hecho.
Florentino al mando: el hombre que endereza el barco
Florentino Pérez lleva 26 años convirtiendo los incendios en reformas y las crisis en recordatorios de que el escudo del Madrid manda sobre cualquier nombre propio. Lo hizo con Zidane entrenador cuando nadie apostaba por él. Lo hizo con vestuarios turbulentos que ganaron Champions. Lo hizo cuando el proyecto de la Superliga parecía hundirse.
La rueda de prensa del martes fue la de un hombre que no tiene intención de irse y que ya está pensando en la próxima temporada. «Me tendrán que echar a tiros», dijo. Y quienes lo conocen saben que no era retórica.
El verano que se aproxima será clave. Florentino tiene trabajo por hacer: una decisión sobre el banquillo que puede o no incluir a Arbeloa, un mercado de fichajes en que el Madrid tiene capacidad de volver a sorprender, y la tarea de reconectar a Mbappé con el proyecto y con la afición del Bernabéu de una forma que esta temporada no ha conseguido.
El francés tiene 27 años, es uno de los mejores jugadores del mundo y lleva en Madrid una sola temporada. Su adaptación ha sido más difícil de lo esperado pero las adaptaciones difíciles no son inéditas en el Real Madrid: Zidane tardó en rendir, Bale nunca terminó de encajar del todo, Cristiano Ronaldo llegó en medio de dudas y se fue como leyenda. La historia del club tiene ejemplos para todos los argumentos.
Lo que viene
La próxima temporada empieza en el verano. Con Florentino al mando, con las decisiones que el presidente tomará sobre el banquillo y la plantilla, y con el hambre que una temporada en blanco genera en un vestuario acostumbrado a ganar.
El incidente Mbappé-Arbeloa es una anécdota de una noche de mayo en una temporada que merece ser olvidada en su conjunto. Lo que importa ahora es lo que viene después.
Y en el Real Madrid, después de una mala temporada, siempre viene algo mejor. Es lo que la historia del club ha demostrado suficientes veces como para creerlo sin necesidad de fe ciega.
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