El presidente Rodríguez ha llevado a España a una situación crítica. Se trata de disimular la catástrofica gestión económica con mediatizadas acciones exteriores. Pero la realidad, a la postre, se impone: ni Obama apoya la «alianza de civilizaciones», ni España está en el G-20. Los fracasos se suceden y la propaganda tiene cada vez más dificultad para ocultarlos.
Los medios complacientes con el poder vieron en la segunda legislatura de Rodríguez un período en el que iba a «demostrar» su «saber hacer» en el mundo internacional, tras haber dejado bien claro el «éxito» de su gestión en la política interior.
Daba igual que para cualquier observador objetivo resultara improbable que quien mintió y demostró suma incompetencia en los asuntos internos pudiera ser un socio fiable, prestigioso y eficaz en los asuntos externos. Y, claro, el resultado, está a la vista.
Primero fue el pomposo anuncio de que la lastimosa (y carísima) iniciativa de la «alianza de civilizaciones» fuera, por fin, a tener un espaldarazo serio. Se anunció así el 10 de marzo que «Zapatero se marca un éxito al menos en política exterior: Obama, a la cumbre de la Alianza de Civilizaciones»
La realidad, siempre tan dura, llegó después. El 29 de marzo, después de la chapuza kosovar, Periodista Digital titulaba: «Obama se desmarca del Foro de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero»
Ridículo de Rodríguez y Moratinos.
Luego, diez días después, fue el anuncio de la retirada de Kosovo, sobre la que ya he hablado aquí.
El asunto ha sido ya comentado en la prensa nacional de sobra: la decisión fue una ocurrencia del dúo Rodríguez-Chacón, puenteando a Moratinos creyendo que íbamos a ser el asombro del mundo. El resultado fue que Rodríguez, Chacón, Moratinos y Bernardino fueron el hazmerreír de la diplomacia mundial. Pero eso sí, todos siguen en su puesto. Al fin y al cabo, fue el «jefe» el que tomó la decisión y no parece que piense en dimitir.
Finalmente, llega la realidad del último sueño. Jugaban a la confusión. Decían que participábamos en el «G-20». Pero en realidad estábamos invitados, junto con otros países a asistir a la reunión de un club del que no éramos miembros. La realidad, siempre tan cruel, lo ha venido a recordar.
Esta es la información que ofrecía el 26 de abril el diario El País informaba que:
(La vicepresidenta) Salgado, ausente de la cumbre informal de ministros del G-20
El representante brasileño dice que Estados Unidos cumplió las reglas al no haber invitado a EspañaLa presencia de España en el G-20, el gran caballo de batalla de la política exterior española de los últimos meses, ha durado exactamente dos cumbres. En la noche del viernes, la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado, no participó en la reunión informal de los ministros de Finanzas del G-20 en Washington, convocada por Estados Unidos en la sede del Tesoro. El jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, había asistido a las reuniones de líderes del G-20 en Washington y Londres, pero la vicepresidenta se quedó fuera de la cumbre informal de ayer.
No hubo explicaciones oficiales. Fuentes del Ejecutivo se remitieron a una comparecencia de Salgado prevista para hoy ante los medios en el Banco Mundial.Pero el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, dijo a los periodistas que el anfitrión de la cumbre, Estados Unidos, «cumplió a rajatabla las reglas del G-20» al no invitar a España. Y avanzó más, al asegurar que España no debería acudir a las próximas reuniones: «Está claro que a Brasil le gustaría tener a España de su lado porque es un país muy próximo de Brasil, pero no podemos hacer eso porque estaríamos violando reglas», dijo.
Las palabras del ministro brasileño causaron cierto malestar en la delegación oficial española, hasta el punto de que el ministro brasileño, acompañado por la vicepresidenta española, acudió nuevamente a los periodistas para matizar sus palabras. «Brasil no tiene una posición contraria a la presencia de España en el G-20», puntualizó Mantega junto a una sonriente Elena Salgado. «No hay razón o impedimento por parte de Brasil para que esté España», precisó, «pero no puede ser que yo invite hoy a España y mañana Estados Unidos invite a Marruecos. Debemos definir la gobernanza del G-20. Debemos sentar las reglas de su funcionamiento».
(…)
Qué lejos quedan los tiempos en que una de las televisiones amigas del gobierno decía que:
Brasil, que ejerce la presidencia del G-20, ha respaldado la participación de España en la próxima cumbre prevista para antes de finales de abril, y mencionó la posibilidad de su integración formal en este Grupo.
El canciller brasileño, Celso Amorim, ha recordado que Lula mencionó que sería importante incluir a otro país en desarrollo. «Puede ser que desde ahora hasta la reunión en Reino Unido, el G20 se convierta en un G22», añadió el canciller en alusión a la posible entrada de España.
Y ciertamente, ¿por qué no íbamos a estar?
El presidente Rodríguez podría enseñar al mundo como combatir el paro y gestionar el sector financiero: principalmente, las Cajas de Ahorro.
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