
Juan Cruz Osta (PD).- Los analistas más sesudos se están haciendo los sesos agua para entender la actual situación económica mundial. Unos aconsejan ser drásticos a la hora de tomar medidas y otros prudencia. Pepiño, no obstante, ha encontrado el origen de todo este desastre y no está en las hipotecas ‘subprime’ o el desplome inmobiliario: Todo esto es «fruto de la guerra de Irak.» Faltaría más.
Con esta estrategia de no llamar a las cosas por su nombre para conseguir que no existan, el Gobierno y el Partido Socialista se han negado hasta la saciedad a hablar de crisis económica. Una vez que negar tal evidencia resultaría ridículo, los gobernantes socialistas han tomado otra estretegia: buscar culpables fuera y echarles a ellos el balón de la debacle.
Como siempre, como en todo, Pepiño Blanco se lleva la palma -si no se la quita el ministro Bermejo– El Secretario de Organización del PSOE hace un análisis de la crisis económica internacional en su blog y de «los daños colatarales» digno de ser expuesto en las facultades de Economía de toda España y parte del extranjero.
«Ayer no fue un buen día para las bolsas. Todas las plazas mundiales sufrieron pérdidas considerables, en la mayoría de los casos por encima del 5%. La primera reflexión que me surge es que esto no puede ser culpa de la política económica de Zapatero, como dice el PP. Para bien o para mal, no somos tan influyentes en la economía mundial».
«La pregunta es si es culpa de la política económica del señor Bush. Pues en este caso, parece ser que sí. En efecto, tanto la prensa nacional como internacional achaca el desplome de ayer a la reacción del mercado ante la insuficiencia del plan de estímulo fiscal anunciado por Bush el viernes pasado. Y es insuficiente porque no tiene recursos, ya que éstos se están perdiendo en ese agujero negro en que se ha convertido Irak. No sólo ha sido la peor decisión política de las últimas décadas, sino que también ha sido la peor decisión económica. Fruto de la guerra de Irak, Estados Unidos ha tenido en 2007 un déficit fiscal cercano al 2% del PIB (contrasta con nuestro superávit del 2%). En 2008, se han presupuestado más de 158.000 millones de dólares para sufragar los gastos de la guerra en Irak, lo que supone 18.000 millones de dólares más que el paquete que aprobó el viernes pasado para impulsar la economía estadounidense. El señor Bush no tiene dinero para impulsar la economía porque la guerra de Irak, no sólo no ha traído petróleo barato como se anunciaba, sino que ha debilitado la situación de las cuentas públicas estadounidenses. Bush, a diferencia de Zapatero, no ha preparado su economía para las turbulencias. El problema es que su incapacidad la pagamos todos».
La culpa, pues, para el PSOE es de Bush y su Guerra de Irak. Para variar.
Mientras los analistas económicos buscan las causas y los efectos de la crisis, para tratar de frenarla en lo posible, Pepiño llega a conclusiones rápidas.
Estos expertos ponen sobre la palestra datos como el desplome inmobiliario y la crisis de crédito tras el estallido de la crisis de las hipotecas subprime, que han provocado enormes pérdidas a la banca internacional. Además, hablan de una contracción del consumo privado y el aumento del paro en EEUU. Y, aseguran, que la crisis actual no tiene un detonante tan claro como en anteriores ocasiones. (como en 2001, tras el ataque a las Torres Gemelas)
No obstante, y tomando argumentos del profesor Ramón Tamames, todo esto se veía venir y el Gobierno ha permanecido, con una sonrisa, esparando. ¿Y ahora hablamos de «daños colaterales»?
Esto es lo que escribe en su blog Tamames. Le podría servir de contestación a Pepiño:
Se veía venir, pero su irrupción está resultando peor de lo que cabía imaginar: la crisis económica está aquí, y no va a ser fácil que se marche con los parteros de un gobierno que tanto han contribuido a traerla.
Ha habido muchos testimonios sobre los cambios esperables en las tendencias del sector construcción y en el consumo. Pero aún podía otorgarse el beneficio de la duda sobre su evolución, en el caso de que las autoridades económicas europeas y españolas hubieran adoptado ciertas medidas. Pero el Banco Central Europeo (BCE), no ha sa-bido quitarse de encima el complejo de inferioridad de que todo en el universo mundo depende de lo que decidan en Wall Street.
En cuanto a las autoridades económicas españolas, creo que se han dedicado más bien a “repartirse la piel del oso antes de cazarlo”. Desde el punto y hora en que el presidente Rodríguez Zapatero, designó a Pedro Solbes para continuar como ministro de Economía y Hacienda en un eventual segundo cuatrienio del PSOE, a pesar de que su política ha sido una manifestación continua de balbuceos e indecisiones, en la peor línea de lo que los anglosajones llaman “wait and see”.
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