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El pulso comercial entre Washington y Pekín sigue abierto

La gran apuesta de Trump por China ha dado frutos pero Xi Jinping aún tiene cartas bajo la manga

El endurecimiento arancelario de Trump ha generado réditos inmediatos, aunque China aún dispone de herramientas decisivas en la negociación

Periodista Digital 13 Ago 2025 - 09:40 CET
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La relación comercial entre Estados Unidos y China nunca ha sido sencilla, pero en los últimos meses la tensión ha alcanzado nuevas cotas.

La estrategia de la administración Trump, basada en una escalada arancelaria sin precedentes, ha provocado un reequilibrio parcial de las balanzas comerciales a corto plazo, aunque el contexto sigue siendo incierto y el margen de maniobra de Xi Jinping permanece intacto en aspectos esenciales.

A día de hoy, 13 de agosto de 2025, la guerra arancelaria se encuentra en una fase crítica. Trump ha intensificado su apuesta con subidas adicionales en los aranceles a productos chinos, mientras mantiene una actitud desafiante ante posibles represalias.

La intención declarada es frenar el persistente déficit comercial estadounidense y proteger sectores estratégicos frente a prácticas que la Casa Blanca considera desleales por parte del gigante asiático.

Un giro radical en la política arancelaria

La administración estadounidense ha puesto en marcha desde febrero una batería de medidas que han elevado los aranceles a productos chinos a niveles inéditos:

Estas acciones se han ido modulando con sucesivos decretos ejecutivos, algunos con efecto retroactivo para evitar duplicidad en la aplicación de tasas sobre productos procedentes de terceros países o sobre sectores como el automóvil y el acero.

Impacto inmediato: menos déficit, más presión interna

Los efectos iniciales no se han hecho esperar:

La administración Trump defiende que estas medidas son imprescindibles para forzar una renegociación global del marco comercial con China, argumentando que el desequilibrio crónico constituye “una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y económica” del país.

La respuesta china: firmeza estratégica y presión selectiva

Por su parte, el Gobierno chino no se ha quedado inmóvil. Bajo la batuta de Xi Jinping, Pekín ha respondido con sus propios aumentos arancelarios sobre productos agrícolas e industriales estadounidenses. Además:

A pesar del golpe inicial a algunos exportadores estadounidenses —especialmente agricultores— Xi no muestra prisa por alcanzar un acuerdo rápido. El liderazgo chino confía en la resiliencia de su economía interna y en su capacidad para soportar una guerra comercial prolongada.

Negociaciones abiertas… pero sin compromisos firmes

Durante los últimos meses se han sucedido varias rondas de negociaciones bilaterales con resultados mixtos:

Mientras tanto, ambos gobiernos mantienen abiertas vías discretas para evitar una escalada incontrolada que pueda dañar aún más el comercio global.

Lo que queda por jugar: las cartas fuertes de Xi

Aunque la estrategia arancelaria de Trump le ha permitido apuntarse algunos tantos políticos internos —y reducir parcialmente el déficit bilateral—, China conserva herramientas decisivas:

Esta “guerra fría comercial” pone a prueba no sólo las economías nacionales sino también la arquitectura global del comercio. El desenlace dependerá tanto del pulso político como de la resiliencia empresarial y social a ambos lados del Pacífico.

Perspectivas inmediatas

En los próximos meses, analistas anticipan nuevos movimientos tácticos por ambas partes:

El escenario actual confirma que, aunque Trump haya logrado resultados tangibles con su apuesta dura, la partida está lejos de resolverse. Mientras tanto, millones de trabajadores y consumidores alrededor del mundo siguen pendientes de cada movimiento entre Washington y Pekín, conscientes de que lo que está en juego trasciende las cifras comerciales: se trata del equilibrio económico global para toda una generación.

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