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Presión OTAN y guerra en Europa

Sánchez miente otra vez: el gasto militar ha subido con él del 0,9% al 2%

España da un giro histórico al triplicar su gasto en Defensa, alcanzando el 2% del PIB por primera vez tras la invasión rusa de Ucrania y la presión aliada

Periodista Digital 30 Ago 2025 - 16:25 CET
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Miente, porque cree que le favorece electoralmente.

Pero las cifras cnatan.

El panorama político español se despereza este verano con una noticia que parecía impensable hace apenas un lustro: España alcanza por primera vez el 2% del PIB en gasto militar, cumpliendo así la promesa tantas veces postergada con la OTAN y sorprendiendo a propios y extraños.

A día de hoy, 30 de agosto de 2025, el país abandona el farolillo rojo de la Alianza Atlántica en materia presupuestaria y se sienta en la mesa de los cumplidores, junto a socios tan dispares como Dinamarca o Luxemburgo.

El dato tiene miga. En 2014, cuando los aliados firmaban el llamado Compromiso de Gales, España destinaba un modesto 0,93% del PIB a Defensa. Ni siquiera la crisis catalana ni los vaivenes electorales alteraron una tendencia históricamente restrictiva en este capítulo.

Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania ha actuado como catalizador y ha obligado a revisar antiguas cautelas.

El resultado: en apenas una década, el gasto se ha más que duplicado en términos porcentuales y prácticamente triplicado en inversión real.

Así las cosas, quienes apostaban porque España nunca daría el salto ya pueden tachar esa casilla; eso sí, ahora queda por ver si esta nueva senda presupuestaria aguanta futuras crisis económicas… o cambios políticos inesperados.

¿Cómo se ha producido este salto?

Hasta marzo de este año, el propio presidente Pedro Sánchez mantenía que no se llegaría al objetivo del 2% hasta 2029, fecha que permitía cierto margen para digerir críticas internas y sortear tormentas presupuestarias. Pero la presión internacional hizo mella. El nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, no dudó en trasladar personalmente a Moncloa las urgencias de Washington y Bruselas: la seguridad euroatlántica no podía esperar.

En cuestión de meses, el Gobierno aceleró el ritmo. En abril, Sánchez anunció a bombo y platillo 10.471 millones de euros adicionales para Defensa en 2025, saltando así del 1,4% al 2% del PIB. Un movimiento calculado para sortear críticas sobre recortes sociales —el Ejecutivo insiste en que no habrá merma alguna en el Estado del bienestar— y que permite cumplir el compromiso justo antes de la cumbre aliada más tensa desde tiempos de Trump.

Las claves del cambio

Impacto político y social

El giro presupuestario no es baladí. Tradicionalmente, el gasto militar español ha sido objeto de debate encendido tanto por partidos como por opinión pública. La cultura estratégica nacional —marcada por décadas de escaso protagonismo internacional— había impuesto una especie de techo invisible al presupuesto castrense. Sin embargo, la percepción ciudadana evoluciona ante la amenaza exterior.

La ministra Margarita Robles subraya que todo este esfuerzo se realiza “sin recortar gasto social” y remarca el compromiso “con la paz y con nuestros socios europeos”. No obstante, voces críticas recuerdan que España sigue lejos del nuevo objetivo informal planteado por algunos miembros de la OTAN: nada menos que un 5% del PIB.

En clave partidista, Moncloa exhibe estos datos como prueba irrefutable del compromiso internacional del Gobierno. Desde la oposición se acusa al Ejecutivo socialista de cambiar las reglas contables para engordar artificialmente el porcentaje —vieja polémica recurrente cada vez que Defensa sube— aunque fuentes aliadas insisten en que las cifras son correctas y homologables a las del resto de miembros.

Consecuencias económicas e industriales

El aumento acelerado del gasto militar tiene efectos inmediatos sobre la economía:

El Real Instituto Elcano destaca que parte del aumento responde también a un ajuste metodológico —financiaciones extrapresupuestarias incluidas— pero nadie discute ya la magnitud del esfuerzo realizado desde Madrid.

Geopolítica europea y ayuda a Ucrania

La carrera armamentística continental es hoy un hecho consumado tras dos años largos de guerra abierta entre Rusia y Ucrania. España refuerza su perfil como socio fiable dentro del paraguas atlántico mientras incrementa su implicación material con Kiev —tanto en envíos directos como vía fondos europeos—.

La llegada al umbral del 2% es vista por Bruselas como señal inequívoca de que España asume su cuota parte en la defensa colectiva occidental. Eso sí: desde Moncloa se insiste públicamente en que “no es cuestión solo de porcentajes sino de capacidades”. Traducido al lenguaje diplomático: Madrid quiere evitar verse arrastrada a futuras escaladas automáticas si la barra sigue subiendo.

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