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TRUMP Y SU MIRADA HACIA EL ÁRTICO

¿Sería buen negocio para EEUU comprar Groenlandia como propone Trump?

La isla es valorada en 700.000 millones de dólares por sus recursos estratégicos frente a China y Rusia. Dinamarca y los inuits rechazan la propuesta categóricamente.

Periodista Digital 16 Ene 2026 - 10:37 CET
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Donald Trump vuelve a hacer eco de su intención de comprar Groenlandia, la isla ártica administrada por Dinamarca.

En esta ocasión, la cifra que se maneja asciende a 700.000 millones de dólares, buscando acceder a recursos esenciales y un control estratégico en un Ártico que se encuentra en proceso de deshielo.

Esta propuesta ha generado una serie de tensiones. Mientras Estados Unidos defiende su decisión bajo el argumento de la seguridad nacional, Dinamarca y la población local, en su mayoría inuits, perciben esta oferta como una amenaza directa a su soberanía.

En respuesta, Europa ha comenzado a realizar ejercicios militares conjuntos.

El valor estratégico de Groenlandia

Groenlandia es mucho más que solo hielo. En su subsuelo se encuentran vastas reservas de tierras raras, uranio, petróleo y gas natural. Según estimaciones provenientes de académicos y exfuncionarios, Washington sitúa el valor de la isla en 700.000 millones de dólares.

Las tierras raras representan entre 36 y 42 millones de toneladas de óxidos. Estos recursos son cruciales para sectores como la defensa, las energías renovables, la electrónica y los motores eléctricos. En este sentido, China ejerce un dominio casi absoluto sobre el mercado global, lo que lleva a EE.UU. a buscar una fuente alternativa que le permita romper con esa hegemonía.

El «suelo estratégico» también añade un valor significativo a la propuesta. Este incluye tierras, infraestructuras, puertos y rutas marítimas que han quedado expuestas gracias al deshielo. Algunos análisis sugieren que esto podría sumar otros 200.000 millones al total estimado.

En cuanto al PIB actual de Groenlandia, este es bastante modesto, con una población aproximada de 60.000 habitantes, donde el 90% son inuits. Sin embargo, su potencial futuro en el contexto del Ártico es lo que realmente podría cambiar las reglas del juego. Trump sostiene que sin la supervisión estadounidense, Rusia o China podrían hacerse con el control.

Históricamente hablando, EE.UU. ya intentó adquirir Groenlandia en el pasado; en 1946 ofreció 100 millones en oro por ella. Compras anteriores como las de Alaska o Luisiana resultaron ser inversiones muy rentables para el país norteamericano. Aunque hoy los 700.000 millones representan el 200% del PIB de Dinamarca, muchos lo ven como una inversión estratégica en poder.

Rechazo unánime de Dinamarca y Groenlandia

La respuesta desde Dinamarca ha sido clara: Groenlandia no está en venta. Líderes inuits como Aqqaluk Lynge advierten sobre las consecuencias devastadoras que tendría una invasión: «aniquilaría nuestro pueblo». En una encuesta realizada en 2025, un impresionante 85% de la población mostró su rechazo a cualquier tipo de anexión, cifra que sigue aumentando.

Los inuits prefieren mantener su vínculo con Dinamarca, rechazando cualquier acercamiento hacia EE.UU. Temen el «capitalismo extremo» asociado con Trump, algo que choca frontalmente con su cosmovisión comunitaria y horizontalista. En su cultura no existe la propiedad privada del suelo y comparten los recursos naturales como parte esencial de su identidad: «Un americano no duraría aquí ni un año», sentencia Lynge.

Activistas como Tupaarnaq Kopeck hacen un llamado contundente: «Dejen de decidir sobre nosotros sin nosotros». Desde 2009 buscan avanzar hacia un autogobierno que no contemple a EE.UU., centrándose más bien en sectores como la pesca, el turismo y las energías renovables, dejando atrás la minería masiva.

Por su parte, Trump no se amedrenta: «Lo conseguiremos de una forma u otra». Recientemente publicó en Truth Social que considera vital a Groenlandia para el «Golden Dome», su sistema antimisiles.

Tensiones diplomáticas y militares

La Casa Blanca ha enviado a Marco Rubio y JD Vance para mantener reuniones con representantes daneses y groenlandeses en Washington esta semana. Desde Copenhague se reafirma que la soberanía es innegociable.

Europa también está tomando cartas en el asunto; países como Francia, Alemania, Suecia y Noruega han desplegado tropas en Groenlandia para llevar a cabo ejercicios militares bajo la égida de la OTAN. Dinamarca ha advertido que cualquier ataque podría poner fin a esta alianza estratégica. Además, tanto Canadá como Francia han decidido abrir consulados en la capital groenlandesa, Nuuk.

Mientras tanto, tanto Rusia como China observan desde una distancia prudente; ambos países son conscientes del riesgo que representa una inversión estadounidense en una Groenlandia autónoma.

Aspecto Valor estimado (millones $) Razón estratégica
Tierras raras 36-42 millones de toneladas Alternativa a China en electrónica y defensa
Hidrocarburos (crudo, gas) No cuantificado Reservas aún por confirmar bajo hielo
Suelo y rutas árticas 200.000 Puertos estratégicos y logística comercial tras deshielo
Total propuesto 500.000-700.000 Seguridad nacional frente a rivales

Historia colonial y futuro incierto

Desde 1721, Groenlandia fue colonia danesa y sufrió un proceso conocido como «danización» tras la Segunda Guerra Mundial: desplazamientos forzados, pérdida del idioma inuit e incluso esterilizaciones forzadas son parte del legado histórico que todavía pesa sobre sus habitantes actuales. A pesar del rencor persistente hacia estos episodios oscuros del pasado, Dinamarca acepta su responsabilidad histórica y busca caminos hacia la reconciliación.

Los líderes groenlandeses están interesados en alcanzar autonomía económica mediante sectores como la pesca o el turismo; aunque algunos abogan por una independencia total, también existe temor ante las posibles intromisiones externas.

Para Trump, Groenlandia representa un escudo ártico frente a adversarios estratégicos; desde la perspectiva estadounidense es una apuesta decisiva por el futuro: minerales críticos para diversas industrias junto con rutas comerciales vitales para defensa nacional. Sin embargo, este enfoque tiene un alto coste diplomático; hasta ahora las conversaciones llevadas a cabo en Washington no parecen avanzar significativamente.

El deshielo abre nuevas rutas comerciales pero también plantea serios conflictos geopolíticos; Groenlandia tiene ante sí un vasto territorio —800.000 millas cuadradas— donde decidir su futuro entre los desafíos climáticos y las intrigas políticas mundiales se vuelve cada vez más apremiante. Aunque Trump presiona desde Washington, los inuits siguen firmes defendiendo sus derechos ancestrales frente al embate político contemporáneo.

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