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La bendición urbi et orbi del El País a la nacionalización de Bankia, no es un editorial económico, sino el síntoma de una sociedad desconcertada, indefensa y resignada a aceptar pulpo como animal de compañía.
Incluso el mensajero por excelencia, en términos cuantitativos, transporta a la sociedad una visión ecléctica, cogida por hilos, de «todo lo que los españoles desearían saber sobre Bankia y jamás se atreverán a contárselo». —Una Bankia pública—
Se apagarán las luces esta noche del 10 de mayo de 2012 en España, y en vez de agarrados a un oso de peluche, se dormirán millones de españoles abrazados al espejismo del «banco bueno», de Bankia pública, como un placebo contra la ansiedad que generaba en el personal el globo sonda del «banco malo».
Hace apenas unos días, La Moncloa presentaba síntomas de posesión demoniaca de un banco malo, de un trastero financiero para almacenar activos tóxicos, residuos de ladrillo radioactivos de esos con los que ya no se puede hacer el buen negocio de venderlos por lo que dicen que valen, y resulta un negocio ruinoso intentar deshacerse de ellos por su valor de mercado. Hasta que se subió Emilio Botín a una tribuna, lanzó un exorcismo y expulsó los malos espíritus de la hoja de ruta de Mariano Rajoy.
Rodrigo Rato: el ángel caído
Editorialistas, articulistas, tertulianos y sesudos analistas de la cosa nacional, bombardean estos días a la opinión pública removiendo los polvos que han llevado a Rodrigo Rato a revolcarse en estos lodos. Es posible que no les falte razón. Y de hecho se la concede una parte de la derecha española que lo idolatró como un Dios y le escupe ahora a la cara como suele hacer con los ángeles caídos.
Rato el bueno se ha convertido en 48 horas en Rato el malo. Un nuevo intruso en el club exclusivo de la Banca española ha sido expulsado del paraíso, fulminado como del rayo, con una variante de la estrategia que arrastró a Mario Conde de los cielos a los infiernos.
¿Cómo intentar ser banquero en España y no morir en el intento? Ese sería el título más adecuado para un bet seller escrito a medias entre Rodrigo y Mario, entre Mario y Rodrigo, si no fuera por lo mucho que tiene que callar el ex Presidente del FMI y lo poco que le queda por decir al ex Presidente del Banesto.
Matar varios pájaros de un tiro
El «banco malo» al que quería aferrase Rodrigo Rato como a un salvavidas, era de plomo. En vez de permitirle mantenerse a flote, le ha arrastrado a las oscuras profundidades. Y, con Bankia, se han matado varios pájaros de un tiro.
- -Los tres tenores de la Banca española, Botín, González y Fainé, se han deshecho de Rato por las siglas de los siglos. Ellos, y sólo ellos, quieren ser las voces solistas silenciosas de la sinfonía del nuevo mundo financiero de España
- -Con Goirigolzarri tiene Francisco González asuntos pendientes. Pero ya no puede a ser el comandante de un portaaviones, sino el patrón de una chalupa de pesca de bajura financiera, cuyo armador, de momento, va a ser el Estado
- -Descartado el peligro de un banco malo, el Santander, BBVA y la Caixa se disponen a darse un festín antropofágico. Perro come a perro.
- – La solución Bankia ofrece además la ventaja de dejar al PSOE sin discurso, a Rubalcaba poniéndole pegas a la forma pero desactivado para diseñar ataques de fondo. Su único recurso consiste en balbucear futuribles sobre la devolución con intereses de Bankia a las arcas del Estado
- -Rajoy ni perdona ni olvida. Tiene paciencia galaica para sentarse en la puerta hasta ver pasar los cadáveres de sus enemigos. Rato tuvo delirios sucesorios, esperanzas de llevarse el gato popular al agua y Esperanzas Aguirres. Y ha aprovechado la primera oportunidad para servirse la venganza en plato frío. Se las hicieron pasar moradas en su calvario hacia el Congreso de Valencia. Pero irán rodando cabezas una tras otra.
Hay una historia financiera detrás del tsunami de Bankia. Una guerra de bandas que ha pillado en medio a Rajoy y De Guindos y, a MAFO a la expectativa, para ponerse a la cola de la ventanilla de los vencedores. Pero también hay una guerra política que ha dejado a Esperanza Aguirre, la voz que sigue clamando en el desierto, compuesta y sin Rato. Un poco más sola que ayer pero menos que mañana.
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