Como subraya P. Allendesalazar en ‘El Periódico de Catalunya’ este 6 de enero de 2019, en apenas un año, los verbos que acompañan a la palabra crisis han pasado a conjugarse en futuro en lugar de en pasado.
El 2018 marcó el pico de la recuperación de la economía mundial tras la Gran Recesión y tanto las previsiones como los indicadores apuntan a una desaceleración en el 2019 y los siguientes ejercicios.
El fantasma de una futura recesión que desde mediados del año pasado atormenta a los inversores va ganando peso en su ánimo y su duda ya no es tanto si volverán los problemas sino cuándo y cómo de graves serán.
El mundo entró en el 2018 con un inusual crecimiento sincronizado de las grandes potencias favorecido por las políticas expansivas de los bancos centrales.
A partir de la primavera, sin embargo, se produjo una brusca corrección de los mercados, no por la situación presente sino por su temor a que el ciclo de bonanza estuviera durando demasiado. Los problemas afectaron primero a las economías emergentes, posteriormente a Europa y China, y a finales del ejercicio también a Estados Unidos.
«Nos desplazamos desde una expansión sincronizada a una desaceleración asimétrica», resume el departamento de análisis de Bankinter.
Tanto el Fondo Monetario Internacional como la OCDE han rebajado sus previsiones de crecimiento mundial para este ejercicio y el siguiente.
Siguen pronosticando crecimiento (3,7% y 3,5%, respectivamente), pero «se avecinan tormentas», como advirtió el FMI.
«Creemos que la economía mundial ha pasado su pico de crecimiento del ciclo, el apoyo de los bancos centrales continúa reduciéndose y los riesgos políticos son grandes en todos los países».
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