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FUNDADA EN EL SIGLO X

El pueblo medieval más bonito para una escapada en invierno

Ofrece un patrimonio histórico intacto, cultura del vino y un paisaje que invita a bajar el ritmo, con el invierno potenciando su esencia más íntima y evocadora

José Antonio González Gómez 03 Mar 2026 - 08:56 CET
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Murallas intactas, bodegas centenarias y un mar de viñedos que se pierde en el horizonte. Con apenas 1.500 habitantes, Laguardia es uno de los mejores destinos rurales para viajar en invierno.

Es el único municipio vasco en la lista de ‘Los pueblos más bonitos de España’. En un momento en el que los viajeros buscan experiencias auténticas, lejos de la masificación y con identidad propia, esta villa medieval de la Rioja Alavesa ofrece un patrimonio histórico intacto, cultura del vino y un paisaje que invita a bajar el ritmo, con el invierno potenciando su esencia más íntima y evocadora.

Laguardia, una villa medieval que ha sobrevivido al paso del tiempo

Fundada en el siglo X como plaza fuerte del Reino de Navarra, Laguardia nació con una función estratégica: defender la frontera. Esa condición marcó su trazado urbano, que aún hoy conserva murallas, torreones y un entramado de calles estrechas que mantienen la estructura original medieval.

Caminar por su casco histórico es como viajar a otra época. Casas señoriales de piedra, portones centenarios y plazas recogidas dibujan un escenario que ha sabido mantenerse al margen de transformaciones agresivas. Entre sus edificios más emblemáticos destaca la Casa de la Primicia, del siglo XIV, uno de los inmuebles civiles más antiguos del País Vasco y símbolo del peso histórico del vino en la economía local.

Un mundo subterráneo que convierte al invierno en la mejor época para visitarlo

Bajo las calles empedradas de Laguardia se esconde una ciudad paralela: más de 200 calados o bodegas subterráneas conectan el subsuelo, excavadas a lo largo de siglos para almacenar y elaborar vino en condiciones naturales óptimas. En invierno, mantienen un ambiente templado y acogedor, con humedad constante y aroma a roble que hacen de la visita una experiencia sensorial. El vino ha marcado la historia, la economía y la arquitectura del municipio.

A esta dimensión subterránea se suma un hallazgo arqueológico excepcional: un estanque de la Edad de Hierro con capacidad para 300.000 litros de agua, descubierto en los años noventa. En las cercanías hay dólmenes como la Chabola de la Hechicera, que muestran que este enclave fue considerado territorio sagrado mucho antes del auge vitivinícola.

Dos iglesias fortificadas que explican su carácter histórico

El perfil de Laguardia está dominado por dos templos monumentales que reflejan su pasado defensivo y religioso. La Iglesia de Santa María de los Reyes conserva uno de los pórticos policromados mejor conservados del norte de España, protegido durante siglos por un muro que mantuvo intactos sus colores.

A pocos pasos, la Iglesia de San Juan Bautista, concebida como templo-fortaleza, combina estilos románico, gótico y neoclásico, evidenciando las distintas etapas constructivas del municipio; su portada sur y la sacristía, hoy museo, muestran la importancia histórica y cultural del municipio.

Vino, arquitectura y paisaje: la esencia de la Rioja Alavesa

Rodeada por un mar de viñedos que cambia de tonalidad según la estación, Laguardia es uno de los corazones de la cultura del Rioja. En invierno, el paisaje adquiere una estética sobria y elegante que realza la silueta amurallada del pueblo.

En la comarca se encuentran bodegas centenarias junto a proyectos de arquitectura contemporánea que han situado a esta localidad de Álava en el mapa internacional del enoturismo. Esta combinación de patrimonio histórico, excelencia enogastronómica y entorno natural convierte al municipio en una opción perfecta para una escapada de fin de semana durante los meses más fríos.

El mirador de El Collao: la panorámica que explica su encanto

Uno de los paseos imprescindibles lleva a la atalaya de El Collao, un mirador natural desde el que se contemplan los viñedos, la Sierra de Cantabria y el perfil de Laguardia sobre el paisaje. En invierno, la luz rasante y el aire limpio intensifican su belleza, invitando a detenerse y disfrutar del entorno sin prisas ni aglomeraciones, demostrando que esta época del año no es temporada baja, sino el momento perfecto para descubrir un pueblo medieval en su versión más auténtica.

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