Cuando me presentaron a Jason, le pregunté de dónde era. Me dijo que de Colombia, pero insistí: ¿de dónde en Colombia? Me contestó algo sorprendente: “De Pereira”. No podía creer esa casualidad. Acababa yo de hojear el libro “Sabores Colombianos”, que me dedicó su autor en la fiesta que dio mi ciclomotor con motivo de su segundo aniversario, y me comentaba éste, el periodista Alberto Gómez Font, que había vivido en Colombia, y más concretamente en Pereira, ciudad en un valle entre los Andes a 1.140 metros de altura, en el centro del país, desde 1958 a 1966. Le dije a Jason que le enseñaría alguna vez el libro, para probarle que a pesar de la curiosa coincidencia, tenía yo noticias frescas de Pereira, su tierra.
El libro de Alberto, “Sabores Colombianos” es una apasionante aventura por ese país, vivida por él mismo en su infancia y primera juventud, una sucesión de recuerdos de olores y sabores, toda una recuperación de la memoria gastronómica de un chico nacido en Barcelona y que por los avatares del destino se crió en esta localidad, tan lejana vista desde España. “A la busca del sabor perdido”, evocando a Proust, podría ser el slogan del libro, que no se trata, como el mismo autor confiesa, de un libro de recetas de cocina (aunque “haberlas háylas”, recolectadas sucintamente al final), sino de una obra literaria basada en esos recuerdos en los que se entrelazan la procedencia española con la vida en la ciudad colombiana, e incluso con alguna incursión a la cocina marroquí, país éste que también ocupa parte del corazón de Alberto Gómez Font. 
De hecho el pasado mes de mayo celebramos en Tánger su 50º aniversario, un nutrido grupo de amigos, venidos de muy diversas procedencias. Quien esté interesado puede curiosear las fotos de aquél día memorable, iniciado con un dry martini en el jardín del hotel, y culminado en una excelsa cena tangerina a dos pasos de la playa de esta ciudad, que sigue siendo tan bella y llena de evocaciones literarias y españolas.
Alberto es actualmente coordinador general de la Fundéu (Fundación del Español Urgente), y su docto conocimiento del castellano se deja ver con facilidad en las páginas del libro, de amena lectura e ilustrado con muchas fotografías y documentos que van realizando un friso de toda una época. El inicio en sí ya es pura emoción, con una carta de su padre llena de ternura y lucidez, que nos acerca a la primera aventura, la visita a la isla de San Andrés, en el Caribe. La sucesión de relatos mantiene al lector interesado hasta la última página, y también con ganas de probar los platos: el ceviche de camarones, los patacones, la ternera a la llanera, la mazamorra.
El otro día, Lina, la cocinera colombiana del restaurante R con H, preparó unas arepas en la barbacoa que estábamos haciendo en la sierra y me vino a la memoria el libro, que había estado leyendo este verano, y que quiero ahora compartir con ustedes, lectores de ambos lados del Atlántico. Seguro que lo disfrutarán.
Sabores Colombianos, Ediciones Trea, S.L. Se puede comprar por Internet en diversas librerías, fáciles de localizar mediante el buscador Google.
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