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Una proposición indecente

Juan Luis Recio 17 Abr 2006 - 20:06 CET
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La disyuntiva planteada por el millonario que encarna Robert Redford en “Una proposición indecente”, película que igual recuerdan, se acompaña con un Buda, cóctel también plagado de dudas, y que dudo que lo recuerden con tanta claridad como la película. Recordemos, pues.

“Aquí tiene su Buda”, dice la camarera, poniendo sobre la mesa el cóctel de estilo tiki que había solicitado el abogado y amigo de Woody Harrelson en la película “Una proposición indecente” de Adrian Lyne.

Woody acaba de incorporarse a la mesa del bar polinesio donde le esperaba el abogado, tras haberse despedido de su amada esposa, a quien ha dejado en las garras de Robert Redford, un caprichoso millonario que les ha ofrecido un millón de dólares por pasar una noche con la chica, papel interpretado por Demi Moore.

Estos son los ingredientes básicos de un triángulo amoroso aderezado por los intereses económicos que se muestran en esta cinta, tan entretenida como interesante en el desarrollo de la trama. A fin de cuentas, versa sobre uno de los grandes temas que se tratan en todo tipo de obras, el amor, y la irrupción del interés económico en este contexto. A raiz de esta primera copa en el bar polinesio, Woody se apunta a la bebida, y seguirá empinando el codo con asiduidad tras los acontecimientos en los que desemboca el malvado intercambio comercial.

La sombra de la duda. Sin caer en desvelar las claves de la película, fijémonos en el cóctel, el Buda, un cóctel tropical, pretendidamente polinesio, que utiliza un nombre religioso oriental y que evoca también una ciudad europea, una de las dos ciudades (o casi tres) que conforman la capital húngara, Budapest.

Algo muy habitual en este tipo de combinaciones, que cuentan con muchos aficionados por su exotismo, el uso de variados zumos de frutas y los toques mágicos o rituales con los que se asocia. A fin de cuentas, la confusión está en la raiz de los propios cócteles tiki, empezando por el nombre, ya que “tiki”, en la cultura maorí, es el primer hombre, o el creador del primer hombre. O, según otras interpretaciones, la fuerza sexual del dios que creó a la primera mujer. También es el nombre de las esculturas maoríes con formas humanas, muchas de ellas con misteriosas connotaciones. De hecho, estos cócteles suelen servirse en jarras de cerámica con formas que evocan a estas esculturas.

O a la de Buda, como en este caso, en una confusión cultural que es muy propia de los norteamericanos medios. ¿Será porque hay una dieta conocida como “dieta del Buda”, que dice estar inspirada en la alimentación de los monjes budistas y que incluye las fresas, igual que en este cóctel, junto con el más clásico arroz integral? ¿O deberá el nombre de Buda, al exotismo de los zíngaros de Hungría, y a las bebidas de este país europeo que siguen siendo aquí grandes desconocidas? Una ocasión, en cualquier caso, de profundizar en la oferta alcohólica húngara, y de saborear cócteles con frutas del bosque, que además de gratificantes aportan vitaminas y saludables nutrientes.

Apostando en Las Vegas. A fin de cuentas, el duelo entre el amor y el dinero que se cuenta en la película, realizada por Lyne en 1993, se desarrolla en Las Vegas, donde pueden contemplarse las obras más esplendorosas de la imaginación más calenturienta, todo un mundo de fantasía en el que la mezcolanza – a fin de cuentas la coctelería es el arte de la combinatoria – está a la orden del día. Hagamos, pues, nuestra personal apuesta sobre el desenlace de la pugna entre el amor y el dinero, mientras mejoramos nuestra salud con los nutrientes de las frutas del bosque, en un cóctel de origen dudoso pero de eficaz resultado como el Buda que hoy nos ocupa.

LAS MEZCLAS DEL BOSQUE.

· Buda: en coctelera con hielo troceado vierta una copa de vodka, el zumo de una naranja, el zumo de tres o cuatro fresas previamente licuadas y una cucharadita de azúcar (o jarabe). Agitar con fuerza, colar y servir en una copa amplia con un poquito de hielo troceado. Adornar con media rodaja de naranja y alguna fresa en el borde. Servir con pajita.

o También se puede utilizar un vodka previamente aromatizado con fresas (strawberry vodka).

· Wood Sparkling: en una batidora licuar unas cuantas frutas del bosque variadas (fresas, frambuesas, grosellas, cerezas) con un poquito de hielo troceado. Filtrar con ayuda de un colador, presionando la pulpa para extraer el máximo de líquido. Verter dos cucharadas en una copa flauta y completar con champán o cava bien frío.

LAS BEBIDAS DE BUDA.

Una visita a Buda nos dará ocasión de probar algunas de las ofertas alcohólicas húngaras, que empiezan a conocerse en España y que lo harán más a raiz de la próxima entrada de este país en la Unión Europea:

· Vino de Tokaji: compitiendo con Sauternes y nuestro Moscatel, este vino dulce, considerado como “el vino de los zares” ha irrumpido ya en las cartas de muchos restaurantes. Procede principalmente de uvas sobremaduradas, atacadas por la “noble podredumbre” y las mejores botellas pueden tener un precio desorbitado, siendo habitual la presentación en botellas de medio litro. Según la cantidad de esta uva de que disponga, el valor es mayor: lo sabrá por el número de “puttonyos” que tenga (hasta seis), que deben figurar en el etiquetado.

· Unicum: licor amargo, tipo bitter, obtenido de una mezcla de hierbas y raíces inventada por Zwack en 1790. “Esto es único”, dijo el Káiser José II cuando lo probó por primera vez. La receta, secreta, sigue siendo producida por la familia Zwack según la fórmula original. A destacar el bouquet exótico de un licor que pasa seis meses en contacto con el roble.

· Pálinka: aguardiente húngaro de las grandes llanuras, especialmente de la región de Kecskemet donde es elaborado a partir de la destilación de albaricoques (barack pálinka). También se hace de cerezas (cseresznye) y de ciruelas (szilva), que suele ser el más apreciado.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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