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¿Para hombres viriles o para ancianitas saludables?

Juan Luis Recio 25 Jul 2007 - 15:32 CET
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Una ya viejecita Gloria Swanson hace como que tropieza con un grupo de señores que beben en el bar del aeropuerto, poco antes de embarcar en el fatídico viaje cuyo trascurso es el motivo de la conocida película de Jack Smight Aeropuerto 75, última intervención en pantalla de la tan conocida actriz, que se representa aquí a ella misma: a una actriz famosa y en su senectud, llamada precisamente Gloria Swanson. Para compensarla por el hábilmente provocado encontronazo, los señores, algo bebidos, le ofrecen una copa. “Un bourbon con hielo”, pide la estrella, para añadir al instante: “bueno, tomaré también un poco de cerveza”. (Al final les cuento otra bonita historia sobre un bourbon, una cerveza y algo más).

¿El aperitivo de los hombres viriles? Un bourbon y una cerveza, un Boilermaker toma así, cada bebida en su vaso, la Swanson, quien se permitirá luego decir a la azafata, al poco de despegar, que ella no quiere beber nada, que ha traído “su propio refresco”, mostrando una petaca sobre cuyo contenido poca duda cabe: más bourbon, con el que aliviar las penalidades aún no vislumbradas de un vuelo realmente accidentado.

Mientras que su acompañante y biógrafa pide un clásico Martini, unas filas más atrás, otra anciana señora solicita también un bourbon y una cerveza, vaciando la botellita de Jack Daniels en la blanca lata de rubio líquido, justo cuando una avioneta se ha estrellado sobre el morro del avión dejando fuera de combate a toda la tripulación.

“¿Sabe cómo se llama eso?”, le comenta el pasajero situado al otro lado del pasillo. “El aperitivo de los hombres viriles”. La anciana señora le mira impasible y escéptica, pensando que aunque algunos hombres quieran torpemente demostrar su virilidad a través de un consumo exagerado de alcohol, más bien suelen así quedar en ridículo. ¿No será más bien ésta una bebida para ancianitas saludables que no quieren perder ripio de nada, incluso en medio de una catástrofe aérea? Como esta apacible señora que bebe con pasmosa tranquilidad su Submarino, simulando que el peligro le es ajeno, mientras su marido la contempla entre aterrorizado e incrédulo.

Navegando por la cerveza. Un bourbon camuflado dentro de una cerveza, o un tequila, o una copa de vodka… muchas variantes para esa combinación, popularmente conocida como submarino y que se suele consumir introduciendo contenido y continente (la copa de chupito llena de nuestro alcohol preferido, para entendernos) en una jarra de cerveza bien fría. Conseguimos así que el alcohol se inmiscuya en la espuma, como un submarino navegando por la cerveza, y dando forma final a un trago muy contundente, pero discreto, un modo sumergido de beber un alcohol potente, sin llamar la atención, que ya se utilizaba en épocas de prohibición alcohólica y que es especialmente popular en las tierras mejicanas. Esconder el alcohol en una relativamente inocente cerveza, que hasta, paradojas de la vida, para subrayar la aparente inocencia, ¡puede ser cerveza sin alcohol!

FÓRMULAS SUBMARINAS.

· Submarino: sobre una jarra de cerveza recién tirada deje caer un chupito de tequila, u otra bebida alcohólica de su gusto. Hágalo con suavidad, observando cómo el submarino encalla en el fondo del vaso. Tanto el contenido como el continente deben estar previamente enfriados. Beba con moderación, ya que estas combinaciones se suben fácilmente a la cabeza.

· The Boilermaker: es tradicional en el mundo anglosajón tomar a la vez un chupito de whisky y una pinta de cerveza, pero en recipientes separados. Es costumbre beber el chupito de un solo trago, pero si prefiere, como le aconsejo, beber de modo sosegado y quedar muy elegante, elija un whisky irlandés y una pinta (o media) de cerveza negra.

· Black Velvet: más elegante todavía: vierta en una jarra, con mucho cuidado y a la vez, para que no produzca efervescencia, cava y cerveza negra a partes iguales. Dicen que se inventó en el Brook´s London Club en 1861, ofreciéndose una negra bebida ante el dolor por la muerte del príncipe Alberto.

· Submarino Ruso: es un submarino con vodka, y que se puede hacer la gracia de introducir humo de un cigarrillo en el vaso de chupito, pudiéndose conseguir un submarino con chimenea. Pero es mejor no fumar.

· Submarino Amarillo: en coctelera con hielo vierta un medio de ron, un cuarto de Cointreau, un cuarto de zumo de limón, unas gotas de Galliano o Chartreause amarillo y un chorrito de jarabe de azúcar (a una cucharadita de azúcar). Agitar, colar y servir en copa de cóctel o en vaso bajo con hielo.

UN BOURBON, UN ESCOCÉS, UNA CERVEZA.

En una noche del 20 al 21 del primer junio del siglo XXI, justo en el umbral del verano, moría en la bahía de San Francisco el que fue, para muchos aficionados, el más grande cantante de blues de la historia, John Lee Hooker, quien hizo un uso magistral del verso libre en canciones en las que usaba muy pocos acordes, cantadas como mantras, con el mero soporte de una guitarra y un pedal. Una de estas canciones, de 1966, se titulaba Un bourbon, un escocés, una cerveza, y muestra la forma propuesta por el autor para olvidarse de la mujer a la que hace días que no ve.

Con insistencia pide al barman que le sirve las tres bebidas juntas, una y otra vez, hasta que el barman le dice que ya son las tres de la mañana y que no se sirve más, pero Hooker insiste en que le sirva de nuevo la triple ronda de “ese jugo”, porque quiere emborracharse de verdad. Hooker hubiera cumplido el próximo 22 de agosto 90 años.

Por cierto, muchas felicidades a los Santiagos, Yagos, Jaimes y Jaimochos.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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