«Lo más importante es el ritmo. Siempre hay que tener un ritmo al hacer cada cóctel. Por ejemplo, un Manhattan se hace a ritmo de fox-trot”, explicaba William Powell, en el papel del detective Nick Charles, a un grupo de propietarios de bares. Esto sucede en The thin man (la cena de los acusados) , la película de 1934 que inicia una serie basada en la novela homónima de Dashiell Hammett. Para entonces, el Manhattan ya era un cóctel tremendamente popular y frecuentemente requerido, tanto en las películas como en la vida real norteamericana.
Como pasa con casi todos los grandes cócteles, el Manhattan tiene un origen confuso. La referencia más lejana, cronológicamente, remite como inventora nada menos que a Lady Jennie Churchill, madre de Sir Winston Churchill (quien por cierto era habitual consumidor de Dry Martinis, los cuales deben hacerse a ritmo de vals, en la opinión del citado detective Nick). Lady Churchill parece que utilizó este cóctel hacia 1870 con motivo de la fiesta celebrada en el Manhattan Club de Nueva York tras la elección de William Tilden como Gobernador del Estado. En 1882 se publica por primera vez la receta, con dos vermuts, que algunos atribuyen al barman Herman Miller, del restaurante “Delmónico”, quien hacía este cóctel sin hielo.
Toda esta profusión de datos ha conferido al Manhattan un carácter mítico, como la isla que le da nombre, y le ha convertido en una referencia constante en el cine y la literatura del siglo XX. Desde estas primeras fórmulas, el Manhattan ha evolucionado considerablemente, y lo sigue haciendo en la actualidad, igual que el ritmo de la música con la que puede elaborarse. Déjese llevar por sus preferencias personales en cuanto a la música se refiere, pero no pierda la ocasión de saborear esta equilibrada combinación que le irá transportando a lo largo de nuestra reciente historia y hacia una ciudad que se ha constituido en el emblema del siglo que ahora finaliza. Yo personalmente creo que el Manhattan con ritmo de drum&bass combina perfectamente, sobre todo si pincha D.J. Doc Manhattan. 
En la película de Wilder, Con faldas y a lo loco, Marilyn propone a Lemmon en la litera del tren que les traslada de Chicago a Miami hacer un Manhattan con el bourbon que tiene Lemmon y el vermut que pide a otra de las músicas del coro. Lo hacen, al principio sin hielo, en una bolsa de agua caliente, de la que luego sigue bebiendo Marilyn en el hotel Seminola Ritz de Miami. Luego Marilyn consigue un trozo de hielo grande y hace trocitos en el baño del vagón, Marilyn se queja de que siempre le toca el bombón sin licor, lo que viene a ser un curioso preludio (¿o algo más?) de Forrest Gump?).
¡Ah!, ¿que quieren saber cómo se hace? Pues la fórmula clásica es ésta: en un vaso mezclador con hielo (hay quien lo hace en coctelera como se ve en la foto), vierta 2/3 de whisky canadiense (o bourbon o rye, whisky de centeno), 1/3 de vermut rojo y dos gotas de angostura. Cuélelo en una copa de cóctel adornada con una cereza al marrasquino.
Pero este cóctel ha sido objeto de innumerables variantes. Mañana se las cuento, junto con otras curiosidades de interés.
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