Para evitar el veneno y de paso recordar al pintor Francis Bacon, de quien se presenta una importante exposición en breve en Madrid, se les brinda hoy la oportunidad de disfrutar de un agradable y rosa combinado de suave whiskey irlandés.
Las mujeres afganas en contra del “apartheid sexual” en su país, suelen recordar la fecha del 28 de abril de 1992 por ser cuando los talibanes tomaron el poder en Kabul, después de derrocar al régimen pro-soviético de Afganistán. Por ello, conmemoran esta fecha como el Día Negro y han organizado durante estos casi últimos años manifestaciones y actos de protesta en Pakistán y ahora claro también en la propia ciudad de Kabul. A pesar de la importancia de este hecho, algunos recordamos también esta fecha por otro negro acontecimiento: el fallecimiento en Madrid del pintor irlandés Francis Bacon, creador de un universo propio y profundamente original, cuya vida y obra se rememora en la película británica de John Maybury “El amor es el demonio”.
Muñecas sangrantes. Desde la botella de Dom Perignon que se agita en una de las primeras escenas, pasando por las copas distorsionadas que rememoran el estilo pictórico de Bacon, en las continuas escenas rodadas en bares, la película es un periplo, a la vez de por la pintura y sus relaciones afectivas, por el mundo de alcohol en el que estuvo inmerso con frecuencia el afamado pintor irlandés. “Bebida para mis amigos y veneno para mis enemigos”, bromea en algún momento, y en otro sugiere que le hagan en su bañera un cóctel con “agua caliente, ginebra y muñecas sangrantes”.
“Un cóctel por Francis Bacon”, pensé, al enterarme de su fallecimiento. Así que ese día, al finalizar mi jornada laboral, me dirigí en un taxi, ya con la idea de la fórmula del cóctel en la cabeza, directamente a “En el Salón”, local que rememora una canción del grupo psicodélico “Buenas Vibraciones”, donde solía yo esporádicamente servir cócteles como hobby. Acudía allí tanto llevado por mi afición a la coctelería como por que me otorgaba la ocasión de saludar a los múltiples amigos y conocidos que venían de visita a probar las novedades que les solíamos sugerir. 
Ese día la oferta fue muy especial, pues recordábamos a Francis Bacon, el pintor irlandés de la Escuela de Londres que acababa de morir en Madrid. Un pintor que con su perturbador arte figurativo siempre nos había cautivado. Para evitar el veneno que desea Bacon para sus enemigos y compartir con él una amistosa bebida, nada mejor que recordar sus raíces irlandesas, a través de un suave whisky irlandés, con una gotas de angostura, en homenaje a las sangrantes muñecas que el pintor sugiere, y completar con un festivo vermut de color rosa, que nos aleje de los tintes más siniestros de los que gustaba el artista. Una variante del clásico Manhattan, que, al más puro estilo “English breakfast” quedó bautizado como “Bacon con huevo”, al sustituir la tradicional guinda roja por un huevo de codorniz cocido y en continuo movimiento dentro de la copa.
Si quieren saber la fórmula exacta, trucos de elaboración e información sobre el whiskey irlandés y su historia, mañana tendrán todo ello en este mismo sitio.
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