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Demencia, un proyecto bodeguero con empuje

Juan Luis Recio 05 Feb 2012 - 15:12 CET
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Puede que sea una locura, pero ellos lo han conseguido. Como ellos mismos cuentan, «comenzamos nuestro proyecto en 2006 con muy poquita producción. En nuestra idea de elaboración está siempre la fermentación y maceración de volúmenes pequeños, lo que limita mucho nuestra capacidad de crecimiento; el hecho de hacer todo a mano, de manera artesanal también imposibilita una mayor dimensión. Nuestra añada 2006 fue la primera, tan sólo elaboramos 1.924 botellas». Quien así habla está claro que lo hace desde el cariño a la tierra y al vino, y desde el respeto a un producto artesanal necesitado de los mayores mimos para que crezca y se desarrolle en su plenitud, que es lo que Demencia viene persiguiendo desde entonces.

Porque, como ellos mismos siguen contando, y les hablo de Demencia, claro, «es un proyecto que va creciendo, pero poco a poco, de manera sostenida. En la añada 2007 ampliamos un poquito la producción, continuando con la misma filosofía y manera de trabajar y nuestra última añada 2008. Tan sólo hemos hecho 6.336 botellas».

Y claro, este empuje y este amor por su trabajo y su producto final, el buen vino, tiene sus reecompensas, y también su premio, como el que recientemente han ganado, la segunda posición en la valoración como mejor tinto del año en España en la página web de Verema. Que como no podía ser de otro modo, les estimula y las da nuevbo empuje, porque, como ellos dicen, «para nosotros, la valoración de la crítica y el público es un estímulo más para seguir adelante en un mundo tan competitivo, en un momento tan complicado, y con unos recursos y un proyecto tan humilde».

Pero para conocer mejor lo que hacen, nada como hablar de su obra, en este caso, del Demencia 2008. Para su elaboración se seleccionaron 25 parcelas de mencía en el Bierzo, en los parajes de Matadeprada, Valdelaliebre, Valdemanteiga y Villegas, buscando suelos de composición franca con tendencia arenosa, orientaciones a naciente en ligera pendiente, y un cepaje de elevada edad.

Se vendimió manualmente en la segunda quincena de septiembre, haciéndose la vinificación en depósitos de acero inoxidable, la fermentación alcohólica duró doce días y se crió durante 13 meses en barricas de roble francés; durante los primeros 6 meses el vino se mantuvo con una selección de lías finas realizándose frecuentes “battonages”. El vino no se pasa por
equipo de microfiltración, ni recibe tratamientos estabilizantes. Su graduación alchólica es de 15% del volumen.
Y este producto es el que saca adelante Nacho León, con el título, divertido y realista de Demencia de Autor, con el sueño de obtener un gran vino, apoyándose en su forma de entender el viñedo, su suelo y las uvas de la variedad autóctona mencía. Una elaboración artesanal, una cuidadosa crianza y un consumo tradicional asociado a una cultura pero, sin dejar de lado las últimas tendencias y respondiendo a los cambios de manera rápida y personal.

Pero van aún más allá, declarando que su misión es crear un proyecto sostenible, capaz de aportar valor a la uva y permitiendo, además, mantener y recuperar los viñedos heredando su mejor potencial. Su visión es crecer y poder construir una bodega especialmente diseñada para
desarrollar un trabajo artesanal que sea referencia en vinos de alta calidad en el Bierzo.

La palabra Demencia está relacionada con lo inverosímil, un pequeño desorden mental, pero cargado de ingenio y brillantez, y quieren que su vino esté hecho de algo de esto. El nombre también responde a un juego de palabras basado en la materia prima con la que está hecho el vino: la uva de variedad mencía.

Un proyecto joven, creado y desarrollado por gente joven, que tienen una cosa en común: les
gusta el vino con locura. Y, con Demencia y con mencía se han planteado un proyecto ambicioso y algo idealista, eligiendo pequeñas parcelas, con cepas muy viejas, y el suelo con unas
características muy especiales, sobre todo por su composición, muy arenosa, y su inclinación.
Esas peculiaridades han llevado a que, las plantas, tras años de cultivo, se hayan adaptado a
las características de este pequeño reducto natural. En todo caso, nos dicen, «debe haber algo en estas pequeñas parcelas que nosotros no podemos explicar y nos transmite unas sensaciones especialmente reconfortantes. Durante el año, pasamos muchas horas y largos días en el viñedo; haciendo poda en verde, observando la sanidad y estado de la planta del suelo, de la vegetación que se desarrolla alrededor, y, a veces, tan solo vamos a pasar un buen rato.
Nos gustaría poder llevar una parte de nuestro pequeño terreno en cada botella, creemos
que, el vino, es la mejor manera de contarlo». Como ven, lo cuentan muy bien, pero lo hacen todavía mejor. Hay que conocerlos. Y probar su vino, naturalmente (y nunca mejor dicho).

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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